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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
Depósito legal: M-20243-2011

Historiadores antiguos que no mencionan a Jesús ni al cristianismo ¿Por qué?

 



Un argumento muy repetido entre los negacionistas de la historicidad del personaje de Jesús y también entre los revisionistas sobre su existencia, es asegurar que los historiadores del mundo grecoromano no hicieron mención de Jesús, ni tan siquiera del cristianismo o de personajes paralelos, por tanto eso sería indicativo de que no pudo existir o al menos no tuvo la relevancia suficiente para ser tenido en cuenta. En capítulos anteriores vimos que, sin embargo, fueron muchos los historiadores y escritores que se hicieron eco de Jesús y del cristianismo, aunque haya sido para atacarlos o criticarlos duramente. Pero vamos a centrarnos ahora en historiadores supuestamente contemporáneos que no mencionan a Jesús, ni a los cristianos e intentar entender por qué se dice que no lo hicieron, lo cual no significa que sea así, ya que muchos de sus textos no están completos. En el caso de los que definitivamente no lo mencionaron, debemos explicar por qué y en otros casos en los que debieron haberlo hecho veremos qué razones tuvieron para no mencionar a Jesús o a los cristianos.

Como veremos hay de todo, pero en todo esto debemos ser objetivos y realistas, muchos documentos de la época se han perdido, muchos escritos de historiadores también. Antes no se hacían tantas copias de obras por importantes que fueran, pues eran sumamente caras y para ello se guardaban en bibliotecas. En la de Alejandría, por ejemplo había un buen número de las más valiosas obras, tras los numerosos incendios se perdió una gran cantidad de escritos que de otra forma, nos servirían ahora para valorar con una vista más amplia la historia antigua. Estos son algunos celebres escritores, en cuyos escritos no aparece Jesús:

 

Cecilio de Caleacte, profesor de retórica e historia de origen hebreo, se dice que fue contemporáneo de Jesús, de hecho llegó a Roma en el año 5 para abrir una escuela de retórica, su vida transcurrió durante la época de Augusto y Tiberio. Siendo contemporáneo del líder del cristianismo, sin embargo no habló de él en sus escritos. Claro que Cecilio murió poco antes del 29EC. Por tanto este vivió solo durante la infancia y juventud de Jesús, y es normal que no escribiera nada sobre él, no era un personaje conocido por aquel entonces, el cristianismo, que se fundó tras la muerte de su líder en el 33EC, no existía para el tiempo de Cecilio, de hecho Jesús debía ser un adolescente que no era reconocido ni siquiera en Galilea, no había destacado entre los judíos su labor, si nos atenemos a los datos aportados por los evangelios, esta se inició poco después del año 29. Aparte de todo esto, de los libros de Cecilio apenas se han conservado algunos pocos fragmentos.

 

Queremón de Alejandría fue preceptor del joven Nerón en el año 49, custodio del templo de Sarapis, escribió historia, pero según se sabe solo se centró en Egipto no en Palestina. Su obra además también se ha perdido y apenas nos han llegado comentarios de otros escritores posteriores sobre sus libros.

 

Ptolomeo Queno fue un gramático griego, vivió en tiempos de Nerón, Trajano y Adriano, se dice que escribió varias obras de historia, todas ellas se han perdido, llegando a nuestros días tan solo parte de una obra fantástica, “Extraña Historia” en la que mezcla sucesos reales con mitología y fantasía imposible. Algunos lo llaman el mayor farsante de la historia, y que mentía con la misma facilidad con la que hablaba. Así que casi mejor que no mencionase a Cristo, ni a los cristianos en su libro. Probablemente aquella obra, poco entendida, se tratase de una novela de ficción histórica al estilo de Cervantes, como un adelantado a su tiempo.

 

Alejandro de Mindo fue un escritor griego del siglo I, sus obras se han perdido, no obstante perviven por las numerosas citas que otros escritores con gran aprecio, hicieron de él, al parecer era muy respetado por la valiosa información que aportó. No menciona a los cristianos, ni a Jesús, pero porque su labor se centró más en la historia de la naturaleza y no la humana.

 

Memmon De Heraclea Póntica, fue otro historiador griego del siglo I, pero que si no menciona a Jesús y a los cristianos fue porque se centró en la historia antigua de los Tirios, curiosamente fue citado por el obispo de Constantinopla, Focio del siglo IX, interesado por los datos aportados por este para ver el cumplimiento de ciertas profecías bíblicas que tuvieron que ver con aquella ciudad. 

 

Flavio Arriano, escritor, filósofo e historiador nació en Nicomedia en el año 86 y murió en Atenas en el 175, sus escritos se centraron, aparte de algunos tratados de carácter filosófico, en narrar batalles épicas de Alejandro Magno, de hecho escribió Anábasis de Alejandro, su principal obra, y otras también relacionadas con el legendario general griego, por eso es normal que en los escritos de este historiador no aparezca ni Jesús, ni los cristianos en sus escritos.   

 

Apiano, fue un historiador romano de origen griego que vivió entre el año 95 hasta el 165. Escribió una extensa historia de Roma, compuesta por 24 libros. Pero algunos de estos libros como el X que trata de las guerras en Asia y Grecia están perdidas, al igual que las guerras en Egipto y Palestina (tomos XVIII al XXIII), donde bien pudiera haber mencionado a Jesús, las revueltas judías y algunos detalles pertinentes que aparecen en los evangelios, por otro lado, tampoco hubo muchos historiadores postreros que citaran la obra de Apiano para que pudiéramos conocer su contenido.

 

Pausanias. Este escritor del siglo II, nacido en Lidia, Asia menor, fue más bien geógrafo, y se interesó por los monumentos de la Grecia clásica escribiendo una amena explicación sobre los orígenes o leyendas relacionadas con las estatuas y lugares mencionados. Gracias a sus obras, muchos arqueólogos actuales han podido constatar la identidad de algunos monumentos, estatuas y símbolos, descubiertos posteriormente. Su Descripción de Grecia ha llegado completa hasta nosotros y se considera como una excelente guía turística. Se observa también su interés por la topografía, la descripción de las calles y lugares y de los centros religiosos o cultos de los dioses griegos, también fue el primero en estudiar y dar a conocer las curiosidades del Mar muerto, siendo él quien le dio el nombre. No menciona a los cristianos ni sus templos, por la sencilla razón de que en ese tiempo apenas habían templos cristianos, pues según describen los testimonios del siglo I y principios del II, se solían reunir en casas privadas, debido a la persecución y no tenían ni monumentos, ni lugares de peregrinación específicos que llamaran la atención de un geógrafo. 

 

Tito Livio. Uno de los más célebres historiadores romanos, que además fue autor de una de las más monumentales crónicas históricas sobre Roma, una obra compuesta por 142 tomos que cuenta desde el tiempo de Eneas, año 753AC hasta los primeros años de Tiberio. Pero claro, murió en el año 17, por tanto poco o nada pudo escribir sobre un Jesús adolescente, cuya vida aún no era trascendente, ni del cristianismo que para ese tiempo no existía.

