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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
Depósito legal: M-20243-2011

Verdadero origen de las hogueras de San Juan

Las llamadas fiestas de las hogueras de San Juan, según algunas tradiciones proviene de la celebración del nacimiento de Juan el Bautista, seis meses antes de la navidad.  Fecha atribuida, no por las escrituras bíblicas, donde no se menciona la fecha, si no por la conclusión de que nació seis meses antes de Cristo y por tanto si Jesús nació un 25 de diciembre Juan los hizo un 25 o en este caso, 24 de Junio. 

En primer lugar diremos que, por supuesto la Biblia no afirma que Jesús naciera en tal fecha, eso fue establecido siglos después, por tanto la decisión de establecer la navidad también afectó a la fecha de nacimiento de Juan. Es verdad que en las escrituras se indica que Juan el Bautista nació seis meses antes, pero muy posiblemente eso sucediese en otro momento del año. Por indicaciones textuales del evangelio de Lucas, la época cuando se le anunció el embarazo de su esposa, este estaba de servicio en su correspondiente tiempo (pertenecía a la sección de Abías, correspondiente a la segunda semana de mayo). Nueve meses después nos lleva a febrero-marzo. 



Otra tradición errática es afirmar que Zacarías el padre de Juan celebrase su nacimiento, y menos que mandase a realizar una hoguera para aclamar al mundo el nacimiento de su hijo. Solo se menciona en el evangelio de Lucas, el momento de realizar la ceremonia de la circuncisión del niño, que era cuando se le ponía tradicionalmente el nombre, y se dice que en ese momento el padre, que había perdido la voz, la recupera y profiere unas bendiciones, y algunas palabras proféticas, pero nada menciona el evangelio sobre celebraciones posteriores o anteriores, ni estaba entre las tradiciones judías hacer fogatas u hogueras para celebrar el nacimiento de nadie, ni siquiera los reyes lo hacían en Israel de la antigüedad. 

Sin embargo ese detalle de la hoguera de Zacarías, es el que recogen casi todas las fuentes que intentan explicar los orígenes de estas fiestas, la razón por la que fueron cristianizadas y el origen de las fogatas. Por más que se intente buscar de dónde proviene el pasaje donde Zacarías manda a realizar una hoguera para celebrar el nacimiento de su hijo, no se encuentra en ningún escrito.  Sencillamente unos y otros han ido pegando y copiando, sin investigar o profundizar nada sobre el asunto. Sucede a menudo, sobre todo cuando se intenta justificar algo y se da por sentado que si lo dice un experto, en este caso un sacerdote o teólogo, sabrá mejor que nadie sobre el asunto. 

Por tanto, importante es aclarar que ni siquiera en el apócrifo evangelio de los hebreos ni en el de los nazarenos aparecen citas que relaten ese acto de realizar una hoguera. No lo mencionan, ninguno de los escritores posteriores, como Ireneo, Orígenes, Tertuliano, ni posteriores a la implantación del cristianismo y la sustitución del paganismo o de las fiestas paganas por las cristianas, como Agustín, Eusebio de Cesarea o Jerónimo. Tampoco hace referencia a ese hecho la enciclopedia católica, donde se limita a explicar lo poco que menciona el evangelio de Lucas sobre su nacimiento. 

Todo esto nos lleva a la conclusión de que alguien con una intención clara de justificar algo, se inventó esa cita y la ha hecho circular, de manera que hasta las más prestigiosas revistas, periódicos y libros han mencionado ese relato como si fuese un relato bíblico, cuando no lo es. Por increíble que parezca, no hay manera de demostrar fehacientemente quien fue, pero más tarde aclararemos el posible origen de tal leyenda.

Dicho esto, diremos que para explicar el origen de esta fiesta, nos tenemos que remontar a la mas temprana antigüedad donde encontramos rituales relacionados con el solsticio de verano, o que simplemente se llevaban a cabo para celebrar el final de la primavera, en casi todas las civilizaciones del hemisferio norte. 


