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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
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¿Qué es el Sionismo Cristiano?

 


Al hablar de sionismo cristiano, no hacemos referencia a una religión en particular ni una rama nueva de ideología cristiana. Es también conocida como teología sionista, una línea de pensamiento, una influencia interpretativa que ha llegado a introducirse en muchas iglesias de signo pentecostal evangelista y que aunque no es nueva, ha tomado un fuerza mayor en nuestros tiempos. 

En realidad surgió en el siglo XIX de la mano del clérigo irlandés John Nelson Darby, quien fundara el movimiento conocido como “Los hermanos de Plymouth” que enseñaron el arrebatamiento secreto, como un suceso que ocurrirá antes de lo que el la biblia llama la Gran Tribulación, él entendía, entre otras cosas, que ese rapto de los cristianos sería para unirse con Cristo en el Reino, luego de siete años de tribulación y devastación, volverían con Cristo cuando el bajara literalmente como rey sobre Sion, gobernando dese allí la tierra por mil años. Y aquí es donde entra una idea que ha sido conocida como “Dispensación” que señala que Dios ha empleado diferentes medios de administración de sus planes en distintos periodos de tiempo o épocas y lugares. Además de una interpretación extremadamente literal de algunas profecías bíblicas relacionadas con la restauración de Israel.  Con esto trataba de armonizar las promesas de restauración de Israel y las promesas hechas a Abraham sobre la bendición de sus descendientes, con la salvación de los cristianos, como formas de salvación paralelas. Ya no se trata de etapas o caminos, o como entendían algunos milenaristas, sino como salvaciones separadas, pero que serían al mismo tiempo. 

                                                            John Nelson Darby

Palabras como las escritas por Pablo a los Romanos cuando dice: Parte de Israel se ha hecho insensible, y así permanecerá hasta que haya entrado la totalidad de los gentiles.  De esta manera todo Israel será salvo, como está escrito: «El redentor vendrá de Sión y apartará de Jacob las prácticas irreverentes. Y este será mi pacto con ellos cuando perdone sus pecados». (Romanos 11:25-27)

Eso dio lugar a que se pensara que Israel sería perdonado y debería ser restablecido en su tierra a finales de los tiempos, y tal como profetizaba el Apocalípsis 21 cuando una nueva Jerusalén se restablecería sobre Sion y desde allí se gobernaría toda la tierra. Desde entonces, muchos milenaristas primero, luego otras iglesias, tanto en Inglaterra, como en EEUU se adhirieron a la idea de que esto debía suceder, el restablecimiento de Israel como nación sería la señal de los tiempos. 

En esta línea de pensamiento, los Cristadelfienses, iglesia fundada por John Thomas en 1850 fueron pioneros en la defensa de la idea del restablecimiento del Reino de Israel, aunque unificaba a los cristianos con aquellos al compartir que el Reino instituido en Sion será para dirigir a toda la tierra, sin independizar a judíos de gentiles. Diferente a eso es lo que enseñan los evangelistas pentecostales, quienes afirman que la salvación de los judíos es por la promesa de restauración de su nación y los cristianos la obtienen por la gracia salvadora de Cristo. A finales de siglo XIX, surgieron los cristianos mesianicos, una rama del cristianismo que surgió dentro del judaísmo tardío, que aunque comparten ideas sobre Israel con la línea de pensamiento de los sionistas, estos reniegan del protestantismo, hoy día también han cobrado fuerza entre los gitanos de diferentes países, enseñando que la raza gitana proviene de las tribus perdidas de Israel y que por ello son escogidos. 

Pero muchos consideran al metodista William Blackstone como el padre del sionismo  activo, y efectivamente destacó como un notable activista en pro de la nación de Israel. Tanto es así que en 1887 formó parte de la misión Hebrea de Chicago, siendo su director hasta 1891. Su idea de la dispensación lo hacían pensar que todas las menciones sobre Israel en el Nuevo Testamento hacían referencia al pueblo judío y por ello simpatizaba con ellos, incluso conferenciaba en grupos o asociaciones judías norteamericanas. La idea primigenia de la Misión hebrea no era convertir a los judíos al cristianismo, sino crear un hermanamiento entre religiones, pues según opinaba él, compartían parte de las escrituras y debían entenderse. Ese mismo año escribió al presidente de EEUU, Benjamin Harrison una solicitud a modo de panfleto titulado: "Palestina para los judíos". A esta petición se unieron grandes personalidades del momento. Incluso viajó a Palestina, en 1888 y se entrevistó con la pequeña comunidad judía allí, con el fin de estimular a la creación de una nación Israelita. Tal fue su lucha, que en Israel le ha puesto su nombre a un bosque en su memoria.

      Otro punto de inflexión en el dispensacionalismo fue la producción de la Biblia anotada de Scofield, publicada primeramente en 1909 y tras una posterior edición en 1917 contenía comentarios, incluso una cronología completa de la historia, que concluía que la tierra fue formada en el año 4004. En muchos casos las anotaciones realizadas por Scofield y sus colaboradores estaban relacionadas con las dispensaciones y la aplicación de profecías al pueblo judío, en este caso hacía referencia a siete periodos o dispensaciones divinas que quedan reflejadas a través de pactos y promesas. El mismo autor, Cyrus I. Scofield se sintió como un profeta, cuando en 1917  Inglaterra se hizo cargo de Palestina, con la idea de establecer un territorio para Israel, y aplaudió la idea pensando que era parte del plan de Dios. 

La idea de la dispensación fue compartida por diferentes movimientos distantes del protestantismo, incluso los Testigos de Jehová durante sus primeros años entendían que Israel natural tendría un papel central en el cumplimiento de algunas profecías de restablecimiento. Si bien, el mismo Russell aceptó el dispensacionalismo desde muy temprano en 1886 cuando escribió "El plan divino de las edades", eso si, distaba de las ideas de otros pensadores como Scofield o Blackstone, y aunque hablaba de tres principales edades y siete dispensaciones, además solapaba la edad judaica con la del evangelio al incluirla en una segunda dispensación que acabaría con el inicio de los 1000 años del Reino, sin embargo, entendía que la dispensación a los judíos solo fue una sombra que anunciaba la del evangelio o de los cristianos. En esa misma línea publicaron un libro titulado “Consuelo para los judios” en 1925 donde hablaron sobre las profecías y el restablecimiento de Israel en Palestina, coincidente con el final de los tiempos de las naciones, mencionadas por Jesús, pero no como el camino de salvación para los cristianos, sino al contrario, como una oportunidad para que los judíos aceptaran a Criso y fueran perdonados. Aunque si vieron una relación de la profecía de Jeremías 31:31-34 donde se hablaba de un nuevo pacto, con Israel y el nuevo pacto que Jesús celebró con sus apóstoles. Sin embargo, los testigos renegaron de dar apoyo a la idea de un restablecimiento profético de Israel actual en los años 30 y revisaron sus ideas con respecto a la salvación de Israel y al uso del nombre Israel en un tono más alegórico y simbólico, siendo entendido como Israel espiritual. Los adventistas, también muy interesados en el tema profético y aplicando aún ciertos preceptos de la ley judía, no han abrazado la teología sionista pues entienden que el viejo pacto, en ese asunto está derogado. La iglesia Católica, que ha sido más bien beligerante contra el pueblo judío durante siglos, tampoco se postula a favor de la dispensación. No ocurrió lo mismo entre los pentecostales, que poco a poco fueron abrazando la teología sionista hasta niveles más activos, sirviéndose de la política para forzar el cumplimiento ese fin.

Desde inicios del siglo XX, se dio inicio en Inglaterra, un movimiento en pro del establecimiento de Israel en su tierra prometida, por ello el gobierno tomó medidas a fin de que esto se efectuara, y la iglesia anglicana y protestante presionaron en ese sentido. Por otro lado, el holocausto judío en Alemania, provocó el efecto contrario al que se pretendía, más que destruir a los judíos logró congregarlos en su tierra, así en 1948 se estableció en Palestina, aunque no sin problemas. Eso despertó en varias iglesias, esa idea de cumplimiento de profecías relacionadas con el pueblo judío. Pero no solo eso, la cuestión más importante de esta influencia dentro del protestantismo moderno, es que creen abiertamente en la idea de que Israel debe ser establecido plenamente, sin importar que se use la fuerza o la guerra, con tal de conseguirlo y eso antes de que venga el fin y llegue la segunda venida de Cristo, que según exponen será en Sion, literal. 