 

Gnaeo Pompeyo Trogo, fue un hisotriador galo del siglo I, romanizado pues su abuelo había servido en el ejército de Cneo Pompeyo, de ahí su nombre. Se le considera dentro de los historiadores, aunque realmente hoy lo consideraríamos un naturalista o geólogo, pues sus intereses y escritos se fundamenten en el estudio de la etnografía y los accidentes geográficos. Su principal obra Historias Filipicas, tuvieron que ver con el imperio macedónico, desde Filipo II, hasta Alejandro Magno, además fijándose más en los lugares y accidentes geográficos que este encontró en sus conquistas. No tocó nada relacionado con el imperio romano, ni sus provincias, por tanto no es raro que no mencionara al cristianismo.

 

Plinio el viejo, también es otro considerado historiador, pero que en realidad su especialidad era otra. Padre de Plino el joven, su obra Naturalis historia, trata sobre zoología, botánica y medicina, razón por la cual no se interesó por acontecimientos religiosos, ni políticos de su época. Su hijo, sin embargo si lo hizo y mencionó la problemática del cristianismo, como ya vimos anteriormente.

 

Lucio Aneo Floro Otro historiador del siglo II,  Aunque sí habló de los comienzos de Roma mencionando la leyenda de de Rómulo y Remo, que es una fábula a la que muchos historiadores de la antigüedad tomaron como verdadera, pero no por ello vamos a creer cierta. Además no escribió por su cuenta, sino más bien fue un maestro de historia que llevó a cabo un estudio sobre la obra de Tito Livio, por tanto si Tito Livio no llegó a decir nada sobre Jesús, este tampoco lo haría.

 

Dion Crisóstomo, nació alrededor del año 40 y murió en el 120, fue un orador, filósofo e historiador griego, contemporáneo de Plutarco, Tácito y Plinio el joven. Tenía el sobrenombre de Boca de oro, por su gran elocuencia al hablar. Se conservan al menos 80 de sus discursos, que versan sobre distintos temas, entre ellos, sobre cualidades, virtudes y formas de actuar humanas. Pero no menciona ni a Jesús ni al cristianismo, como tampoco lo hace del judaísmo, ni del mitraísmo, ni de otras religiones de su tiempo. No obstante, si se encuentra en su obra cierto paralelismo con la filosofía moral de Pablo de Tarso, como durante varios años viajó por todo el imperio, es muy posible que algún contacto tuviese con algún cristiano de su época, si bien él tenía su propia visión de la vida, tan personal e impregnada de romanismo, que no quiso aceptar otras normas. En contraste, fue tanto su apego al imperio que guardó una gran relación con varios emperadores, los cuales le ofrecieron puestos importantes en la magistratura.

 

Filón de Biblos fue un erudito fenicio del siglo I que se especializó en las antiguas tradiciones religiosas fenicias y griegas. Aunque hay ciertas contradicciones con respecto a su fecha de nacimiento, se sabe que fue contemporáneo de Nerón y Adriano, algunos afirman que fue cónsul durante la olimpiada 220, lo cual lo sitúa en el año 101-104. En cualquier caso, su vida transcurrió en paralelo con el nacimiento del cristianismo, claro que para ese tiempo, aún se consideraba una secta judía más y es muy posible que si no los mencionó, fuera sencillamente porque sus intereses literarios iban por otro lado.

 

Lucio Mestrio Plutarco, también conocido como Pluartco de Querona, en la Grecia occidental, nace alrededor del año 45 y muere en el año 120. Fue sacerdote de Apolo y gran biógrafo, autor del famoso Vidas Paralelas, donde iba contando la vida de hombres célebres de la antigüedad en una especie de comparativa biográfica. Parece ser que en ninguno de sus escritos menciona al cristianismo, pese a que este en sus años pudo vivir el auge y la extensión de este movimiento y de la distribución y traducción de los escritos cristianos por la región de Grecia. Pero como ya dijimos, él era principalmente biógrafo moralista y no historiador. Sus intereses religiosos estaban muy lejos del cristianismo, aunque aceptó otros mitos como el de Rómulo y Remo, como originadores y fundadores de Roma, tomando esa fábula como si se tratase de una verdad absoluta, pero nada menciona sobre religiones o cultos de las provincias del extrarradio, como se consideraba a Judea.

 

Amiano Marcelino del siglo III, escribió la historia de Roma desde el año 96 hasta el 390 y según Eusebio y otros, parece que si  menciona a los cristianos, eso sí, como lo único que queda de su obra es la parte desde el 353 en adelante y lo demás se ha perdido, no se puede contrastar, era un pagano opuesto al cristianismo, pero hubiese venido bien conocer su opinión y comentarios respecto al movimiento cristiano ya próspero del siglo III.

 

Flavio Eutropio, Escritor del siglo IV, cronista del emperador  Juliano, el llamado “apostata”. Profesaba una gran reverencia hacia este emperador, al que defendió, sobre todo su tolerancia religiosa, en contraste con los anteriores emperadores que se dieron a la nueva religión. Ni siquiera quiere mencionarlos por nombre, por lo que se observa una clara repulsión al cristianismo que viviendo la época en la que vivió no debía haber ignorado, suponemos, por tanto que ese silencio se debió a cierto temor a decir cosas que pudieran poner en peligro su posición, teniendo en cuenta la brevedad de Juliano. En cualquier caso, escribió una brevísima historia de Roma, donde tan solo narra batallas y no se centra en detalles, como la vida en la antigua Roma o sus costumbres, religiones, ni menciona sucesos de provincias lejanas.


 

En este capítulo no mencionamos ni a Polivio, Estrabón, Heródoto, Jenofonte, Tucídides, Diodoro de Sicilia, ni a otros célebres historiadores clásicos, por obvias razones, todos ellos vivieron antes de Cristo. Pero en cualquier caso, todos los mencionados, como nos damos cuenta, con algunas excepciones, tenían sobradas razones para no mencionar a Jesús o a los cristianos, pues no los conocieron o sencillamente sus obras versaban sobre temas ajenos a la religión y si había prejuicios y a los cristianos del primer se les veía como una secta minoritaria judía. Después del siglo II, como un grupúsculo de incultos con poca relevancia política.  

Poco más podemos añadir a esto, salvo que por alguna casualidad se encuentren las páginas y capítulos faltantes de los libros de Amiano Marcelino, Apiano o Queremón de Alejandría y quién sabe si descubrimos en ellas interesantes citas y testimonios sobre la realidad histórica de Jesús.



Celso: El implacable enemigo del cristianismo del siglo II

 


Algunos alegan que este personaje no existió y fue más bien un personaje inventado por algún cristiano resentido que escondió su identidad bajo el nombre de un personaje del mundo griego. Pero no hay base para sospechar eso, la verdad sea dicha, Celso no es un nombre raro en aquella época, de hecho, sabemos de la existencia de al menos dos Celsos, que además fueron epicúreos, uno en la época de Nerón y otro en tiempos de Adriano, a este último algunos también confunden con el Celso del que aquí tratamos, pero el nuestro vivió mucho tiempo después de Adriano. 

No sabemos mucho de la vida de este Filósofo platónico griego del siglo II, solamente que alrededor del año 178 publicó su obra “El discurso verdadero” o “Sobre la verdadera doctrina”, un tratado específicamente dedicado a los cristianos, más bien diríamos contra los cristianos, pero es un libro tan completo que nos da detalles realmente interesantes sobre creencias y costumbres de los cristianos de los primeros siglos.