En realidad se trata de numerosos ritos supersticiosos relacionados con el deseo de un buen verano, las cosecha, el final de la época lluviosa, los cambios de ciclos.  Se han encontrado indicios de que más de tres mil años antes de Cristo, coincidiendo con el solsticio el día 21 de junio, ya se celebraba en el hemisferio norte ya había celebraciones muy parecidas a la de la actual Noche de San Juan en la que las hogueras eran las protagonistas. De hecho en el folclore antiguo era una de las mayores fiestas mágicas del año. Se conoce también una celebración similar en el hemisferio sur, cuando ocurre a la inversa, el otoño da paso al invierno. Por eso, los incas tenían la fiesta de Inti Raymi, que hacían en honor al dios Sol Inti y que marcaba la llegada del solsticio de invierno, lo cual demuestra que todas la fiestas de esa época estaban relacionadas de alguna manera con la adoración al sol. 

Se dice que en lugares solitarios hay tesoros ocultos esperando al afortunado buscador. Las varitas de los zahoríes se deben de cortar ese día. Las hierbas medicinales reciben facultades inusuales de curación, que retienen si son arrancadas la noche de la festividad. Los druidas concedían gran importancia al sol y también incluyeron rituales con fuego en el día más largo del año.

Algunos hacen referencia a una tradición curiosa donde se afirma que nuestros antepasados creían que el sol estaba enamorado de la Tierra, y que cada año, justo el 21 de junio, se negaba a abandonarla. Para homenajear la relación se festejaba y se encendían hogueras.

También hay quien apunta a los celtas como a los creadores de esta tradición. Se dice que durante el solsticio de verano, este pueblo encendía grandes hogueras para buscar la bendición de sus tierras y asegurarse de que estas daban fruto suficiente para alimentarse. Además, a través del fuego pedían a la divinidad un futuro próspero para las parejas de enamorados y fertilidad para las mujeres. 

Se dice que por ello saltar por encima y pedir algún deseo tiene que ver con esa idea supersticiosa de dar al sol fuego para que no se retire, a cambio este nos concedería ese deseo. Otras tradiciones apuntan a que ese día es bueno quemar lo malo, muebles viejos y otras cosas inservibles para cambiar y espantar malos espíritus. También se fueron añadiendo tradiciones, como la quema de muñecos que representan al mal, baños de medianoche en las playas, quema en Alicante de ninots.

En el norte de África, Marruecos y Argelia, también se hacen hogueras en las plazas de los pueblos, donde se queman los males augurios y es una fiesta relacionada con le fertilidad. En Algunos países nórdicos se celebra el Midssummer, donde lo común es colocar un palo vertical con punta, llamado Maypole, una especie de figura fálica y todos bailan alrededor del monumento el vodka y otros licores se consumen en cantidad y sin límite. Esa fiesta tenía relación con ancestrales fiestas fálicas vikingas. 

En Galicia, se hace mención a las meigas, que realizan conjuras con las llamas y con ello libran al pueblo de maldiciones. En La Coruña, que curiosamente esa fiesta se da en honor a la virgen del Rosario, existen distintos rituales mezclados con tradiciones mágicas o esotéricas, como el ritual de las flores espanta brujas, cuando las mujeres que vuelven del mercado portan un curioso y llamativo ramo de flores y plantas silvestres, donde malvarrosa, artemisa, espadaña, fiuncho, bieiteiro, se entremezclan con ramas de hierbas aromáticas, como malvavisco, orégano, torvisco, o hierba de Santa María, formando un curioso ramo, que según la tradición servirá, una vez macerado en agua, dejado al rocío de la noche y tras las correspondientes abluciones al despertar el día 24, para supuestamente preservar de cualquier mal, tanto del cuerpo como del espíritu y a la vez, para proteger de cualquier maleficio de las meigas. 


No se sabe exactamente cuando se cristianizó la fiesta, pero el caso es que incluso se cambió a la fecha actual del 24 de Junio, en lugar del original 21. Por supuesto, probablemente fue cuando se estableció que el día 24 sería el del nacimiento de Juan el Bautista y cuando se introdujo la mentira sobre el ritual que su padre mandó realizar. Se dice que para el siglo IV, cuando se estableció la fecha del 25 de diciembre para el nacimiento de Cristo, también se hizo lo suyo con el 24 de junio para el de Juan el Bautista. Sin embargo, no hay referencia alguna a que por esa época se establecieran celebraciones especiales en honor al bautista. Los romanos celebraban el día de Diana, la diosa romana de la luna, curiosamente se celebraba que, a partir de ese día, ella triunfaría sobre el sol, pues después del día más largo, estos se acortarían y la luna o la noche triunfaría. Así, en realidad,  la festividad de Juan vendría a suplantar a la de Diana.