Una de las interpretaciones más llamativas de la teología sionista es la que tiene que ver con Apocalipsis 21: 1-4  donde dice: Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues ya el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi también que la ciudad santa, la nueva Jerusalén, bajaba del cielo, donde vive Dios. La ciudad parecía una novia vestida para su boda, lista para encontrarse con su novio. Y oí que del trono salía una fuerte voz que decía: «Aquí es donde Dios vive con su pueblo. Dios vivirá con ellos, y ellos serán suyos para siempre. En efecto, Dios mismo será su único Dios. Él secará sus lágrimas, y no morirán jamás. Tampoco volverán a llorar, ni a lamentarse, ni sentirán ningún dolor, porque lo que antes existía ha dejado de existir.»

Según entiende la teología sionista, aquí se describe lo que ellos esperan, la bajada del Reino en la Nueva Jerusalén sobre el monte Sion. A decir verdad, es una interpretación forzada de este texto, pues siendo literales, deberíamos entender entonces que este planeta no tiene futuro, pues dice que dejará de existir el viejo mundo y será reemplazado por otro, de hecho, así lo entienden algunos. Luego al hablar de la Nueva Jerusalén sería difícil, por la descripción que mas adelante da, sobre el inmenso tamaño de dicha ciudad, que difícilmente se pueda establecer en una superficie como el monte Sion, y ni siquiera cabría en todo Israel, veamos lo que dice sobre sus dimensiones; Así que, por medio del espíritu, me llevó a una montaña grande y alta, y me mostró la santa ciudad de Jerusalén, que bajaba del cielo, desde donde está Dios, (…) El que hablaba conmigo tenía un instrumento de medir, una caña de oro, para medir la ciudad, las puertas y la muralla. El trazado de la ciudad era cuadrado, medía lo mismo de ancho que de largo. Él midió la ciudad con la caña: 12.000 estadios; su longitud, anchura y altura eran iguales (Apocalipsis 21:10,15 y 16)

Centrémonos en las dimensiones de esta ciudad, si calculamos cuanto mide un estadio, nos da unos 185 metros, lo que significaría que 12.000 estadios se acercaría a 2.220.000m o 2.220km. Si tenemos en cuenta un país como España que tiene unos 1000km de sur a norte, esto es mas del doble, si tal como allí dice cada lado en una forma cuadrada, tiene esa distancia, tendríamos un área por tanto de 4.928.000 km², es decir como España y Francia juntas y parte de Alemania, en definitiva, la mitad de Europa y por supuesto sobrepasando por mucho el tamaño de Israel en sus mejores tiempos.

Es por tanto, inútil interpretar que aquella profecía sea literal, y en cualquier caso, no se puede referir a la pequeña ciudad de Jerusalén. Pero al igual que el sionismo judío, las iglesias que predican la teología del sionismo, obvian estos detalles y siguen esperando el arrebatamiento que sucederá tras la restauración de Israel y antes del fin del mundo. 


  Recientemente, el tema se ha politizado y las iglesias evangélicas en América Latina y en Nortemérica, que se han determinando a apoyar políticas que defienden a Israel, se vio cuando en 2017 EEUU reconoció reconocer a Jerusalén como capital de Israel, trasladando la embajada a esa ciudad, también se ha visto en el caso de la guerra en Gaza, a pesar de convertirse en un genocidio, las iglesias protestantes de América no han levantado la voz para defender a las víctimas, incluso algunos líderes han defendido la actuación de Israel como parte de su protección frente a enemigos hostiles. Y durante la cruenta guerra de Israel y EEUU contra Irán iniciada en febrero del 2026, se pudo ver como un grupo de pastores pentecostales, evangélicos y de la iglesia de la prosperidad rodeaban al presidente de EEUU y oraban con él y por él, una imagen que dio la vuelta al mundo y produjo cierta controversia en muchos periodistas y analistas en Europa, que no entendían bien la guerra y menos esta actitud pro-belicista de la mayoría de iglesias protestantes de América. Realmente no se entiende ese apoyo que en casi todos los países latinoamericanos están dando muchas iglesias pentecostales y de la Prosperidad a la causa judía, apoyando a Israel en su lucha contra Gaza y ahora en esta nueva aventura belicista de Israel contra Irán, y que está devastando a otro país con una gran minoría cristiana, como es el Líbano.  

El 7 de febrero del 2025 el mismo presidente de Estados Unidos, Donald Trump firmó la orden ejecutiva para establecer una oficina religiosa un tanto peculiar, llamada “Oficina de la fe de la Casa Blanca” que sustituía a la anterior oficina para asuntos religiosos y vecinales que estableciera el presidente Bush en 2001. Dicha oficina, restablecida con un nuevo propósito fue dirigida por la tele-evangelista Paula Withe, líder de la iglesia internacional Sin Muros, un movimiento que ha derivado hacia el estilo de iglesias de la prosperidad. Ella ha sido su pastora personal de Trump desde principios de siglo XXI.  Y ya había apoyado a Trump en su campaña electoral y en el inicio de su mandato, haciendo de asesora espiritual. Es defensora de la teología sionista y del arrebatamiento relacionado con el establecimiento del estado de Israel, por ello ese entusiasmo porque Trump e Israel triunfen y destruyan a todos los enemigos de Israel. 

También en esa línea salía una rueda de prensa del secretario de defensa de EEUU, que la inició orando, recitando palabras del Salmo 144:1 ¡Bendito sea el señor, mi roca, quien adiestra mis manos para la batalla, y mis dedos para la guerra!  Hay que reconocer que esas palabras de David, mencionadas en otros salmos, hacen alusión a la ayuda recibida por el rey de Israel cuando afrontaba los peligros de ataques de naciones vecinas hostiles, como Filisteos, amonitas, moabitas y otros. El caso es que no hacía referencia a atacar a los enemigos, sino como ayudaba en su defensa ante estos. Como tampoco se encuentran en la biblia profecías contra Persia, a quienes Israel debe mucho, pues gracias a ellos pudo volver a su tierra prometida y cumplir algunas profecías de restauración. Pero muchos pastores del llamado sionismo cristiano utilizan este tipo de textos y otros para apoyar la lucha armada frente al enemigo. Resulta chocante ese partidismo político, esa toma de postura radical de estas iglesias, máxime cuando Israel se está radicalizando y poniendo obstáculos a la libertad religiosa en su propio territorio. 

       Por otro lado, los propósitos del sionismo puro es crear el Gran Israel, o lo que ellos llaman Eretz Israel, que abarca lo que según dicen se le prometió a Abraham en el Pentateuco, que sus descendientes obtendrían la tierra que va desde el río Nilo hasta el gran río Éufrates, lo que incluye parte de Egipto, toda Palestina, y Líbano, parte de Siria y de Iraq, toda Jordania y gran parte de Arabia. ¿Pero dice eso realmente la Biblia? bueno, al parecer esta es la promesa realizada a Abraham: En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates; la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, los heteos, los ferezeos, los refaítas, los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos. (Gén 15:18-21)

        Claro, que es muy posible que la interpretación de estas palabras no sean correctas, primero porque no deja claro que la expresión río de Egipto haga referencia al Nilo, sino más bien podría referirse a un arroyo estacional en el noroeste de la península de Sinaí. Por otro lado, no debemos olvidar que los descendientes de Abraham no fueron solo los israelitas, sino también muchas tribus árabes a través de la descendencia de su otro hijo, Ismael, aparte de otros descendientes de Esaú, el hermano de Jacob, que también tenía presencia en la zona, por tanto, bien pudiera referirse que toda la zona antes mencionada iba a ser poblada por descendientes de Abraham, pero no necesariamente solo por los israelitas, sino de árabes, edomitas, madianitas y amonitas. Eso deja claro que las pretensiones sionistas van más allá de sus propias escrituras. 