De esta manera inicia su libro: Hay una raza de hombres nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, asociados entre sí contra todas las instituciones religiosas y civiles, perseguidos por la justicia, universalmente cubiertos de infamia, pero autoglorificándose con la común execreción: Son los cristianos.(Celso discurso verdadero 1)

Estaba claro que como filósofo defensor de las tradiciones religiosas y culturales de Grecia, odiaba a los cristianos, pero no negó a Jesús, como hubiera sido lógico si hubiese creído que fuera un mito o invención de aquellos cristianos. Aunque lo que escribió sobre él no fueran precisamente cosas positivas, tratando de restar credibilidad a su milagroso nacimiento dijo lo siguiente: Comenzaste a fabricar una filiación fabulosa, pretendiendo que debías tu nacimiento a una virgen. En realidad, eres originario de un lugarejo de Judea, hijo de una pobre campesina hilandera que vivía de su trabajo. Esta, acusada de adulterio con un soldado romano llamado Pantera, fue echada de su casa por su marido y dio a luz en secreto. Más tarde, impelida por la miseria de emigrar, fue a Egipto, allí alquiló sus brazos por un salario; mientras tanto tú aprendiste algunos de esos poderes mágicos de los que ufanan los egipcios; volviste después a tu país, e, inflado por los defectos que sabías provocar te proclamaste un dios. (Celso, Alethes Logos, 7).

         Es curioso que ese nombre Pantera del que Celso aseguró que era el verdadero padre de Jesús, no fue precisamente un invención literaria de Celso, en realidad fue extraído de un comentario que encontró en el Talmúd, más concretamente en la Mishná que para su tiempo, ya había sido recopilada. De hecho, el nombre Pantera aparece en los escritos sobre las tradiciones rabínicas, realizadas por el Rabino Eliezer Ben Hyracanus de finales del siglo I.


Este relato lo podemos encontrar en el Talmud babilónico, allí se menciona una historia de un hombre al que llaman hijo de Stada. Se dice que su madre fue Miriam, a la cual se apodó Stada porque había engañado a su esposo y quedó embarazada de un tal Pandira. En el relato Sanedrin 67ª y Sanedrín 107b se dice que fue a Egipto y se trajo todos los trucos mágicos secretos de aquel país y por eso engañó a muchos de su pueblo. En clara referencia burlesca al nacimiento milagroso de Jesús y sus milagros. Curiosamente Sanedrín formaba parta del Seder Nezikin, cuarta parte de la Mishná, escrita alrededor del año 90 (La quinta y sexta parte se acabó de recopilar a finales del siglo I).  También en el Sanedrín 43 se hace referencia a la muerte de Jesús, cuando dice: en la víspera del Sabbat, Jeshua el nazareno fue colgado y un heraldo salió 40 días antes anunciando “Jeshua al nazareno será apedreado porque practicó hechicería y sedujo al pueblo a la idolatría. (Sanedrín 43ª). ¿Sería referencia a otro Jeshua? No, más bien parece que al Jesús cristiano, pues también menciona los nombres de varios de los apóstoles: Nuestros rabinos enseñaron, Jeshual el nazareno tuvo cinco discípulos, ellos son: Mattai, Maqqai (¿Marcos?), Netzer (Natanael), Buni (¿Bartolomé?) y Todah (Judas Tadeo). Es curioso que mencionase a estos, además de confundirse al mencionar precisamente a dos de los evangelistas en el orden de aparición tradicional de los cristianos, eso bien puede mostrar la fuente de esos nombres. Así, nos encontramos ante la mención más antigua de algunos de sus discípulos, fuera de los evangelios. 

Queda claro que de alguna manera Celso bebió de fuentes judías, y se hizo eco de comentarios maliciosos que los líderes judíos manejaban en su momento y que pasaron a la tradición oral que más tarde fue incorporada a la Mishná. Si bien, tampoco justifica a los judíos, pues consideraba ridículos los argumentos de unos y otros, aunque reconoce las disputas entre estos que se sucedían por todo el imperio.  Hasta cita referencias esenias al decir que los judíos esperaban a un “Maestro de la justicia” pero recibieron a uno que no se correspondía con sus esperanzas de liberación.

Por otro lado, estaba familiarizado con el contenido de los evangelios y las cartas apostólicas pues constantemente hace referencia a textos de las escrituras, que ya circulaban en su tiempo. De hecho afirma: y todo esto lo sacamos de vuestras propias escrituras : no tuvimos que acudir a otros testimonios contra vosotros. Os bastais vosotros para refutaros a vosotros mismos. (Celso Discurso verdadero 1:31)

Aunque si miró las escrituras cristianas y judías, como bien afirma, también tuvo en cuenta otras fuentes y eso se observa en varios comentarios como el anteriormente mencionada tradición judía de la Misná y otras criticas que los judíos hicieron contra el cristianismo. 

Menciona la oposición de los cristianos de su época a erigir estatuas y altares en sus templos. Lo deja caer de esta manera: Los cristianos no pueden soportar la vista de templos, de altares ni de estatuas... los cristianos reprueban en absoluto cualquier imagen (Discurso verdadero L4, 97

Es curioso, sin embargo que no menciona costumbres que forman parte de las tradiciones católicas más comunes ahora, como la adoración de la cruz, las navidades o celebración del nacimiento de Cristo. Hubiese sido una oportunidad magnífica para criticar la adoración del instrumento de tortura de su líder, la cruz o el madero, nada menciona sobre eso, cuando por otro lado, se fijó en otros detalles nimios y se burló de estos. Como vimos, no se hizo eco de la veneración de santos, ni la autoridad de papas romanos sobre las demás comunidades cristianas. Lo cual es indicativo que era algo desconocido en su época, que no formaba parte del cristianismo de los primeros siglos, de lo contrario, con seguridad sería criticado por el ilustre filósofo. 

Antes bien, juzga como ridículo que tomaran a Jesús como una encarnación de un hijo de Dios, nacida de una humilde judía que desconocía su importante genealogía. Se burló de que este fuera ajusticiado y que Dios no tomara represalias contra los que lo juzgaron y mandaron a matar.

En una muestra clara de no entender las creencias cristianas, dice: Puesto que además de a Dios ellos adoran a su hijo, se deduce, que, según reconocen , es preciso adorar no solamente a un dios si no a sus ministros (Celso - Discurso verdadero 100) Y con respecto a la humildad y personalidad de Cristo se pregunta: Si quería permanecer ignorado ¿Por qué una voz divina proclama en alto que el el hijo de Dios? Y si quería ser conocido ¿Por qué se dejó arrastrar al suplicio y por qué murió? (Celso - Discurso verdadero 1:28)

      Además parece que Celso conoció algunos grupos gnósticos, pues equivocadamente asigna a las creencias cristianas una enseñanza ajena a estos. Nos habla por ejemplo de que los cristianos enseñaban que había un dios maldito que mandaba sobre un grupo de siete demonios a los que llamaban de distintos nombres entre ellos Sabaoth, este nombre coincide con un arconte con aspecto de dragón, mencionado en un texto de los valentinianos y setianos, ambos grupos gnósticos de gran influencia en Roma.