Pero los rituales alrededor del sol y festejados en el solsticio de verano, no tenían inspiración griega o romana, sino que estaba en casi todas la civilizaciones euroasiaticas, como ya vimos. En muchas de ellas se llevaban a cabo rituales de purificación con el fuego, espantar malos espíritus, hacer votos para la fertilidad. 

Tenemos que irnos al siglo XIII, por el tiempo de Tomas de Aquino y su idea de un purgatorio, y a las primeras quemas de herejes por parte de la inquisición, para encontrar las primeras referencias a esa historia del fuego de Zacarías. El fuego llegó a significar el castigo eterno que Dios tenía preparado para los malos y luego la purificación del alma para los buenos era el purgatorio. Por tanto, para purificarse del mal debían saltar por el fuego del infierno, quemar todo lo malo y con ello se inventó la leyenda de la hoguera de Zacarías, que incluso algunos dicen que el propio Zacarías saltó, con cerca de 90 años. Una muy mala adaptación para purificar una fiesta pagana por excelencia. 


En realidad hoy día, esta fiesta, lejos de purificar y de librarnos de lo malo, solo sirve de pretexto para la jarana, para la borrachera, y en los lugares de costa, para lanzar al mar más basura de la que normalmente se lanza todos los días. Nos recuerda también que los humanos con tal de divertirnos, aprovechamos cualquier ocasión, sin importar el sentido o a quien invocamos y sobre todo el daño ecológico que significa quemar toneladas de madera, papel y plástico con la cantidad de monóxido de carbono y Co2 que expulsamos esa noche a la atmósfera y la suciedad que dejamos esparcida al día siguiente.




Origen de las Fallas de Valencia




Vamos a hablar de una curiosa celebración primaveral, una fiesta tradicional valenciana que, por alguna razón, se ha ganado la protección de ser una fiesta de interés cultural por la UNESCO, que la ha constituido como “Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad”. Una protección que se otorga a fiestas de gran arraigo popular por su vistuosidad y popularidad. 


Hablamos de las Fallas valencianas, un curioso evento en el que en un día se queman inmensas estatuas de material inflamable, que incluye “ninots” o muñecos satíricos que representan acontecimientos de la actualidad, sea políticos, deportivos o de otra índole popular, construidas durante todo un año y que junto a los petardos, hacen del fuego el principal protagonista.



¿Qué origen tiene esta peculiar fiesta?



Falla, es una derivación de la palabra latina Fácula, que significa antorcha. Así una falla en dialecto valenciano era una antorcha utilizada para alumbrar. Pero también se utilizaba esa palabra “falla”, para hacer referencia a las antorchas que se encendían en momentos de celebración para hacer arder hogueras. En el siglo XVI, el término derivó en el fuego que se hacía en el suelo, como centro de reunión o las hogueras que se encendían en determinados momentos, como los rituales previos al equinoccio de primavera.

Por otro lado, debemos remontarnos a la antigüedad ancestral para ver el origen de las hogueras festivas en Valencia. En la zona de Valencia era común la celebración mágica del fuego, para el equinoocio de primavera, entre el 19 y 21 de marzo. Se dice que se solían hacer para apaciguar a los dioses o para acercarse a ellos. Se hacían hogueras o piras, donde se echaba a arder todo lo malo, similares a las que se hacían para iniciar el verano, el 24 de Junio. El fuego tenía diversos significados, la llegada de la luz más prolongadamente, la luz del fuego simboliza esa protección que aleja la oscuridad siniestra del invierno. Con la llegada de la cristiandad, aquellas viejas costumbres se intentaron erradicar, siendo consideradas heréticas, perseguidas fueron durante el inicio de la inquisición de Inocencio III, en el siglo XII pues se consideraba una celebración pagana.

Sin embargo, se mantuvo durante siglos esa costumbre, tanto es así que en el siglo XVIII el Diario de Valencia, fechado en marzo de 1792, recoge la queja de un vecino, lamentándose de la poca veneración que se tenía por San José y los dañosos excesos que se comenten en su víspera y día, haciendo referencia a la costumbre de las hogueras del equinoccio primaveral.