       Por otro lado, los intereses económicos priman en todo esto, ya los han dejado caer Trump y Netanyahu, que no es otra que crear una especie de Resort en la costa de Gaza y que abarca la costa de Israel y parte del sur del Líbano, creando un gran estado de Israel desde la frontera con Jordania hasta la costa y desde Egipto hasta Siria, dejando Cisjordania y Gaza como colonias de trabajadores en sus resorts, prometiendoles eso si, una mejor vida que ahora, y sin los enemigos de Irán o del sur del Líbano. Esa es la razón de la guerra contra Irán y hizbulá, la misma que está arrasando el Líbano y ya arrasó la franja de Gaza, establecer una paz interesadamente económica en toda la zona, arrastrando al mundo hacia una guerra que quieren que sea apoyada por todos, como si Dios estuviera con ellos y su plan. 

Así, nos encontramos ante un deriva peligrosa y posiblemente equivocada de las iglesias pentecostales, que apoyan esta idea del Gran Israel, para formar el reino prometido, como parte de un plan divino, pero olvidan las palabras de Jesús; mi Reino no es parte de este mundo. 





Los Treinta años de silencio en el cristianismo del siglo I

 

Los treinta años de silencio del siglo I


                                                     Clemente de Roma, puente entre dos siglos

            Hay una época que abarca casi tres décadas en las que apenas tenemos datos coherentes o registros históricos que muestren lo que pasó en el cristianismo. El libro de Hechos de los Apóstoles parece acabar de manera abrupta, con Lucas junto a un Pablo en semilibertad, pero sin señalar su muerte, ni relatando que fue de los ayudantes de este, como Timoteo, Tito, Silas, (Silvano) o Marcos, los cuales bien pudieron estar entre los aspirantes al relevo apostólico. Si bien, por las últimas cartas de Pablo y Pedro, sabemos que Tito acabó en Dalmacia, a Silvano se le sitúa con Pedro en Babilonia, Timoteo dirigiendo las congregaciones de Éfeso, aunque posiblemente visitase a Pablo en sus últimos momentos. Hasta el año 62, Pablo había conseguido un buen juicio por parte del Cesar Nerón, quizás este decidió indultarle aconsejado por Séneca, con el cual, según algunas tradiciones, mientras en Roma, Pablo tuvo cierta comunicación, como parte de su defensa. Existen unas cartas que supuestamente corroboran esa comunicación entre Pablo y séneca, aunque no son dignas de tener en cuenta, según la mayoría de los expertos.

Pablo, en el año 65 escribió desde Roma una última carta a Timoteo, y en su parte final escribe una especie de despedida, alude a como tuvo un primer juicio del que salió triunfante, pero parecía comprender que le esperaba algo peor, pues habla de sus cadenas de prisión y de su pronta liberación, pero en el sentido de un final de su vida en la tierra. Menciona también que en ese momento Lucas le acompaña, habla de algunos traidores. Quizás Lucas corriera la misma suerte que Pablo, un final abrupto y por eso el libro de los Hechos quedó allí. Pero en las escrituras no podemos ir más allá de esto. Incluso si vamos a los hechos apócrifos existentes, relacionados con otros apóstoles o cristianos de la época, todos acaban con el martirio de estos, ya sea Pedro, Mateo, Andrés, Santiago Alfeo, Judas Tadeo. Todos parecen haber muerto en diferentes lugares, pero sin llegar más allá del año 65.

Y es que el tiempo pasaba, y la línea apostólica natural se agotaba, elementos claves del cristianismo, como Pedro, Santiago y Pablo ya no estaban para el año 70, se habla entonces de años silenciados a estas tres décadas que trascurren, desde el año 65 cuando Pablo y Pedro mueren, Juan es exiliado a Patmos y otros cristianos prominentes dispersados a oriente, hasta el año 95. Apenas tenemos información sobre lo que hicieron los cristianos de Judea y Jerusalén. A través de Eusebio se conocen algunos detalles aislados, como que Juan, durante la destrucción de Jerusalén se encontraba en Asia, donde permaneció por seguridad, pero que poco después fue exiliado a la isla de Patmos, alejando de los círculos de influencia y control. Mientras que la mayoría de los cristianos de Judea y alrededores de Jerusalén se establecieron, ya desde el año 66 en la ciudad de Pela, en la Decápolis oriental más allá del Jordán. Se desconoce, sin embargo, quienes lideraron la congregación cristiana y desde donde, desde  Roma no podía ser, pues era muy peligrosa la situación de los cristianos después del año 64, con Nerón culpando a estos del incendio de la ciudad.

                              Arco de tito en Roma conmemorando la destrucción de Jerusalén en el 70EC

Lo que sí queda claro es que, una vez desmantelada la revuelta judía y destruida la ciudad de Jerusalén, sede principal del judaísmo y del cristianismo inicial, esta ya no volvió a ostentar ese privilegio, aunque realmente dejó de serlo desde poco antes de esa destrucción. De hecho, durante décadas Jerusalén solo fue un montón de escombros arrasados, hasta tal grado, que comenta el historiador Josefo que nada quedó en ella que pudiese persuadir al visitante de que aquello había sido alguna vez habitado, así permaneció, según parece hasta el año 135, es posible que algunas pequeñas chabolas o casuchas se mantuvieran durante ese tiempo, con los pocos sobrevivientes del saqueo, pero no había cristianos entre estos. Según cuenta Eusebio, un descendiente de Santiago Alfeo, conocido como Simón hijo de Clopas lideró el cristianismo de la zona de Judea hasta bien entrado el siglo II, pero no hay indicación que lo hiciera desde las ruinas de Jerusalén.

Aunque no se pone en duda que otros ocuparían los puestos dejados por los apóstoles muertos, ya que al parecer había una sucesión apostólica o de gobierno. Eso sí, lejos estaba la idea de un poder de liderazgo en una sola persona, eso no cabía en la mente de los primeros cristianos, para quienes tampoco podía existir la idea de idolatrar o mostrar veneración a humanos, por muy prominentes o claves que pudieran ser en el cristianismo. Además, la mayoría de los primeros discípulos debía tener entre setenta y ochenta años para ese entonces.

            Durante la segunda mitad del primer siglo, el cristianismo ya era un movimiento internacional, ahora bien, si su principal zona de influencia, no estaba en Roma, ni ninguna ciudad de occidente, y si después del 66, tampoco era Jerusalén, ¿Desde dónde se dirigía la iglesia? Por la misma razón que descartamos Jerusalén, lo hacemos con alguna ciudad de Judea, de Galilea, ni ninguna ciudad cercana a estas regiones, tampoco desde Pela se conocen cartas o documentos que indiquen la idea de que la sede apostólica se mudase allí. Algunos pequeños detalles parecen indicar que, durante un tiempo, fue más bien la zona norte de Palestina, sobre todo Antioquía de Siria, la que llegó a ser ciudad clave en el cristianismo de la época, y decimos esto a tenor de ciertos datos anteriores. Por ejemplo, durante el ministerio de Pablo esa ciudad era la base desde donde iniciaba este sus diferentes viajes misionales, lo cual indica su importancia. De hecho, desde casi el principio aquella ciudad cobró cierta importancia, pues fue allí, alrededor del año 40, donde se decidió adoptar el nombre de “cristianos” nombre que concordaba más con su sentido y dejaron de ser llamados “El Camino”, eso significó que no permitieron que el nombre se lo pusieran otros, sino escogido por “providencia divina”, posiblemente en un concilio local. Antioquía de Siria tenía otra ventaja, allí los cristianos no sufrieron por las turbas de judíos fanáticos, como en otros lugares, además no sufrió las consecuencias de las guerras judías y se mantuvo como un punto clave hasta finalizar el siglo.