         Celso conoció la existencia de otros cristianismos en su época, pues así lo reconoce en su libro: Resulta todavía difícil de creer que entre los cristianos, unos confiesan tener el mismo dios que los judíos y otros lo niegan, pues afirman que el que envió al hijo es un dios opuesto al primero. Conozco igualmente muchas otras divisiones y sectas entre ellos: los Sibilistas, los simonianos, los marcelianos, los Carpocratianos de Carpócrates y Salomé, los marcionistas que se nutren de Marción. (Discurso verdadero 64,65)

Algunos de estos grupos apenas son conocidos, otros como Carpocratianos o Marcionitas, si son mencionados por otros apologistas cristianos, señalados como disidencias del cristianismo o sectas gnósticas. Y su existencia fue utilizada por Celso como argumento para desacreditar al cristianismo al no considerarla como religión verdadera por estar tan dividida.


Por último, anima a los cristianos a aceptar la adoración al emperador, citando de un texto cristiano que dice que toda autoridad ha sido dada por Dios y por tanto debe ser digna de honra, y acaba su discurso así: Por ello, cesad de hurtaros a los deberes civiles y de impugnar el servicio militar, tomad vuestra parte en las funciones públicas, para la salvación de las leyes y de la causa de la piedad. (Discurso verdadero, 117)

En este comentario reconoce la actitud de los cristianos al negarse a servir en el ejército, tal como Tertuliano afirmaba y de ser parte del estado. En definitiva, muy a su pesar, Celso del siglo II, acepta el nacimiento de Jesús en una aldea de Judea, que su familia huyó a Egipto con él, que Jesús tenía ciertos poderes milagrosos, que sus seguidores se extendieron por todo el imperio, que habían varias vertientes y divisiones entre ellos, su actitud ante el estado y su pacifismo. ¿Es esta una manipulación maliciosa realizada por un cristiano? No, esto viene a demostrar que Celso conocía las tradiciones y enseñanzas del cristianismo y sencillamente se burlaba de ellas, haciéndose eco de los rumores y comentarios que se hacían sobre ellos en su tiempo.

Curiosamente conocemos su obra gracias a apoligistas cristianos de la época que se defendieron de las acusaciones y difamaciones que este vertía en sus escritos, y repitieron citas de este. Uno de ellos fue Orígenes que sesenta años después escribió Contra Celso y en gran parte, gracias a este libro conocemos gran parte de la obra de este anticristiano convencido.

Cayo Suetonio Tranquilo, historiador de los doce Césares

 


Suetonio fue biógrafo e historiador romano durante los reinados de dos importantes emperadores. Bajo Trajano, desde finales del siglo I hasta el año 117, y de Adriano, durante los inicios de su gobierno. En 1950 se encontró una inscripción honorífica en su ciudad natal, Hippo Regius, (Hipona) en Numibia, que da cuenta de su lugar de nacimiento y fecha, a inicios del reinado de Vespasiano, año 71.   

Sobre este contemporáneo de Tácito y amigo también de Plinio el joven, conocemos algunos datos sobre su vida, en parte por la correspondencia con Plinio, también a través de los escritos de Elio Esparciano que cita de él en su aportación a Historia Augusta y en las obras del historiador bizantino Juan Lido.


Gracias a su relación con Plinio, pudo tener acceso al emperador Trajano y obtener puestos importantes dirigiendo las bibliotecas, siendo responsable de archivos, lo cual le sirvió para acceder a numerosa información vital para su proyecto futuro. Después, también mantuvo una buena relación con Adriano, aunque esta última se resintió debido a los celos por parte del emperador ante la buena y cercana amistad del historiador con su esposa Vibia Sabina, eso pudo ocurrir en el año 120. A partir de ese momento se retiró de la labor pública y se dedicó más plenamente a lo que siempre quería hacer, escribir, hasta su muerte en el año 126 o poco después de ese año. Su obra fue valorada y se enseñaba en las altas escuelas de la edad media, hasta su estilo de escribir fue copiado por algunos biógrafos, como Eginardo, quien lo hizo al escribir la vida de Carlomagno en el año 800.

         De su extensa obra nos queda de manera completa la más importante “La vida de los doce Césares” y otra más fragmentada “Sobre hombres ilustres”. Esta última según parece contenía distintas biografías de personajes célebres, cultos y sabios que merecían ser destacados. Jerónimo de Estridón citó de esta obra para destacar a varios personajes de los que Suetonio hace referencia y que tuvieron cierta relación con el cristianismo, pero lamentablemente no nos han llegado esos fragmentos, si bien no podemos negar su existencia pues Suetonio tuvo conocimiento de la existencia del cristianismo más primitivo, gracias a que con seguridad en su acceso a las bibliotecas encontró numerosas citas textuales.

Fue en su obra más importante, la que terminó de realizar en el año 121, donde menciona la persecución de cristianos y en otro párrafo supuestamente menciona a Cristo. Al hablar del gobierno de Claudio, explica algunas de sus decisiones con respecto a ciertos movimientos religiosos: Hizo expulsar de Roma a los judíos, que, excitados por un tal Cresto, provocaban continuos alborotos. (Los doce Césares, Claudio XXV)

Cuando aquí hace referencia a judíos, y a un tal Cresto, caben dos posibilidades, sobre las que muchos expertos siguen aún debatiendo. En primer lugar, bien pudiese ser un error de transcripción del nombre “Cristo”, por Cresto, aunque tratándose de un escritor de su talla y gran investigador de los datos que aporta en sus escritos sería extraño. En ese caso, también debió confundirse al hablar de Cristo como si viviera aún en tiempos de Claudio, cuando realmente habían pasado casi diez años de su muerte. Si este era el caso, aunque no mencionase allí el nombre de cristianos, es muy probable que Suetonio haya incluido a los cristianos cuando se refería a los judíos, teniendo en cuenta que para ese tiempo al cristianismo se le consideraba una secta judía más y siendo esta una minoría religiosa, pudiera haber oído acerca de ellos. En el mismo capítulo nos cuenta que Claudio también prohibió a los druidas, a quienes menciona como personas de una crueldad atroz, una definición a todas luces exagerada y falsa, pues no se conocen a los druidas como personas violentas, ni guerreras, más bien eran sacerdotes y magos, oráculos, consejeros, pero nunca lucharon ni pertenecieron a ejército alguno, ni se les conocen ritos de sacrificios humanos. De alguna manera el mismo Suetonio está demostrando prejuicios contra las minorías religiosas, común entre las altas esferas de Roma. 


También señaló que Claudio hizo esfuerzos por consolidar la adoración de los dioses tradicionales, se le dio importancia a restaurar templos, mostrando un celo y devoción especial a los dioses romanos. Justificando así a que se persiguiera a otras minorías religiosas que no fueran las tradicionales. Notemos también este comentario en un párrafo anterior: Con respecto a las ceremonias religiosas y a las costumbres militares y civiles, así como a la situación de todas las órdenes sociales, tanto en Roma como fuera de ella, corrigió ciertas prácticas, restableció otras caídas en desuso (…) Puso especial cuidado en que, siempre que hubiese un temblor de tierra en Roma, se decretase unos días festivos, y que cuando se observase una ave de mal agüero en el Capitolio, se ofrecieran rogativas públicas a los dioses. (Los doce Cesares, Claudio XXII)

Esto muestra que el celo de Claudio por sus tradiciones, estuvo detrás de su personal lucha contra otras ideologías ajenas al imperio. Suetonio parecía defender esa actitud del emperador, incluso la elogiaba. Esto, unido a su personal odio hacia los cristianos, alimentado por lo que su amigo Plinio pudiera haberle comentado al respecto, es posible que le hicieran errar en detalles, para él poco importantes, como la forma de escribir un nombre. Así que bien pudiera referirse a Cristo en la primera cita, como alusión al líder al que los cristianos, que en su mayoría judíos, predicaban y contra lo que otros judíos enemigos renegaban.