Por otro lado, los campesionos de la huerta valenciana, tenían una ancestral costumbre arraigada relacionada con los “Stots”, palabra que proviene del latín stipes, que significa palo, tronco de árbol y que con el tiempo hacía referencia a los espantapájaros con forma humana, estos utilizaban dos stipes para la creación de un muñeco en forma de cruz y que después era quemado, cuando los convertían en Stot Fel como parte de las vísperas de la primavera, para pedir la bendición de los campos.

Se dice que los gremios de carpinteros tenían por costumbre quemar hogueras con los restos, virutas y trozos inservibles, para celebrar la primavera, algunos afirman que en honor a su patrón San José. Pero eso fno fue así, pues realmente los gremios de carpinteros no celebran tal día de San José, pues consideraban como su patrón a San Lucas, que se celebraba en octubre. Fue a raíz de que la iglesia intentase poner fin a los rituales paganos de las quemas o fallas previas al inicio de la primavera, que estos fueron obligados de alguna manera a aceptar a San José como su patrón, esto llegó hasta el siglo XIX.

También fue por el siglo XVIII que se empiezan a notar ciertas quemas rituales en muchas ciudades y aldeas valencianas, como la costumbre de quemar ninots o muñecos satíricos, que representan a personajes a los que la gente rechaza o pretenden señalar por sus malas acciones contra el pueblo. Todo esto se hizo coincidir aproximadamente para princpios del siglo XIX, más concretamente en la segunda década, con la inquisición aún en vigor, cuando la iglesia en su afán por erradicar la hereje costumbre de las fallas de Stots y ninots, intenta implantar que el día dedicado a San José se efectúen hogueras donde se quemen Stots y ninots, en honor a San José, e invita a los carpinteros a unirse a la celebración y la llamada cremá, cambiando de santo patrón. El caso es que décadas después fueron eliminados los gremios de carpinteros, pero se siguió con la costumbre de las hogueras.

No obstante, hubo prohibiciones de hacer quemas o fallas en las calles o plazas estrechas, lo cual indica que aún no tenían la connotación de fiestas importantes hasta casi finales del siglo XIX. Por ejemplo en 1870 y hasta 1885 se persiguió duramente los festejos populares, como los carnavales y las fallas. Fue en 1885 cuando surge un movimiento que defiende la las fallas, y busca que se convierta en fiesta oficial. Hasta cierta revista dio inicio a una especie de competición para premiar al mejor ninot. Esto dio origen al nacimiento de la falla artística, se fue abandonando la costumbre de quemar stots y se pasó a tallas de madera, que después eran quemadas, salvándose la ganadora. En 1901 el ayuntamiento se unió al concurso y se encargó de dar los premios. Pero no fue hasta 1932 que se instauró la semana fallera, convirtiéndose en la fiesta mayor de la comunidad valenciana, coincidiendo con el día de San José que se convirtió en el patrón de la fiesta, hasta el grado de llamarla en algunos ambientes, como las fiestas josefinas.

Por tanto, como tantas fiestas, mantienen su raíces en tradiciones y ritos ancestrales en honor a dioses primaverales, pero con el tiempo la iglesia las santifica de alguna manera, convirtiéndolas en fiestas casi religiosas, aunque no deja de ser un momento para la jarana, el júbilo y el libertinaje, oculto bajo los petardos, las hogueras y las quemas de muñecos satíricos.

Otro dato curioso es la evolución de la propia quema, antes mencionamos los sencillos Stots, o los primeros ninots que nada tienen que ver con las majestuosas construcciones de hoy día, que incluyen hasta 60 ninots diferentes cada una. Y se habla de una 700 fallas grandes y otras 350 más pequeñas o infantiles. En realidad existen hasta 18 categorías de fallas. Algunas son obras maestras del diseño y dan trabajo a una importante comunidad de artesanos, son miles las familias que viven en torno a estas fiestas y mueve millones de euros al año. Por lo general se forman agrupaciones para poder realizar una falla, pues el coste de elaboración es enorme, algunas pueden costar en torno a los 100.000 € lo cual no es un desembolso que cualquiera se puede permitir. El record en coste lo ostentan algunas monumentales fallas de más de 25 metros, con un coste cercano a los 900.000€.