                                            Antioquía de Siria en el siglo I

El aumento era mayor también en occidente y poco a poco pasando a Europa, el cristianismo iba tomando poder, pero no en el sentido de posición gubernamental, sino por su número. En el Apocalipsis de Juan el consejo a las congregaciones incluye a un semicírculo de congregaciones de Asia menor, la actual Turquía, que iba desde Éfeso hasta Laodicea, pero no se mencionan como centro del gobierno de la iglesia de esa segunda mitad del siglo I, ni tampoco que fuera Patmos, desde donde se lanzó el mensaje.

El imperio romano, muy influido todavía por el paganismo, poco a poco empezó a ver a los cristianos ya no como una minoritaria secta judía inofensiva, sino como una plaga creciente, por ello trataba de ponerle freno, con duras persecuciones, sobre todo en Roma y sus alrededores, desde la mitad de la década de los 60. En julio del año 64 Roma fue incendiada, poco después se culpó a los cristianos de dicha catástrofe, dando inicio a una terrible persecución que se llevó consigo a Pablo, un año y medio después. Aunque era más difícil frenar a los cristianos en los extremos del imperio, de allí que en aquellos lugares el crecimiento del cristianismo fuese mayor. En el caso de Pedro, si bien las tradiciones afirman que fue a Roma y que murió martirizado allí, es posible que se trate de una interpretación errónea. Es más, en una de sus cartas escritas para la zona de Asia, Capadocia y Bitinia, manda saludos desde Babilonia. Aun así, los argumentos para afirmar que estuvo en Roma son cuatro:

1)     Según algunos, Babilonia era el nombre simbólico con el que los cristianos se referían a Roma, por eso explican que cuando el envejecido apóstol Juan mencionó el juicio a Babilonia la grande se refería a Roma.

2)     Por otro lado, como Pablo en el año 64 solicitó que se enviara a Marcos con algunos rollos y pergaminos para ayudarle en Roma, eso podía significar que Marcos estaba en Roma y ya que Pedro en su carta afirma que este estaba con él, eso sería prueba de que Pedro estaba en Roma.

3)     En el apócrifo libro de Hechos de Pablo y Pedro se dice que ambos estuvieron en un juicio ante Nerón por culpa de Simón el mago y que Eusebio en su historia eclesiástica III, cita de este mismo Simón como un enemigo y opositor a los cristianos y que fue enfrentado por Padro en Roma.

4)     Tertuliano reconoce al martirio de Pedro y Pablo al hacer referencia a Roma, como dando a entender que fueron martirizados allí.

Como refutación a argumentos, decir en primer lugar, que, para ese tiempo aún no se utilizaban simbolismos o nombres encubiertos para referirse a lugares, Pablo hablaba de Roma, incluso en su última carta sin utilizar símbolos clave, menciona que un cristiano llamado Onesíforo lo buscó allí en Roma hasta que lo encontró para fortalecerlo. En realidad, esa costumbre de camuflar nombres o hacer referencia simbólica se adoptó ya a finales del siglo I, cuando arreciaban las persecuciones en todo el imperio. El apóstol Juan la utilizó al referirse a la congregación como señora escogida o la hermana y sus hijos o en vez de utilizar el término hermanos, menciona los amigos. Pero en lo que respecta al nombre Babilonia, no hay pruebas que indiquen que se hacía referencia a Roma, pues se la menciona como una prostituta en sentido religioso montada sobre las naciones y no hay explicación cercana que indicara que Pedro al mencionar el lugar desde donde escribió su primera carta fuera un nombre simbólico. Por otro lado, las citas de Tertuliano se basan en una interpretación errónea de las palabras de Ignacio de Antioquía, quien nunca afirmó directamente que Pedro dirigiera la iglesia de Roma y muriera allí como mártir. Clemente de Roma, tan solo mencionó que Pedro viajó de este a oeste, lo cual no significa necesariamente que acabara sus días en Roma.

Además, había una especie de pacto entre Pedro y Pablo para dividirse el territorio, en la carta a los Gálatas, menciona que, así como a Pedro se le dio el privilegio de un apostolado para los circuncisos, al Pablo se le dio para los incircuncisos, por eso es de dudar que Pedro hay ido a evangelizar Roma, sabiendo que Pablo estaba allí. También es muy posible que Pedro estuviera en la pequeña ciudad construida cerca de las ruinas de la antigua Babilonia, muy lejos de la conflictiva zona de Judea, que para ese entonces estaba en plena revolución judía con amenazas de intervención romana, eso explicaría por qué no huyó a Pela, junto con los demás cristianos, porque al igual que Juan y otros apóstoles se habían alejado del peligro tiempo antes, ya no estaban en Jerusalén ni en Judea, no es entendible que expusiera su vida viajando a Roma en tiempos de Claudio, pues él expulsó a los judíos de Roma, ni en tiempos de Nerón quien había arrestado a Pablo. La posibilidad de que Pedro estuviese en la zona de Babilonia real, quizás la seleucida que Alejandro pretendió reconstruir, pero que no dejó de ser una pequeña ciudad donde aún se mantenía una pequeña comunidad judía cabe en lo posible. En su carta menciona a los cristianos de Asia, es verdad que hace referencia a Silvano y efectivamente a Marcos, pero no hace mención de otros datos que ayuden a sacar una conclusión clara. Lo que si es evidente es que al igual que Pablo se despidiera en una de sus cartas, Pero hizo lo suyo en su segunda carta, enviados supuestamente a los mismos receptores que la primera, en la que afirma que será desposeído de su tabernáculo, haciendo referencia al fin de su vida terrestre, esto era el año 65. Por otro lado, el libro de Hechos de Pedro, donde se da a entender que fue martirizado en Roma no es considerado un texto confiable, el mismo Eusebio lo expone como un libelo no creíble, por tanto, aunque hace referencia a hechos y personajes mencionados por otros historiadores cristianos, no es digno de tener en cuenta en este asunto.

            Para las décadas 70, 80 y 90 y conforme el cristianismo iba creciendo y aumentando en regiones remotas donde ya no se alimentaba solo de judíos conversos, entonces aparecieron miembros prominentes entre los gentiles que tomarían el relevo de los primeros. Pero teniendo en cuenta que los cristianos más veteranos eran originalmente judíos, tuvo que pasar tiempo para que eso sucediera. De hecho, el estilo y los métodos de organización original se mantuvieron hasta bien entrado el siglo II, se nota por el lenguaje de la Didaché y otros escritos de la época. Pero también crecieron las facciones rebeldes que trajeron divisiones que a la postre llevaron a la ruptura de ese cristianismo cohesionado. Se cree que, en Pela, refugio de muchos cristianos de la destruida Jerusalén y zona de Judea, se dio impulso a un movimiento rebelde, los judaizantes más extremistas, los ebionitas, eso indica el grado de descabezamiento de las congregaciones netamente judías.  

            Vamos a pasar ahora a mencionar unas pequeñas aclaraciones sobre personajes de esta época, que según el historiador Eusebio tomaron las riendas de la iglesia. El apóstol Pablo cita a un tal Lino en su carta a Roma, algunos, entre ellos Eusebio, afirman que este, tras la muerte de Santiago, Pablo y Pedro fue escogido como sucesor de estos. Pero en realidad solo se sabe que un cristiano llamado Lino se le dio la autoridad episcopal de Roma, además, se duda que fuera el mismo al que citó Pablo y tampoco aquello significaba liderazgo de la iglesia en general. También el apóstol menciona a Hermas en sus saludos en la carta a Roma. Algunos afirman que este Hermas fue el autor del libro El pastor de Hermas, un libro de gran importancia en el siglo II pues se considera como una constitución de leyes, normas y costumbres cristianas aplicadas desde antaño. Pero el hecho es que ese libro no aparece hasta muy avanzado el siglo II, siendo citado por Ireneo, Clemente de Alejandría, Orígenes y Tertuliano, pero no así por otros maestros anteriores, ni siquiera Clemente de Roma que sería uno de sus contemporáneos hace referencia a dicho escrito. Luego tenemos a Dionisio el Areopagita, un juez de Atenas que se hizo cristiano cuando escuchó a Pablo en el Areopago, según cierta tradición este hombre llevó a cabo una destacada obra en Atenas y dirigió la obra de aquella zona, aunque se tiende a confundir con otro personaje llamado igual, que fue un místico sirio del siglo IV, que nada tiene que ver, y los escritos atribuidos a Dionisio el Areopaguita no pertenecen al de Atenas sino al otro.