No obstante, contra el argumento de que se refería a Cristo y a los cristianos, hay varios detalles a tener en cuenta, uno de ellos era precisamente esa buena relación de Suetonio con Plinio el joven, el cual era bien conocedor de los cristianos y que pudo informar a su amigo escritor la diferencia de estos con los judíos. Es más, en el capítulo relacionado con Nerón, sí utiliza el término cristianos, al afirmar: “Los cristianos, clase de hombres llenos de supersticiones nuevas y peligrosas, fueron entregados al suplicio (Los Doce Césares cap. Nerón XVI). Queda claro que sabía de la existencia de estos y que eran diferentes de los judíos. Luego tenemos el testimonio que da el mismo libro de los Hechos de los apóstoles, corroborando lo mencionado por Suetonio sobre la expulsión de los judíos de Roma: Después de esto Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Y se encontró con un judío que se llamaba Aquila, natural del Ponto, quien acababa de llegar de Italia con Priscila su mujer, pues Claudio había ordenado a todos los judíos que salieran de Roma. Fue a ellos, y como él era del mismo oficio, se quedó con ellos y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas. (Hechos de Apóstoles 18:1-3).  

Es digno de notar que aquí también hace referencia a que Claudio expulsó a todos los judíos, sin distinción, sin embargo los mencionados en este relato, Áquila y Priscila eran cristianos aunque judíos de raza y tuvieron que salir de Roma, además menciona de manera específica que Claudio expulsó a los judíos, no dice a los cristianos, lo que Suetonio confirmó. Es muy posible que los tumultos a los que se refiere Suetonio tuvieran relación con la oposición, en algunos casos violenta, con la que muchos judíos recibieron a la nueva comunidad cristiana, que en esos tiempos se nutría principalmente de adeptos judíos. En el libro de los Hechos de Apóstoles se mencionan varias trifulcas de líderes judíos contra los misioneros cristianos.

Basándonos en esto, cabría la posibilidad de que el nombre Cresto, mencionado por Suetonio, tal vez fuera el de un cristiano muy predicador y celoso de la época, lo cual, como solía ser habitual, llamó la atención de las autoridades religiosas judías y se formara un tumulto en torno a él entre judíos y cristianos. También cabe la situación opuesta, que Cresto haya sido un judío alborotador enemigo de los cristianos y causante de los disturbios que colmaron la paciencia del emperador o incluso.

Pero debemos decir también que el nombre Cresto no era un nombre hebreo, como si lo era Jesús, (Jeshua), tampoco era un nombre griego o romano, pues en griego Cristo tampoco era un nombre, sino más bien la traducción de la palabra hebrea “mesias” cuyo significado es escogido o ungido. De hecho, en varias traducciones o copias de este libro de Suetonio aparecen distintas grafías, tales como Chresto, Cheresto, Cresto, Christo y Cristo. Y algunos expertos afirman que es posible que se diera el caso de un fallo ortográfico por parte del historiador o del copista del que nos han llegado las copias más antiguas. Por tanto, podemos concluir que Suetonio tal vez quiso señalar que los disturbios que provocaron la expulsión de los judíos fue por causa de la revolución religiosa iniciada por el fundador del cristianismo, Cristo en el seno del judaísmo y que provocó el hartazgo del emperador.  

Pero incluso no siendo esta una referencia a Cristo, en cualquier caso, las informaciones presentadas por Suetonio casan con lo mencionado en las narraciones cristianas más antiguas sobre disturbios entre judíos por el cristianismo y expulsión de  los judíos por parte de Claudio y eso es lo importante.

Con respecto a la segunda mención, esta vez más directa, fue cuando trata la vida de Nerón, si bien no menciona nada en cuento a lo de culpar a los cristianos del incendio, como vimos antes, si habló de forma despectiva de estos, pues hace referencia a ellos como un tipo de hombres llenos de supersticiones nuevas o como lo expone otra traducción: que practicaron una nueva y maléfica religión.

Entra en lo normal que un hombre como Suetonio, defensor de las tradiciones romanas, además informado por Plinio el joven, hablase de esa manera tan despectiva del cristianismo romano. Encajando además, con los testimonios tanto de cristianos como de otros historiadores paganos sobre la persecución por parte de Nerón.

Otros detalles que corroboran de alguna manera los relatos de los evangelios es la mención que hace Suetonio de un censo en los tiempos de Augusto que coincide con una inscripción de este en los archivos imperiales. Veamos en primer lugar lo que describe el evangelio de Lucas: Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de César Augusto, para que se hiciera un censo de todo el mundo habitado. Este fue el primer censo que se levantó cuando Quirinio era gobernador de Siria.  Y todos se dirigían a inscribirse en el censo, cada uno a su ciudad. Y también José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para inscribirse junto con María, desposada con él, la cual estaba encinta. Y sucedió que mientras estaban ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.  (Lucas 2:1-6)

 Lo del primer censo en tiempo de Quirinio es tema de debate entre teólogos e historiadores, algunos afirman que el evangelista Lucas se equivocó pues durante ese primer censo Judea no era parte de Siria y por tanto no entraba en la jurisdiscción de aquel gobernador, lo que sí está atestiguado es que Cesar Augusto efectivamente realizó varios censos. Suetonio lo muestra en su libro también: Augusto asumió igualmente y a perpetuidad la tutela de las costumbres y de las leyes. Con su atribución, aunque no ostentaba el cargo de censor, ordenó en tres ocasiones el censo del pueblo: la primera y la tercera vez conjuntamente con su colega, la segunda él solo. (La vida de los doce Césares, Augusto XXVII)

Por otro lado, en una inscripción sobre hechos de la vida de Augusto, menciona también los tres censos, dice así: En mi sexto consulado llevé a cabo, con Marco Agripa como colega el censo del pueblo. Celebré la ceremonia Lustral después de que no se hubiese celebrado en 42 años; en ellas fueron censados 4.063.000 ciudadanos romanos. Durante el consulado de Cayo Censorio y Cayo Asinio llevé a cabo el censo por mí solo, en virtud de mi poder consular, en cuya ilustración de contaron 4.233.000 ciudadanos romanos. Hice el censo por tercera vez, en virtud de mi poder consular y teniendo por colega a mi hijo tiberio César, en el consulado de Sexto Pompeyo y sexto Apuleyo, con ocasión de este censo conté 4.937.0000 ciudadanos romanos. (Res gestae Divi Ausgusti)

Este último censo también fue mencionado por Suetonio al hablar de que le ayudó en esta tarea su hijastro Tiberio y poco después moriría Augusto. Pero un detalle destacable aquí es que al parecer tenía costumbre de celebrar un censo tras una ceremonia Lustral. Suetonio también confirma este hecho, lo cual indica que estaba bien documentado. Al parecer este tipo de fiestas se celebraban entre finales de primavera y principios de otoño, nunca en invierno, por tanto, era imposible que se estableciera un censo, incluso en las provincias en fechas tan frías y complicadas como el invierno. Eso a la hora de establecer el nacimiento de Jesús descartaría diciembre como mes para llevar a cabo ningún censo, lo cual no sería un fallo del evangelista Lucas, pues este no menciona la fecha, ni el mes en el que esto sucedió, sino más bien un llamativo detalle que muestra que la fecha del 25 de diciembre fue una asignación posterior, que no contó con lo descrito y explicado en los evangelios, que más bien parecen indicar que fue a principios del otoño y por tanto encajaría con la realización de viajes de este tipo.