El tema de la contaminación por humos, es otro asunto a tener en cuenta, pues si bien en sus orígenes, las primeras fallas las hacían de vituras y restos de madera de las carpinterías de la zona y sustentadas en arcilla, luego se pasó al papel y al cartón, pero últimamente la fallas más grandes y emblemáticas son realizadas con poliestireno expandido, poliespán o telgopor,  el famoso corcho blanco, un material plástico derivado del petroleo con sustancias químicas altamente tóxicas y por tanto mucho más contaminante su combustión que el papel, cartón o madera. Añadiendo a esto la utilización de pinturas acrílicas, como las utilizadas en las pinturas de vehículos o en los hogares para conseguir colores brillantes, superficies impermeables y lustrosas, pero que en su combustión al fuego, sueltan en el humo sustancias muy tóxicas, como el acetato, cadmio, cobalto, formaldehído y tetracloruro de carbono, entre otras. 

Si tenemos en cuenta que hablamos de casi mil de estas obras ardiendo, el efecto debe ser de gran envergadura, aunque aún no se ha medido científicamente. Es un asunto que parece que las autoridades por fin tendrán en cuenta, y desde el año 2019 se medirá científicamente la contaminación o el efecto en la atmósfera y en el aire de la quema. Pero está claro que aunque los científicos que elaboren el informe, indiquen los peligros reales, la gente seguirá celebrando la fiesta, pues se valorará, como siempre, el efecto económico de erradicar una costumbre o ritual, por muy dañinos que sean para el medio ambiente. Como todo en este mundo se valorará por el coste en dinero y no en salud. 




El Trigo ahogado Tomo III


Ya está a la venta el Trigo ahogado Tomo III en versión revisada, corregida y ampliada

Como saben los seguidores de este blog, los tomos de Trigo Ahogado se pueden conseguir de manera independiente, y además su lectura no implica necesariamente leer los previos o posteriores, es decir cada uno aborda épocas distintas y no es necesario comprarlos todos juntos. En el caso del tomo III, abarca el renacimiento y sobre todo la explosión de libertad religiosa y de pensamiento que supuso la Reforma protestante, aunque como se verá, no todo es como parece. 
En este tomo también se habla de movimientos influyentes como la masonería, el humanismo, el racionalismo y el empuje de la ciencia en el pensamiento religioso. Desde John Wycliffe, hasta Isaac Newton, pasando por Erasmo de Rotterdam, Jan Hus, los jesuitas, Martin Lutero, Zuinglio, Calvino y muchos otros reformadores menos conocidos pero más atrevidos a romper la hegemonía católica. Capítulos especiales para Miguel Servet, William Tyndale, y otros defensores de la libertad de pensamiento y de traducción bíblica.
Se aborda el origen de iglesias hoy día establecidas como la Iglesia anglicana, Bautista, presbiteriana, congregacionista. Pero también de minorías que han llegado hasta nuestros tiempos como los Cuaqueros, anabaptistas, menonitas, amish, unitarios y otros. 
Por otro lado, también se incluye información sobre movimientos ideológicos y pseudoreligiosos que tuvieron su origen durante el renacimiento, como los tan misteriosos illuminaties, la orden de los Rosacruces, la iglesia Swenkdolfiana, los jesuitas y los espiritualistas. 
En capítulos finales se trata de entender el distanciamiento y la cercanía entre ciencia y religión. Trataremos los casos de Galileo Galilei, Giordano Bruno, Copérnico, Kepler e Isaac Newton, cada uno quiso conjugar y unificar religión y ciencia y no todos salieron bien parados. 
Algunos son artículos que están incluidos en este blog, pero en el libro se profundiza más y además se incluyen citas y una completa bibliografía que ayuda al estudio e investigación de este tema. 
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Les dejo el índice temático del libro para que se hagan una idea de lo que se pueden encontrar en este libro, con 370 páginas de valiosa información histórica y documental.
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ÍNDICE TEMÁTICO  TOMO III



Prólogo                                                                                                                     5

Capítulo 1 Precursores de la reforma                                                                  9