Otro asunto importante a tener en cuenta es que era muy posible que para esa época ya se habrían terminado de redactar al menos dos de los evangelios, el de Mateo es más que probable y el de Lucas también, solo que, dado el carácter personal que este tuvo en un inicio, recordemos que iba dirigido a un converso llamado Téofilo, al igual que el libro de los Hechos, no fue hasta décadas más tarde que ambas obras no tuvieron una circulación mayor. Eso deja al evangelio de Mateo y las listas de dichos y hechos como los principales medios de información sobre Jesús. Marcos tuvo que llevar a cabo su evangelio en los primeros años sesenta, posiblemente desde Babilonia cuando estuvo con Pedro y quizás lo finalizase en Roma, pues sabemos que visitó a Pablo junto con Timoteo y se llevaron varios pergaminos y rollos con ellos, posiblemente entre otros alguna copia de Mateo.

                                   La didache, primera constitución de normas cristianas

Hacia el año 70 se cree que se difundió un texto de normas y principios, a modo de constitución cristiana, la Didaché o Doctrina de los apóstoles, no se conoce el autor o los autores, pues da la impresión de haberse utilizado varios copistas para su elaboración, lo que nos hace pensar que quizás fuera un tratado para los iniciados, a fin de mostrarles las normas a seguir. Dentro de su contenido se detectan citas al evangelio de Mateo, lo cual corrobora que para ese tiempo dicho evangelio era una obra bien conocida. El lenguaje utilizado indica que quizás fuese preparado por y para cristianos nuevos, se cree que se originó en la zona de Siria, el hecho de que se recurra al término “cristianos”, puede hacer pensar que se escribiera en Antioquía de Siria, y si no se cita de esta obra en ninguna carta apostólica, es posible que fuera posterior a estas. Sin embargo, si encontramos alguna cita a las cartas apostólicas en ella, por eso necesariamente debe ser fechada con posterioridad al año 70. En este tratado se observa un lenguaje sencillo, muy diferente al de obras del siglo II, todavía con muchas reminiscencias al Antiguo Testamento, citas de Isaias y otros profetas, ninguna referencia a la divinidad de Jesús, se da importancia a los ayunos, se habla del bautismo sumergiendo en agua, como preferente, se estipulan rezos y diferentes liturgias sencillas, como la Cena del Señor, donde se estipula la participación solo para bautizados. Se habla de la identificación de los enviados itinerantes y cómo recibirlos e identificarlos como verdaderos o falsos y sobre el nombramiento de Ancianos y diaconos, en esto último podemos encontrar algunas reminiscencias a lo expuesto por Pablo en la carta a Timoteo o Tito, cuando dice: Elegid, pues, ancianos y diaconos dignos de Señor, varones mansos, indiferentes al dinero, veraces y probados (Didaché XV,1) También encontramos otro detalle común a Pablo cuando habla de los cristianos que eran esclavos: En cuanto a vosotros, esclavos, someteos a vuestros amos con temor y humildad, como si fueran la imagen de Dios (Didaché IV, 11) Encontramos una idea equivalente en la carta de Pablo a Tito. ¿A dónde nos lleva todo esto? A que de alguna manera o la Didaché cita a Pablo o los conceptos estaban estipulados a nivel interno, y tanto Pablo como la Didaché los exponían como algo común.

Además, se cree que circulaba por ese tiempo la Epístola de Bernabé, un extenso tratado a modo de carta, pero sin ser dirigida a ninguna congregación o ciudad en particular. Con un lenguaje elegante, pero en tono más de disertación, quizás originalmente se tratase de un discurso u homilía que transformó en carta a las congregaciones. En cualquier caso, se asigna a Bernabé porque así apareció titulado en la colección de manuscritos entre los que se encontró. No se menciona nombre alguno, ni en la introducción, ni en la conclusión, ni saludos hacia quienes fuera dirigida. Además, el contenido señala su antigüedad, pues parecía no conocer todos los evangelios, de nuevo solo cita al de Mateo, esto además queda corroborado por una mención en un texto escrito en Chipre, llamado “Viajes y martirio de Bernabé” fechado en el siglo V, en el que menciona que mientras estuvo en Chipre con Juan Marcos, Bernabé recibió el evangelio escrito por Mateo. No cita de las cartas apostólicas, pero si lo hace del Antiguo Testamento y de algunos escritos esenios incluso del libro de Enoc, como lo hiciera Judas, el hermano de Santiago. También intentó dar explicación a las visiones del profeta Daniel sobre la bestia de 10 cuernos. Las varias citas a hechos o palabras de Jesús provienen todas del evangelio de Mateo, como los detalles de que estando en el madero le intentaron dar vino mezclado con hiel, también destaca la que hace de Mateo 22:12, la frase de Jesús “muchos son los invitados, pero pocos los escogidos”, que solo recoge este evangelista. En su escrito hace referencia a la abolición de la circuncisión para los cristianos que se decretó en el año 49. Cita de un misterioso texto del siglo I llamado el Apocalipsis de Esdras (conocido también como 4º de Esdras), donde menciona el tiempo de penitencia de las almas de los justos esperando en la muerte a la próxima resurrección. Habla también de la importancia del bautismo al decir: Dichosos los que, puesta su esperanza en el madero, descienden al agua, porque a su debido tiempo obtendrán la recompensa (Ep Bernabé XI,8), haciendo una interpretación alegórica del Salmo 1:3-6 para aplicarlo al bautismo en inmersión. 


Para situar en el tiempo este escrito, podemos remitirnos a unas palabras en las que parece hablar de la reciente destrucción del templo y la promesa de una reconstrucción por parte de los romanos, veamos como lo expresa: Mirad que los que destruyeron el Templo son los que lo van a levantar. Eso está sucediendo, mientras ellos (los judíos) hacían la guerra los enemigos lo destruyeron; y ahora los súbditos de los enemigos lo van a levantar de nuevo (Ep Bernabé XVI, 3-5) Aquí encontramos la primera mención en presente de la destrucción de Jerusalén y su templo por parte de un cristiano, esto indica que este escrito fue realizado entre el año 70 y como muy tarde, antes de la llegada de la última rebelión judía en el 136. Las escasas citas de las cartas o evangelios lo acercan más al 70 que más tarde, aunque hay muchas dudas de que fuera Bernabé, por el hecho de que hable de los judíos en tercera persona, aunque para ser sinceros, Pablo también lo hace en ocasiones.

Para finalizar este breve estudio sobre esta época de silencio histórico, centrémonos en Clemente de Roma que fue uno de los primeros occidentales en sobresalir dentro del cristianismo, según Orígenes (siglo III), sirvió junto con Pablo en sus últimos años en Filipos. También Ireneo de Lyon, (siglo II) lo menciona en sus escritos, cómo contemporáneo tardío de los apóstoles, quizás haciendo referencia a Pablo y Juan. Según una cita conocida por Eusebio, Pablo lo menciona en una de sus cartas como compañero de fatigas, (Filipenses 4:3), aunque algunos ponen en duda que se refiera al mismo Clemente. Vamos a aceptar que fuese este Clemente al que saludó Pablo en su carta, aunque eso llevaría a que cuando este escribiera su carta tendría más de 70 años, claro que eso encajaría con las muchas citas que se hacen en sus cartas a los escritos de Pablo. Lo que si queda claro es que, de alguna manera, la labor de Clemente se suscribió principalmente al ámbito occidental, siendo Grecia la zona de mayor calado de su trabajo. De hecho, escribió una carta a los Corintios alrededor del año 95, que se conserva, aunque no fue aceptada como parte del canon de la Biblia. No obstante, su carta al igual que otros escritos de la época, circuló entre los cristianos y era leída en todas las congregaciones, y curiosamente apareció, junto con la Didaché, la encíclica de Bernabé y otros escritos fechados en la parte final del siglo I, por eso es de gran valor para conocer el cristianismo de esas décadas de silencio.