Sin embargo, también cabe mencionar que ninguno de estos tres censos encaja exactamente con el mencionado por Lucas, pues por los datos aportados, fueron el primero entre el 26-28 AC, el segundo alrededor del 7 AEC y el último en el año 14 EC, pues al término de este, Augusto moría. Así que, es muy posible que la inscripción antes mencionada solo aplicara a los ciudadanos romanos y no a otros censos en las provincias. Lo cual dejaría libre de fechas los realizados bajo la gobernación consular de Quirinio, que servían con fines recaudatorios. Por supuesto que tocará hacer encaje de bolillos para casar que el año en el que supuestamente nació Jesús estuviera vivo Herodes, que Quirinio gobernara, y Augusto mandase un censo en las provincias de Palestina, esto es algo a lo que se dará una explicación en otro capítulo.

En cualquier caso, el testimonio no libre de prejuicios de Suetonio, nos muestra a las claras que en el siglo I y II existió un movimiento llamado cristianismo, y sin lugar a dudas ya había llegado a Roma y era conocido por los emperadores tan antiguos como Claudio (año 41-54) y Nerón (54-68).



Cornelio Tácito comentando sobre el cristianismo del siglo I

 


De este insigne historiador nacido en el siglo I, en cuanto a lo personal nos han llegado muy pocos datos, tanto es así que se cree que en realidad Tácito era un apodo familiar y ni siquiera era su nombre personal, sin embargo es sumamente apreciado y considerado por los historiadores actuales, como también lo fue en vida, favorecido por varios de los emperadores de su época, como Vespasiano, con quien inició su vida política, después prosperó como cónsul suffectus, bajo Tito, Domiciano y Trajano.

Algunas cosas de su vida las conocemos gracias a la correspondencia con Plinio el joven, del cual fue contemporáneo. Plinio menciona que compartían intereses y trabajo, aunque reconoce la experiencia mayor de Tácito, pues siendo él un jovenzuelo, Tácito ya era un reputado personaje. Sabiendo que Plinio nació en el 62, es posible estimar la fecha de nacimiento de Tácito, al menos siete años antes, en el 55. La relación con Plinio fue fructífera, pues la recopilación de cartas “Plinianas” estaban dirigidas a él, con el fin de documentarle sobre la erupción del Vesubio en Pompeya y otros datos sobre su antecesores, sus explicaciones técnicas y científicas sobre el suceso ayudaron a Tácito a exponerlo de manera más completa.

Según una inscripción hallada en Mylasa, Cornelio actúo como Proconsul de la provincia de Asia, bajo el imperio de Trajano, alrededor del año 112. Aunque antes había llevado a cabo labores como magistrado de alto rango  o cónsul suffectus bajo Nerva. Se sabe que se dedicó a la historia desde el año 97, tras la muerte de Domiciano. Está demostrado que su actividad política y como funcionario del imperio tuvieron que ejercer influencia en sus obras, siempre proclives a defender la supremacía de Roma.

Es en su obra Anales, donde aparecen referencias directas a los cristianos, y aunque no de manera favorable, pero los menciona. A través de él conocimos que fueron perseguidos por Nerón al ser acusados del incendio de Roma, veamos como lo expone Tácito: Y Mas ni con socorros humanos, donativos y liberalidades del príncipe, ni con las diligencias que se hacían para aplacar la ira de los dioses era posible borrar la infamia de la opinión que se tenía de que el incendio había sido voluntario. Y así Nerón, para divertir esta voz y descargarse, dio culpados de este y comenzó a castigar con exquisitos géneros de tormentos a unos hombres aborrecidos del vulgo por sus excesos, llamados comúnmente cristianos. El autor de este nombre fue Cristo, el cual, imperando Tiberio, había sido ajusticiado por orden de Poncio Pilato, procurador de la Judea y aunque por entonces se reprimió algún tanto aquella perniciosa superstición tornaba otra vez a reverdecer, no solamente en Judea, origen de este mal, pero también en Roma, donde llegan y celebran todas las cosas atroces y vergonzosas que hay en las demás partes.(…) A la hora de su muerte se recurrió además a burlas, de tal manera que, cubiertos con pieles de alimañas, perecían desgarrados por los perros, o bien, clavados a maderos y, tras prendérseles fuego, eran quemados para ser usados como antorchas de noche. (…) Y así, aunque eran culpables estos y merecedores del último suplicio, movían con todo eso a compasión y lástima grande, como personas a quien se quita tan miserablemente la vida, no por provecho público, sino para satisfacer a la crueldad de uno solo. (Anales, libro XV,  44)


         Algunos revisionistas de la historia afirman que es posible que esta parte del texto haya sido un añadido posterior, claro que se intenta limpiar la imagen tiránica y extravagante de Nerón. Y para ello aluden al detalle de que nadie más se haya hecho eco de este suceso, es decir del hecho de que se culpara a los cristianos del incendio de Roma. Ni Suetonio, Tito Livio, ni Flavio Josefo, ni otros historiadores mencionan tal circunstancia, pese a que hablan del suceso del incendio de Roma. Sin embargo, por una cita de este párrafo de Tácito que hace Sulpicio Severo, un monje aquitano del siglo V, parece ser que ya circulaba en ese tiempo el texto de Tácito con esa supuesta adulteración. Expertos en textos antiguos aseguran que el texto en cuestión no difiere en estilo, ni en la manera de exponer los detalles a como lo hace Tácito en otras partes de su obra y casan perfectamente en su escrito. Por otro lado, Suetonio, que si se hace eco del incendio, también hace referencia a la posible culpa de Nerón, y la búsqueda de falsos culpables, aunque no dice nada de la persecución de los cristianos por esa causa.


        Que Nerón persiguiera a los cristianos tampoco debería sonar extraño, sencillamente su antecesor Claudio ya había iniciado la persecución de estos, quiso expulsarles de Roma según muestra el libro de los Hechos de los apóstoles, por tanto no sería nada extraño acusar a aquellos que ya estaban señalados y perseguidos. El apóstol Pablo se despidió de su compañero Timoteo en una carta escrita para el tiempo de Nerón, alrededor del año 64EC. En ella habla de que sería sacrificado como libación, indicando tal vez no una muerte natural, si no en ejecución tras un juicio.