            -John Wycliffe: La Biblia contra el poder eclesíastico                                 9

            -Lolardos: La herencia de Wycliffe                                                             23

            -Jan Hus y el movimiento husita                                                                  29

            -Hermanos moravos: Herederos de Jan Hus                                                39

            -Girolamo Savonarola: Último intento de reforma en el siglo XV               47

Capítulo 2  El humanismo cristiano de Erasmo                                                  52

            -Erasmo de Rotterdam: Orígen itelectual de la Reforma                             52

            -Una elegante denuncia contra la jerarquía eclesística                                 56

            -Efectos e influencias del erasmismo                                                           64

            -Últimos días del gran pensador y humanista                                              68

Capítulo 3  Rebeliones frente al poder eclesíastico                                              71

            -Iglesia anglicana: La religión por decreto real                                             71

Capítulo 4  La Reforma protestante y sus artífices                                             77

            -Martín Lutero: Un monje rebelde crea escuela                                           77

            -El legado de Lutero                                                                                    87

            -Felipe Melanchton: El reformismo moderado                                             95

            -Ulrico Zuinglio: La reforma suiza                                                               97

            -Juan Calvino: El protestantismo predeterminista                                        104

            -Martín Bucer: En busca de la unidad perdida                                            111

            -George Wishart: El primer mártir reformista                                               114

            -John Knox: Orígen del presbiterianismo                                                     116

            -Jacobo Arminio: La lucha contra la predeterminación calvinista                119

            -Resultado inicial de la reforma                                                                   130

Capítulo 5  Víctimas de la persecución y la intolerancia                                     136

            -Anabaptistas: Los reformadores mas odiados                                            136

            -El anabaptismo de Zúrich                                                                           142

            -Anabaptismo extremista                                                                              149

            -Anabaptismo pacifista y comunal                                                               155

            -Jacobo Hutter y el anabaptismo comunal                                                    157

            -Menno Simons, el organizador del anabaptismo                                         160

            -Hugonotes, camisardos y shakers: Los calvinistas perseguidos                  167

Capítulo 6   Odiados entre los odiados                                                                 176

            -Miguel Servet: Un medico antitrinitario                                                     176

            -Unitarios y antitrinitarios: La herencia de Servet                                        197

            -William Tyndale: La Biblia perseguida                                                       209

Galería de imágenes                                                                                               221

Capítulo 7  La respuesta católica a la reforma                                                    227

            -El concilio de Trento: La contrarreforma católica                                       227

            -Los Jesuitas: Amados y odiados en la Iglesia                                             235

            -El jansenismo frente a la órden                                                                   244

            -La desfenestración de los jesúitas                                                               249

Capítulo 8  Nuevas influencias desde el lado protestante                                   252

            -Los puritanos: La base de la espiritualidad americana                                252

            -Congregacionistas: Puritanos contra la jerarquía                                         259

            -Schwenkfeldianos: Los espiritualistas                                                        264

            -El misterioso origen de la iglesia bautista                                                   270

            -El Cristianismo sin credo de los Cúaqueros                                                287

Capítulo 9  Movimientos proféticos radicales en el siglo XVII                           305

            -Thomas Tany y la restauración de Israel                                                     305

            -John Robins y los Ranters                                                                           307

            -Ludowicke Muggleton y John Reeve: Nace la iglesia muggletoniana        310

Capítulo 10  Ciencia y Cristianismo en el Renacimiento                                    318

            -Giordano Bruno, un astrónomo contra la veneración de imágenes             318

            -Galileo Galilei: Salvado contra su conciencia                                             321

            -La raíz del problema                                                                                    324

            -La humillante defenestración de Galileo                                                    328

            -Isaac Newton: El gran teólogo de la ciencia                                               333

            -William Whiston: Más newtoniano que Newton                                        344

Capítulo 11  Órdenes y movimientos en paralelo al cristianismo                       349

            -Masonería: Ritualistas de espaldas a sus orígenes                                       349

            -Los Illuminati: ¿Era realmente una orden anticristiana?                             355

            -Rosacruces: ¿Nuevo despertar de la filosófía gnostica y maniquéa?          360

Epílogo                                                                                                                     371
Bibliografía                                                                                                 373                                        