Parece que la costumbre común en aquellos tiempos en los que el papiro era de difícil adquisición fue pasarse las cartas de congregación en congregación. Es la principal razón del desgaste de aquellos primeros escritos y la desaparición de los originales. El mismo apóstol Pablo animó a leer a los colosenses una misiva enviada a los de Laodicea, aunque de esta última poco se sabe, circula un supuesto fragmento atribuido a Pablo, pero no llegó a ser parte del canon bíblico. El hecho de que Clemente de Roma, escribiera una carta a los corintios significa que jugaba un papel importante en la iglesia, aunque no necesariamente como se entiende hoy por líder o Papa de la iglesia, como algunos pretenden indicar, ni mucho menos, es más, en esa carta habla de los apóstoles en tercera persona, sin incluirse él en esa posición. Esto contrasta con la actitud de Pablo, que no ocultó, ni por parte de él ni de Bernabé, que eran apóstoles a las naciones. Teniendo en cuenta que el título de apóstol era lo más alto en aquellos tiempos, está claro que Clemente, aun siendo un cristiano prominente no entraba en la categoría de Pedro, Pablo o Juan.

Desde hacía años se había denunciado a los llamados falsos apóstoles, que no eran otros que aquellos que pensaban que por sus años de experiencia o por su veteranía, deberían sobresalir y lo hacían indebidamente buscando poder y dominio sobre los demás, Pablo condenó esta actitud, (2 Corintios 11:12-14). El apóstol Juan en el Apocalipsis al dirigir unas palabras a la congregación de Éfeso se refiere a estos como los que dicen ser apóstoles, pero no lo son y los relaciona con los seguidores de un sectario llamado Nicolás; al parecer los nicolaítas, mencionados dos veces en los consejos a las congregaciones, también son mencionados por Eusebio, junto con los seguidores de Simón el mago, aquel que quiso comprar los secretos de los milagros y, que fue rechazado por Pedro, según parece, se hizo opositor al cristianismo, si bien en el libro de los Hechos no habla nada de esto. En cualquier caso, estos personajes tuvieron cierta influencia en Asia menor durante esos años y fueron señalados y advertidos, así se evitaban brotes de herejía en las congregaciones. El brote de falsos apóstoles que pretendían liderar el cristianismo se estaba iniciando, aprovechando el hueco dejado por grandes pesos pesados de la talla de Pedro, Pablo o Santiago, mientras Juan se encontraba exiliado y fuera de juego.

En cualquier caso, la construcción de estas tres décadas, como hemos visto requiere admitir textos que no siempre son considerados auténticos por todos los expertos, o al menos contemporáneos a esa época, hemos escogido las pocas que parecen encajar en el contexto histórico, con ciertos matices, pero realmente son escasísimas las citas históricas que sitúen los acontecimientos y sucesos de esas tres décadas. Pero creemos que es suficiente ese testimonio, al menos Eusebio lo entendió así.

¿Un milagro de Jesús copiado de una tumba de Egipto?

 


Circulan entre los que defienden las teorías mitistas unas cuantas supuestas equivalencias entre uno de los famosos milagros de Jesús y los aparecidos en relieves o textos egipcios. Vamos a ver cuanta verdad o truco hay en esto que tantos copian y pegan sin investigar.

          Todo comienza con la afirmación que aparece en el libro "Jesús 3000 antes de Cristo", cuyos autores, Claude Carcenac y Llogari Pujol, intentan demostrar como los relatos de Jesús se fundamentan en la mitología egipcia. Así, relacionan ciertos relieves encontrados en una tumba de un personaje de la aristocracia egipcia, llamado Paheri, gobernador de la zona de Nekheb con lo que cuentan los evangelios. En su tumba aparecen relieves, como sucede en la mayor parte de las tumbas de personajes importantes, donde se da una descripción de la vida del difunto y en esta ocasión se suceden escenas de la vida en Egipto, las temporadas de cosechas, los diferentes trabajos industriales y de preparación de alimentos y bebidas.

          Lo que se afirma es que entre los diferentes relieves aparece la primera referencia a un milagro que luego fue copiado en la vida de Jesús, la conversión del agua en vino. Según repiten todos los mitistas, se trata de un banquete en el que el Faraón realiza el milagro y todos disfrutan de tal milagro. Apuntan a que el autor de los evangelios copio dicho acontecimiento y lo introdujo en el primer milagro de Jesús, a fin de darle la notoriedad de los dioses de la antigüedad.



          ¿Cuán cierto es esto? ¿Existe realmente la tradición de dicha conversión entre la mitología egipcia? Lo cierto es que podemos responder a ambas preguntas con un rotundo no. Estudiando los diferentes relieves de aquella tumba del siglo XV AC encontramos la respuesta y la intencionada búsqueda de una equivalencia donde no la hay. Decir, en primer lugar que al tratarse de un terrateniente, la suntuosa tumba, en ella se detallan asuntos de su vida que son importantes para su paso a la otra vida, por ello las paredes aparecen con sus relieves y pequeñas tiras con jeroglíficos a los lados de algunas de ellas, donde se daba explicación breve de estas. En estas imágenes se exaltaba su poder y su labor como dirigente, su imagen es engrandada, y como dijimos antes se aprecia la labor que bajo su mando realizaban los pescadores del gran Nilo, los labradores, los artesanos, los cosechadores, se pueden ver escenas de elaboración del pan, desde la recogida del trigo, así como la elaboración de la cerveza mezclando agua con el grano y dejando fermentar en tinajas, así como también la del vino desde la cosecha de las uvas. Siendo esta última la que Pujol interpreta como la milagrosa conversión.

¿Qué se dice de esta escena? En realidad, en las imágenes tan solo se muestra el proceso, y como en las demás, en las explicaciones laterales, además de exaltar al gobernador se da las gracias al gran Osiris, dios de la inundación, y que gracias a esas regulares inundaciones las orillas del Nilo eran tan fértiles, y entre otras cosas se podía producir el fruto de la vid, en la escena entonces aparecen los que cuidaban las vides, después los cosechadores y recogedores de la uva, seguido de los que haciendo uso de la prensa, donde se puede ver a un grupo de hombres pisando el lagar a fin de extraer el fluido que después es guardado en tinajas para su fermentación.



Eso es, ni más ni menos lo que allí aparece, no se ve a ningún faraón, ni a un dios egipcio, ni al propio Paheri como supremo gobernador haciendo ningún milagro. Por supuesto, si lo que se quiere interpretar es que el milagro consiste en la labor de Osiris al producir inundación con agua y que al final el producto tras la siembra, cosecha, prensa, y conservación, resulta en vino, sería así, pero no se puede ver ninguna escritura jeroglífica que explique que tales imágenes hagan referencia a un milagro repentino, sino a un proceso largo, como todas las demás escenas que aparecen relacionadas con la agricultura, en todas ellas se puede agradecer a los dioses, por ayudar al hombre en todo el proceso.  



Algunos insisten en el hecho de que aparezca en los relieves el dios Osiris, es significativo, por cuanto hay una relación de este dios con la llegada de las primeras inundaciones, algunos se atreven a señalar el hecho de que en ocasiones debido a que a veces el agua se vuelve rojiza, (a efectos de sustratos ferrosos a su paso por la zona de Atbara, rica en hierro y que tiñe el agua), eso simboliza la muerte del dios por manos de Seth y que luego volvió a la vida por los conjuros e invocaciones de Neftis e Isis. Pero de allí a que se pueda interpretar que el agua del Nilo se convierta en vino hay un mundo, y aunque indirectamente se pueda señalar por tal agradecimiento a ese dios, nunca se habla de una conversión directa, es decir que de tener agua las vasijas, de repente contuvieran vino.

Cabe mencionar que, por otro lado, la escena del banquete no aparece seguida de la de la recolección de la uva y la elaboración del vino, sino antes. Lo que a continuación aparece, como no puede ser de otra manera, al ser una cámara funeraria, la familia del personajes, los hijos, fruto también de su vida, y posteriormente todo lo relacionado con su funeral.