         Hay una recopilación de 14 cartas en latín, de una supuesta correspondencia entre el apóstol Pablo y Seneca, el maestro de Nerón, que si bien no es un documento aceptado por la unanimidad de los eruditos, si guarda similitud a la escritura del apóstol, y en las respuestas de Séneca, este menciona a Pablo y a Teófilo. Curiosamente en las cartas no aparece el titulo de cristianos, ni cristianismo, pero se intuye que se habla de ello. En este caso también menciona lo del incendio, y en una de dichas cartas el interlocutor de Séneca parece solicitar a este que muestre cuidado de no enseñar su correspondencia a Nerón, por causa de su esposa y su aversión a los cristianos.  Se sabe por Flavio Josefo, que Popea, la esposa de Nerón era conversa judía, y en más de una ocasión intercedió a favor de estos, eso explicaría el odio hacia los cristianos al que hace referencia el documento antes citado (y supuestamente de Pablo) y que coincidiría perfectamente con la actitud de Nerón hacia estos, influenciado tal vez por su esposa. 

Aunque esa correspondencia no tuviese como autor a Pablo, como parecen indicar varios eruditos, está claro que si hace referencia a hechos de ese momento y en ese tono de un cristiano pidiendo ayuda discretamente a un influyente personaje, esto indica que el escrito se atiene a las circunstancias del momento y corrobora el comentario de Tácito sobre la persecución hacia los cristianos por parte de Nerón.  

Otro detalle al que hace referencia Tácito es a la destrucción de Jerusalén por el ejército romano en el año 70, comandado por el general Tito. En su libro “Historia”, lleva a cabo un brevísimo relato de los judíos desde Moisés hasta sus días, con algunas opiniones desde su percepción personal. No obstante deja caer un interesante dato sobre lo sucedido tras la muerte de Herodes el grande. Dice: a la muerte de Herodes, sin aguardar ninguna decisión del César, un tal Simón usurpó el título de Rey y recibió su castigo a manos de Quintilio Varo, que gobernaba en Siria; también en represalia, la población fue repartida en tres gobiernos asignados a los hijos de Herodes (Historias Libro 5.9 Cornelio Tácito).

         Es interesante que mencione ese detalle sobre la división del gobierno de Herodes en una especie de tetrarquía, pues así lo hace también el evangelio de Lucas en el capítulo 3, cuando menciona que en el año 15 de Tiberio, Herodes era gobernante de Galilea, su hermano Filipo lo era de Iturea y Lisanias de Abilene, queda confirmado que el escritor del evangelio conocía bien ese detalle que solo lo mencionan Tácito y Josefo décadas después. Además, se conoce una inscripción hallada en Abila, relacionada con la dedicación de un templo durante el reinado de Tiberio, en la que aparece el nombre de Lisanias el tetrarca.

         No menciona a los cristianos en esa ocasión, pero si da detalles como plataformas, parapetos y toda clase de invención desde lo antiguo a lo más moderno para el asedio, utilizadas por Tito para la invasión final, como también hace referencia al tiempo transcurrido entre el primer intento de invasión por Cestio Galo y la toma de la ciudad por Tito, cuatro años en total. Según los historiadores cristianos ese tiempo, sobre todo el año tercero fue aprovechado por los cristianos para huir de Jerusalén y Judea y escapar de la matanza anunciada por Jesús.


         Que un historiador romano, defensor de lo suyo, enemigo de las minorías y nada proclive ni conocedor de las enseñanzas de Cristo, mencione a los cristianos y corrobore datos que aparecen en las escrituras cristianas es cuanto menos indicación de que en su tiempo, (años 55-120) aquellos seguidores de Cristo eran bien conocidos. 




Flavio Josefo ¿Habló realmente de Jesús o fue manipulado?

 



 Yosef Ben Mattiyahu, más conocido por su nombre latinizado, Flavio Josefo. Josefo nace en Jesrusalén en el año 37, cuatro años después de la supuesta muerte de Jesús. Por tanto, no lo conoció personalmente, pero para ese tiempo el cristianismo, según el libro de los hechos, ya se hacía notar en la ciudad y en toda Judea. Con veinticinco años sobresalía como uno de los líderes intelectuales de las revueltas judías, aunque gracias a su cultura y diplomacia, supo ganarse el favor y respeto de las autoridades romanas. En el año 64 se trasladó a Roma para conseguir que Nerón liberara a algunos sacerdotes capturados durante las primeras revueltas judías, y al parecer lo consiguió. De gran inteligencia y perspicacia, pese a ser capturado al rendirse en el año 67, tras la caída de la defensa de Galilea, se ganó la benevolencia de Vespasiano y luego sirvió de mediador entre las huestes de Tito y los derrotados judíos. Fue testigo ocular de la destrucción de Jerusalén y del destierro de los judíos. Volvió a Roma y se ganó una pensión vitalicia y la ciudadanía romana otorgada por el emperador Vespasiano. Fue allí donde empezó a escribir sus libros, obras tan importantes como los dos tomos de “La guerra de los judíos”, “Antigüedades judías”, “Contra Apión” y finalmente su  propia Autobiografía.

Fue precisamente en Antigüedades judías, donde aparece la más antigua cita sobre Jesús, fuera de la biblia, de la que se tiene constancia, esta dice así: Por aquel tiempo existió un hombre sabio, llamado Jesús, si es lícito llamarlo hombre, porque realizó grandes milagros y fue maestro de aquellos hombres que aceptan con placer la verdad. Él era el Cristo. Delatado por los principales judíos, Pilatos lo condenó a muerte. Aquellos que antes lo había amado no dejaron de hacerlo, porque se les apareció al tercer día resucitado… Desde entonces hasta la actualidad existe la agrupación de los cristianos. (Antigüedades judías III, 3)

También tenemos esta otra, haciendo referencia a Juan el Bautista: Algunos judíos creyeron que el ejército de Herodes había perecido por la ira de Dios, sufriendo el condigno castigo por haber muerto a Juan, llamado Bautista. Herodes los hizo matar, a pesar de ser hombre justo que predicaba la práctica de la virtud, incitando a vivir con justicia mutua y con piedad hacia Dios, para así recibir el bautismo.(Antigüedades judías V, 2) Algunos alegan que esa mención de Jesús y la de Juan el bautista son interpolaciones posteriores, forzada por los cristianos de siglo IV. Alegan esto, pues en las copias más antiguas, faltan estas partes, si bien en los fragmentos encontrados faltan muchas más cosas, lógico por otro lado, pues se trata de trozos fragmentados. Sin embargo, de ser una interpolación tendría que tener el sentido de apoyar al cristianismo y asemejarse lo más posible a las escrituras cristianas, si alguien quisiera falsificar sería lo más apropiado. Observamos que habla bien de Jesús, pero no le da el halo de divinidad que le daban muchos en el siglo IV. Como Eusebio de Cesarea, al parecer utilizó las obras de Josefo como fuente propia para su Historia eclesiástica, se ha sugerido que parte o la totalidad de la cita donde se menciona a Jesús como el Cristo es posiblemente una manipulación del propio Eusebio, pues el estilo parece diferir al del historiador judío.

Hay otra mención curiosa en el libro de Josefo, es sobre la muerte de Santiago, lo menciona como hermano de Jesús el que es llamado Cristo, muerto por orden de Ananías, sumo sacerdote (Antigüedades judías XX, 9) Es curioso que mencione esto, pues no aparece en ninguna parte de la biblia la muerte de este Santiago, si se menciona la de otro Santiago, el hermano de Juan, que fue muerto por Herodes. Es curioso, pues de haber sido una añadidura, se habría hecho coincidir lo expuesto en el libro de los Hechos con lo mencionado por Josefo. Es interesante notar que al contrario de las otras esta cita si aparece en los fragmentos más antiguos de la obra de Josefo, por lo tanto no se puede argumentar que no es autentica.