Origenes del Camino de Santiago






La tradición de peregrinar por tierras gallegas se inicia en la edad media y toma fuerza, como otras tantas en el siglo XX. Esta idea se basa en la tradición de que el apóstol Santiago estuvo en España y tras morir como mártir en Judea, sus más allegados llevaron su cuerpo desde las costas de Palestina, hasta las tierras gallegas y siendo enterrado en una tumba en la zona que hoy comprende la ciudad de Compostela. El cambio de nombre del apóstol al que siempre se conocía como Jacobo en varios idiomas, (Iacobo en latín, James en inglés, Iago en galaico), surgió a raíz de la unión del término Sanct + Iago, de lo cual sale Santiago, de tal manera que en castellano aparezca ahora en la Biblia así su nombre. Se dice que durante la reconquista se gritaba a menudo “Por Sanct Iago” y de ello derivó el actual Santiago.


La primera mención de la tradición sobre la estancia temporal del apóstol en España fue hecha por Isidoro de Sevilla, un peculiar historiador cristiano del siglo VI, muy enérgico en la lucha para erradicar el arrianismo de la Hispania visigoda, escribió en su tratado De ortu et Obitu sactorum Patrum, una especie de defensa de la tradición apostólica romana en Hispania, en este incluyó una frase de la que algunos extraen que Santiago estuvo en Hispania, al decir: Pedro recibió como parte Roma, Andrés Acaya y Santiago Hispania". También de manera más clara lo deja caer en sus “Etimologías” donde afirma lo siguiente: Santiago Predica el evangelio en Hispania y en los pueblos de las regiones occidentales donde lleva la luz de la prédica". (Etimologías – Isidoro de Sevilla) Sin embargo, Isidoro no hace referencia alguna a que al cuerpo del apóstol se le diera sepultura allí, ni que se peregrinara hacia su tumba, eso llegaría más tarde. Después a través de otros escritos medievales del siglo XI, como el Códice Calixtino se dice que Jacobo predicó en Muxia, en las proximidades del Finisterre, donde consiguió tan solo nueve discípulos, después desalentado por el escaso éxito de su predicación, se dirigió hacia el este y tuvo una aparición espectacular de María, la madre de Jesús, que le infundió ánimo. Se le apareció sobre un pilar de mármol, y en “carne mortal”, en la ciudad romana llamada Cesaraugusta, (conocida después como Zaragoza), al nordeste de la península. La leyenda dice que cuando ella partió, el pilar permaneció en su lugar y siglos más tarde se convirtió en un santuario para peregrinos. Posteriormente el apóstol regresó a Palestina y murió en Judea a manos de Herodes Agripa; después dos de sus discípulos, Atanasio y Teodosio, trasladaron su cuerpo a través de las rutas marítimas romanas en un barco que comerciaba piedras, hasta llegar a Galicia, donde milagrosamente salvaron a un noble que había caído accidentalmente al mar y este salió cubierto de conchas de vieiras y gracias a esto, que consideraron un milagro, abrazaron el cristianismo y llamaron santo al que portaban, pues milagrosamente había salvado al caballero, desde entonces se dispuso que todo aquel que fueran a venerar al apóstol debía llevar una concha de vieira. Al penetrar en tierras Galaicas pidieron a la reina Lupa, señora celta de las tierras romanas del Fin del Mundo, permiso para transportar el cadáver desde la costa. Pero esta para burlarse de ellos les dio dos toros bravos en vez de bueyes. Cuando los animales llegaron ante el sepulcro se amansaron como bueyes, y llevaron el cuerpo hasta donde se encuentra actualmente. Eso impresionó a la reina, que permitió el entierro. Después, al parecer también fueron enterrados en el mismo lugar los dos discípulos que le llevaron hasta allí. 
                                Tumbas o fosas descubiertas en Galicia


Para aclarar la certeza o no de algunas de estas tradiciones y penetrar en el fondo histórico de esta popular peregrinación, que atrae a miles de personas todos los años, vamos a remontarnos a siglos atrás en la Galicia celta, romana, sueva, y mozárabe, en donde encontraremos reminiscencias de muchas de estas culturas que dejaron su legado en el famoso camino.