El relieve, por tanto, lo que intenta explicar es toda la vida, obra y poder que el finado desarrolló durante su vida, la comarca le agradece su contribución a la vida y el desarrollo de la comarca del Nekheb. Las citas religiosas, como en todas las tumbas son comunes, pero nada que quiera representar ningún milagro que luego un escritor del siglo I o del IV descubriera o fuera común en la tradición religiosa de Egipto. La tumba no parece haber sido profanada y los relieves, descubiertos en 1799 estuvieron ocultos de la vista de la gente. Por otro lado, no existe otra referencia a algo parecido a un milagro de conversión agua-vino en la tradición egipcia y esta, como ya vimos no es tal. El contexto del milagro de las bodas de Caná, mencionado en la Biblia, no parece querer demostrar, ni explicar el origen del vino, sencillamente fue un milagro circunstancial, motivado por una necesidad, como todos los milagros atribuidos a Jesús. Nada podemos encontrar que tenga un mínimo de paralelismo entre lo encontrado en aquella tumba del siglo XV AC y el milagro de Jesús. De la misma manera que en la tradición egipcia no encontramos nada que nos habla de un suceso similar al milagro de Jesús, por tanto se trata de un bulo.


El problema de este tipo de bulos y manipulaciones informativos que circulan libremente en redes sociales, en blogs y páginas que buscan desacreditar la biblia a toda costa. Esto se inicia en un libro de un supuesto experto, que lanza la soflama, sin exponer pruebas, después otros copian y pegan, pero tampoco se preocupan por confirmar acudiendo a los textos traducidos, buscando las fuentes, que ahora mismo con los medios que ofrece internet es muy fácil de acceder, sin embargo, nadie lo hace.

 


 

Relación de los esenios del Qumram con el cristianismo

 



Los esenios fueron un grupo escindido del judaísmo a raíz de su ruptura con la línea sacerdotal en tiempos de la revuelta de los macabeos, (siglo II AC). El contexto de su aparición fue el siguiente: Antioco IV rey de un imperio seléucida en decadencia, en una afán por potenciar la helenización de los territorios palestinos de judea, empezó por nombrar sumos sacerdotes a judíos helenizados, instalando gimnasios y baños griegos en Jerusalén y después de saquear las arcas del templo, lo intentó convertir en un templo a Zeus, haciendo colocar estatuas de dioses griegos a los que los judíos helenizados adorarían como si fuera Jehová el de Israel, hasta se sacrificaron cerdos en el altar. Además de eso se prohibieron tradiciones como la circuncisión, el descanso sabático y otras costumbres de la ley, además de proscribir los escritos judíos, hubo mucha destrucción de escritos bíblicos. 


Había grupos como los “Hassidim” o jasideos, un grupo de piadosos que se unió en la lucha a otros grupos como la familia del sacerdote asmoneo Matatías, con sus hijos que se hicieron llamar los macabeos y que se refugiaron en Samaria y desde allí formaron una guerrilla que con el tiempo logró independizar durante un breve periodo a la zona de Judea del yugo seléucida. Otros grupos de judíos piadosos se establecieron en el desierto, con el fin de proteger los escritos que Antioco pretendía destruir. Estos últimos mantuvieron su actitud meramente religiosa y pacífica que había identificado a los Hassidim por años y tras la destitución del sacerdote Eliakim, último de la línea de Sadoc decidieron no volver a Jerusalén. Eliakim fue sustituido, por orden de Jonatán Macabeo en el año 150 cambiado por un sacerdote asmoneo y esa línea continuo durante los siguiente años. 

 Ese y otros hechos produjeron desasosiego en los jasideos refugiados en el desierto, que se consideraban custodios de las tradiciones. Por eso decidieron desligarse y permanecer en su exilio voluntario en la zona del Mar muerto y proteger los escritos ancestrales en las cuevas del Qumram, allí pemanecieron resguardados en vasijas de barro hasta su descubrimiento en 1947. En su momento ese grupo rechazó volver al templo por considerarlo contaminado y por negarse a aceptar la línea de sacerdotes instauradas por los macabeos. Con el tiempo estos fueron conocidos por su nombre en arameo, hasé (piadosos). Aunque algunos opinan que el nombre proviene del hebreo “Asaim” que significa “hacedores” ya que ellos se consideraban, hacedores de la palabra. 

Se cree que siguieron a cierto líder llamado “Maestro de la justicia”, aunque según algunos expertos puede ser también que este Maestro fuese más bien al que esperaban, ya que nunca se menciona su nombre y en ocasiones se le menciona como atemporal. En cualquier caso, un buen número de ellos se mantuvo en el desierto, para según lo que ellos definieron como la preparación del camino del señor, tomando como suyas las palabras del profeta Malaquías: He aquí, envío a mi mensajero y el despejará el camino delante de mí. Y, de repente, vendrá a su templo el señor verdadero a quien vosotros buscaias. ¡Mirad! De seguro vendrá, dice Jegová de los ejércitos… él será como fuergo purificador y jabón de los lavanderos. (Mal 3:1,2) Esperaban que Dios limpiara y purificara el templo y en muchos de sus textos hacían referencia a las medidas del templo y su purificación. 

También para referirse a ellos mismos, utilizaban términos como, “comunidad de los santos”, “asamblea de los numerosos” o “congregación de los pobres”.  Tuvieron en común con los saduceos el rechazo a la línea de sacerdotes asmoneos instaurado por Jonatán Macabeo, pues entendían que debía seguir la línea de Sadoc, sin embargo los esenios no volvieron al templo, ni siquiera cuando se escogió un Sumo sacerdote saduceo, supuestamente descendiente de la línea de Sadoc, pues nada tenían en común, aparte de eso con los saduceos. Se cree que como grupo religioso desaparecieron alrededor del año 70, coincidiendo con la destrucción de Jerusalén y la implantación de la primera diáspora. 

Hasta antes de mediados del siglo XX sabíamos algo de los esenios por las menciones que de estos hicieron Filón de Alejandría, Plinio el viejo y Flavio Josefo. Es curioso que en la Biblia no se mencionasen, siendo que hubo momentos de coincidencia existencial con el cristianismo. Aunque es posible que si para el siglo I de haber existido una comunidad esenia en los alrededores o en las afueras de Jerusalén, tuvieron que tener contacto con los primeros cristianos, pero los escritores cristianos tampoco hacen mención de estos. Si se habla de varios grupos o partidos judíos como los Fariseos, los saduceos y se habla a menudo de los escribas, estos últimos garantes de copiar y enseñar las escrituras al pueblo. Si los esenios, por lo que vemos se esmeraban por cuidar de los escritos y de copiar y estudiar las escrituras ¿serían los escribas a los que Jesús criticó a menudo?  -No parece que los fueran, más bien estos se relacionaban con los fariseos que también componían una escuela de pensamiento judía en Israel del siglo I, previo a la aparición del término “rabinos”, sin embargo, un escriba podía ser fariseo o ser saduceo por pertenecer a familias sacerdotales. Existe más relación de los esenios con el movimiento fariseo, en parte por tener ambos grupos un origen común, los jasideos. En este caso, los fariseos fueron la parte que luchó junto a los macabeos contra la influencia griega, pero para el siglo I la distancia entre ellos era notable. 