Algunos expertos que alegan que la referencia más temprana de la mención de Jesús por parte de Josefo se encuentra en los escritos de Eusebio, pero no es así. Orígenes del siglo III, en su libro contra Celso y en su comentario sobre Mateo, también cita las obras de Josefo, mencionándolo por nombre hasta 11 veces para demostrar que otros historiadores no cristianos hablaron de Jesús. Orígenes hasta se sorprendía que a pesar de que Josefo no creía en Jesús como el mesías, escribiera con respecto a Santiago, su hermano.

En cualquier caso, era historiador judío y por tanto era lógico que mencione a Jesús como personaje real que vivió en esa época, sobre todo si con su enseñanza generó un movimiento revolucionario. La cuestión es que, como los manuscritos completos más antiguos que se encuentran de los libros de Josefo datan del siglo XI, y no se han encontrado los originales, nada convence a los negacionistas de que las citas son verdaderas. Si bien,  la razón de que apenas hayan llegado copias de este historiador es porque era odiado por los judíos y considerado un traidor.

Serge Bardet, historiador francés y especialista en literatura clásica, ha tratado de poner fin a esta polémica que ha durado más de cuatro siglos. Su investigación vio la luz con el título Le Testimonium Flavianum: Examen historique considérations historiographiques (El Testimonium Flavianum. Examen histórico y factores historiográficos).

En esta obra afirma que debemos tener en cuenta que Josefo no era un escritor cristiano, sino un historiador judío. Por lo tanto, gran parte de la polémica gira en torno a las palabras que usó para identificar a Jesús: “Era el Cristo”. Los negacionistas afirman que jamás un judío utilizaría ese título para alguien a quien no ve como tal, en todo caso, utilizaría de manera menos formal, sin el artículo “el”. Pero en su análisis, Bardet declara que ese título concuerda “en todo sentido con el idioma griego, que usa el artículo delante de los nombres de personas”. Bardet añade que desde el punto de vista judeocristiano, no es imposible que Josefo haya usado el término “Christo”.

Pero Josefo también hace referencia a otros asuntos aparecidos en los textos cristianos. Por ejemplo, en Hechos de los Apóstoles se dice que un famoso maestro del sanedrín llamado Gamaliel, sale al paso en defensa de los cristianos, haciendo ver a sus compañeros que puede que se tratara de un grupo de sectarios que quedaría disuelto tras la muerte del líder, como sucedió con los de Judas el galileo que apareció en los días del censo y consiguió seguidores, pero murió y sus seguidores fueron esparcidos, o de algo que proviene de Dios, en tal caso nada podían hacer para erradicarlos. Curiosamente, Josefo también menciona a este personaje, hablando de las diferentes sectas que dividían al judaísmo, menciona específicamente a Judas el galileo, del cual dice que lideró un movimiento que imitaba a los fariseos, pero amaban de tal manera la libertad que la defendían violentamente. (Antigüedades de los judíos I, 6). Aquí no cabe interpolación alguna, como tampoco en otra mención indirecta, como cuando hablando de Pilatos dice que cuando dispuso llevar agua a Jerusalén, utilizó el dinero del tesoro del templo, el pueblo protestó, pero la obra se llevó a cabo a costa de una matanza. En el evangelio de Lucas se hace referencia a una situación que bien pudiera coincidir con la mencionada por Josefo, en este caso el escritor de Lucas lo describe así: En esa misma ocasión había allí algunos que le contaron acerca de los galileos cuya sangre Pilatos había mezclado con la de sus sacrificios. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque sufrieron esto? Os digo que no; al contrario, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. ¿O pensáis que aquellos dieciocho, sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, eran más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalén? (Lucas 13:1-4)

                            Posible localización de la Torre de Siloé mencionada por Josefo y los evangelios

La Torre de Siloé que se menciona aquí que se desplomó y mató a 18 personas, era una fortificación que estaba cerca del estanque del mismo nombre, dicho accidente bien pudiera haber estado relacionada con la construcción del acueducto mencionado por Josefo y que fue motivo de tumulto, por el cual murieron muchos, y razón por la cual el evangelio menciona que Pilatos había mezclado la sangre de personas con la de sus sacrificios, por aquello de haber utilizado fondos considerados sagrados.  

De nuevo, hablando de Poncio Pilatos también en su capítulo III, lo acusaba de crear malestar entre el pueblo judío por sus decisiones arbitrarias, menciona una anécdota en la que quiso colocar en medio de la ciudad la efigie del emperador. Pero ante las protestas del pueblo, y del valor que demostraron y su tenacidad para que eliminara las imágenes que ellos consideraban idolátricas, ordenó que las tales imágenes fueran trasladadas de Jerusalén a Cesarea. (Antigüedades judías Cap III Parr1)

 Es interesante esta mención de Pilatos aquí, pues salvo por estas citas, por otra de Tácito, un comentario de Filón de Alejandría y por la mención en los evangelios, nadie más parece que conoció la figura de este gobernador, el que supuestamente mandó a ajusticiar a Jesús. ¿Pudo ser esta también una interpolación interesada en los escritos de Josefo, añadida además también a las obras de los demás escritores antes mencionados? El caso es que muchos pusieron en duda la existencia de Poncio Pilatos, pues no aparecía su nombre en las listas de gobernadores romanos en la zona, la ciencia es así, si no hay pruebas documentales no se considerara un personaje real, claro que las listas de gobernadores romanos de la zona no están completas, hay datos perdidos. 

                                            Placa en honor a Poncio Pilatos encontrada en Cesarea

Sin embargo, en 1961 se encontró en Cesarea Marítima, entre unos restos romanos en la costa de Israel, una placa de piedra con la inscripción que decía: Poncio Pilato, prefecto de judea, ha dedicado al pueblo de Cesarea un templo en honor de Tiberio. Y con eso se zanjó la cuestión, pues esta inscripción venía a corroborar la existencia de dicho personaje. Pero también el hecho de que no sea en Judea si no en Cesarea donde se le diera honores tiene mucha importancia, pues demuestra que aunque era gobernador de Judea se le apreciaba más en la tierra donde pasaba sus vacaciones. Eso viene a confirmar lo que decía la obra mencionada por Josefo sobre el traslado de la estatua de Tiberio, posiblemente fuese a parar a ese templo dedicado a él y a su vez también apoyaría la opinión de Josefo con respecto a la poca devoción que los judíos profesaban a su gobernador, asunto que también es apoyado por los evangelios.  

Queda fuera de duda que hay asuntos que no pudieron ser manipulados, salvo que inventemos que Josefo fuera un personaje creado por los cristianos para apoyar sus tesis, pero ¿Crear una obra tan grande en defensa del judaísmo para apoyar al cristianismo con dos o tres citas? No tiene sentido ni lógica, por tanto aceptamos a Josefo como historiador que existió y fue independiente del cristianismo, y que sin embargo corrobora con pequeños datos, hechos, lugares y personajes que aparecen en los evangelios.