Así, hay un halo de misterio sobre la convivencia de los esenios en tiempos de Jesús y su relación con estos. Pero desde que en 1947 se descubrieran los manuscritos del Qmram, se sabe mucho más sobre este grupo de eremitas que fueron los responsables del cuidado de esa numerosa colección de escritos bíblicos y parabiblicos. Gracias a ese descubrimiento se pudieron conocer las reglas de la comunidad y algunos de sus textos escatológicos y de estudios bíblicos propios. Filón afirmaba que en su tiempo (siglo I) aún formaban una comunidad de unos 4000 miembros, que habitaban en aldeas pequeñas y en zonas alejadas de las grandes ciudades, aunque se sabe que en Jerusalén había una especie de barrio esenio a las afueras de la ciudad. Tanto Filón como Josefo nos cuentan que vivían en comunidades cerradas, todo cuanto poseían lo tenían en común, es decir renegaban a las posesiones materiales. Afirma Filón lo siguiente sobre ellos: Nadie podría encontrar otras gentes entre las que estuviera más arraigada la práctica de compartir el mismo techo, los mismos vestidos o la misma mesa. (…) Viven en el mismo lugar, distribuidos en decenas, centenas y millares y pasan la vida ocupados en todo lo relativo al beneficio común. (Hypottetica defensa de los judíos – Filón)

Según cuenta Josefo, estudiaban métodos de curación, buscando las virtudes ocultas de las plantas y minerales. Era un hecho conocido que los esenios practicaban rituales de curación y sanación, tanto es así que algunos piensan que su nombre deriva de la expresión siriaca “Asaya”, relacionada con el ejercicio de la medicina, aunque no parece que fuera esa su principal propósito en la vida. Tenían prohibido jurar, una vez aceptaban su voto o juramento de iniciación, el cual envolvía un riguroso y exhaustivo estudio de las escrituras y el entendimiento de las profecías. Solían practicar una serie de bautismos de purificación, que llevaban a cabo de manera rutinaria varias veces a la semana. Castigaban a quienes infringían sus normas o leyes, expulsando a estos fuera de la comunidad, si bien en ocasiones aceptaban una vuelta del arrepentido.

La relación que algunos intentan hallar entre el cristianismo y los esenios proviene de la labor desempeñada por Juan el Bautista. Algunos opinan que el cristianismo fue una escisión del movimiento iniciado por Juan el bautista, sobre todo porque el mismo Jesús fue bautizado por Juan en el rio Jordán, en el año 29EC. Y los primeros discípulos de Jesús habían sido antes discípulos de Juan. En el evangelio de Lucas se recoge que Juan era una especie de profeta que recibió inspiración en el desierto y empezó a predicar el sólo a las multitudes, con un mensaje entre apocalíptico y de denuncia, lo cual atrajo la atención de muchos. 



Además ven en la labor de Juan la misma dirección de los esenios que esperaban a un Maestro de justicia. El caso es que el propio Juan, rechazó ser el Mesias, ni un profeta, reconoce que el vino a preparar el camino a este y se llamó a sí mismo, como la voz que clama en el desierto”. También animó a sus seguidores a vivir una vida sencilla, les dijo: “El que tenga dos prendas de vestir, que comparta con el que no tiene, y el que tiene algo de comer, que haga lo mismo” (Lucas 3:10-14). Visto así parecía animar a llevar una vida similar a la de los esenios. Aunque, cabe señalar que desde un primer momento animó a sus seguidores a seguir al que venía detrás, que era más poderoso que él. Juan, habiendo iniciado su labor tan solo unos meses antes, cuando Jesús inicio su obra, ya había conseguido que algunos familiares, amigos y conocidos le siguieran y tuviesen una base ideológica que les hiciera acercarse al maestro que venía. La similitud del mensaje sobre una restauración, un juicio final, un mesías que liberaría a su pueblo, estaba en los esenios. También estos hicieron referencia a un hijo del altísimo y del Reino de Dios, que esperaban restauraría el Reino de Israel para todos los pueblos. Claro que algunas ideas esenias eran compartidas por el judaísmo en general, pero muchos quieren relacionar a estos con los cristianos sobre todo por algunos términos utilizados, ejemplos y enseñanzas que los cristianos compartieron en común con estos. 

Por ejemplo, los esenios hablaron de los hijos de la luz y los de la oscuridad, en la carta a los Efesios se insta a los cristianos a ser como hijos de la luz. Hablaron mucho sobre la nueva Jerusalén, así como los cristianos también consideraron de manera simbólica que algunos formarían parte de una nueva Jerusalén. Los esenios ensalzaron la figura de Melquisedeq, entendían que un Mesias vendría como rey y guerrero, otro como profeta y otro como sacerdote, los cristianos compararon a Melquisedeq con Jesús, al ser este profeta, rey y sacerdote, en una sola persona. Los esenios formaban comunidades en los desiertos, Juan y Jesús iniciaron su andadura en el desierto, como ritual de iniciación y meditación. Los esenios tenían un consejo de 12 ancianos que los dirigían, Jesús escogió a 12 apóstoles de confianza para dirigir a sus seguidores. Hasta los treinta años no podían actuar como jueces, maestros o ser jefes militares, el servicio, tanto de Juan, como el de Jesús lo iniciaron con treinta años.  Los cristianos citaron de las profecías de Enoc, los esenios guardaron el libro de Enoc entre sus escritos. También esperaban a una especie de Elias o enviado que vendría antes que la tierra fuese juzgada y que prepararía el camino al Mesias. Jesús identificó a Juan el bautista con ese Elias anunciado por el profeta Malaquías (Mateo17:11-13). Hablaron los esenios sobre un fin del mundo en el que el llamado hijo de Dios tendría un papel preponderante, Jesús también habló sobre un fin del mundo, los esenios tenían un libro titulado: “La guerra entre los hijos de la luz y los de las tinieblas” y los cristianos en el Apocalipsis profundizan en este Armagedón o guerra de Dios contra las naciones y dando poder a Jesus, (el hijo del hombre) y con 144.000 justos en los tiempos finales. Jesús habló de una parousía o segunda venida al final de los tiempos. 

Sin embargo, hasta allí acaban las coincidencias, pues a menudo Jesús criticó y repudió ciertas costumbres esenias, e incumplió rituales de estos, como tocar muertos, el rechazo a los lisiados, ciegos, sordos, inválidos, más bien se acercó a ellos y los curó o resucitó. El mesías esperado por los esenios era un hombre normal, tocado con el poder de Dios, pero que ejercería su labor como humano y liberaría al pueblo con guerra. Los cristianos entendieron que el mesías provenía del cielo, hecho hombre, pero de origen espiritual, divino, al provenir del padre. Los esenios se negaban asistir al templo de Jerusalén por considerarlo impuro y contaminado, mientras que Jesús estuvo y entró en varias ocasiones. Tampoco encontramos relación en los baños ceremoniales esenios que celebraban al menos tres días  a la semana, que nada tenían que ver con el bautismo, ni el que Juan impartió que era como demostración de arrepentimiento, ni con el de Jesús que fue para una especie de iniciación a su labor, o el que animó a hacer a sus seguidores que tenía el sentido de conversión y dedicación a Dios. El rechazo del cristianismo al uso de las armas y de la violencia, que enseñó Jesús, contrasta con la de los esenios postreros que si tomaron parte en las luchas y la defensa militar frente a los romanos, lo que propició su desaparición total. Es posible que algunas influencias posteriores del gnosticismo judío, tomaran prestadas cosas del esenismo y se filtraran en el cristianismo de finales del siglo I, pero no se puede decir que Jesús o Juan el bautista fueran miembros iniciados de ese grupo eremita, ni que los cristianos provinieran de una escisión esenia.

Algo que si pudo haber sucedido es lo que algunos investigadores señalan, que muy posiblemente un nutrido grupo de esenios se convirtiera al cristianismo cuando este se propagó, ya que el mensaje era similar y rompía con el judaísmo oficial que los esenios también rechazaban. Pero había algo que chocaba con sus costumbres bien arraigadas, el sábado y la circuncisión. En algunos aspectos como la aplicación del descanso sabático eran más fariseos que los propios fariseos, pues rechazaban hasta salvar la vida de una cabra que cayera en un hoyo en sábado, extremo al que no llegaban los fariseos. El cristianismo pronto se distanció de la aplicación estricta de la ley, el sábado se consideró más simbólico que práctico, la circuncisión quedó relegada como obligación al menos para los conversos gentiles. Claro que sabemos que desde mediados de siglo, las discusiones por estas causas fueron constantes y surgieron los judaizantes, los ebionitas, elkesaitas y otras ramas cristianas que negaron el origen divino de Jesús, prescribieron la circuncisión, el descanso sabático y otros rituales judíos a los conversos y contra estos, el apóstol Pablo lideró, con permiso de la sede de los apóstoles, desde el sínodo del año 49, una lucha argumental abierta contra estas tendencias juadizantes, que es muy posible que provinieran de las conversiones de fariseos y esenios.