Peregrinaciones previas



            La costumbre de peregrinar por aquellas tierras gallegas, se remonta a la oscuridad celta, donde las rutas al Finisterre eran muy conocidas y fueron establecidas, según se cree, porque se consideraba un punto espiritual muy especial, el extremo en el que los dioses no permitían al hombre pasar, el fin de la tierra. Si bien en Europa existen varios lugares a los que los romanos y griegos llamaron “Finis Terrrae”, (Cornualles en Inglaterra, Bretaña en Francia y el extremo norte de Galicia), si se sabe que había principalmente en el Finisterre gallego las conocidas como marchas “Ara solis”, que desde el mausoleo de Nerio, de alguna manera venían a celebrar la muerte del sol. Era común la costumbre galaica de los nerios, una de las primeras tribus celtas que habitaron aquellas tierras, darle importancia al momento de la muerte, por ello existen tumbas a lo largo de aquellas tierras en las que se aprovechaba para dar gloria a los dioses ancestrales. Un ejemplo de ello es la inscripción que aparece en una lápida del siglo V AC que entre otras cosas dice: "Invocando a los Lugos del pueblo Neri, en conmemoración a un noble de los kaaltee de Galtia, él descansa por siempre ahí dentro. Invocacamos a todos los héroes. La tumba de Taśiionos lo ha recibido". Al parecer, existía una ruta seguida por los druidas o sacerdotes celtas que realizaban junto a sus aprendices, llamada “Camino de las estrellas”, que llevaba desde Oviedo hasta Finisterre y pasaba por lugares considerados puntos sagrados estratégicos, como Lugo y la zona que hoy es Compostela, que en ese tiempo tan solo era un dolmen, como parada en el camino. Estos se guiaban por las estrellas que forman parte de la Vía Láctea y que en noche clara se podían seguir fácilmente.




En ese camino o ruta se solían construir dólmenes coralinos, conocidos por el nombre celta de “Nevet Mough”, que literalmente se puede traducir como “Piedra de Vida”. Se trataba de una especie de monumento a los muertos en una forma que se conocía como Navot, o cámara del renacimiento, pues se pensaba que los muertos morían, pero nacerían en otro lugar, al igual que lo hacía el astro sol. Lugo era el asentamiento principal de la zona y uno de los dioses más extendidos en la península antes de su romanización, Lug, de allí su nombre. Sobresale entre las deidades romanizadas el dios Mercurio, que es visto como el creador de todas las artes, a este se le relaciona con Lug, al que posiblemente sustituyó y al que se consideraba protector de aventureros, caminantes y comerciantes. Existía otro mito en Cornualles, en Bretaña y entre los celtas atlánticos sobre barcas de piedra, o “ártabros”, quizás en referencia a los primeros barcos tartesos cargados de rocas de minerales que arribaban a las costas, aunque no se sabe muy bien de dónde procede esta tradición. Pero se pensaba que las grandes piedras eran expresión del espíritu, de la perdurabilidad, y que tenían ciertas propiedades mágico-terapéuticas. Otros expertos afirman que aquellos barcos de piedra, emulaban el mito universal del último viaje, el habitáculo idóneo para la navegación de las almas por las temidas aguas que se extendían más allá del fin de la tierra, hacia la isla de la eternidad, más allá del poniente.





Dios celta Lug, curiosa relación con el dios romano Mercurio, el Odín vikingo y con la ímágen de Santiago medieval.


En cualquier caso, coincide esto con diferentes tradiciones en esos lugares en los que ciertos santos, como San Juan de Misarela, La virgen da Barba de Muxía, viajaron en barcos de piedra, también existe una tradición medieval en la que se decía que el cuerpo de Santiago llegó a las costas gallegas, desde Palestina, en un barco de piedra. En algunos de estos ártabros celtas, aparecen símbolos de conchas, que representaban la prosperidad, en algunos casos era dibujada como una especie de espiral que representaban la eternidad o el ciclo sin fin de renacimiento del sol. Pero también utilizaban la Vieira, un símbolo sexual de fertilidad que recordaba a la diosa Venus. Hasta aquí lo relacionado con los antiguos caminos celtas que pasaban por los mismos lugares del actual Camino de Santiago, pero ¿qué podemos decir de la ciudad de Compostela? ¿Era también celta? ¿Tenía algún significado especial para estos?



Historia de Compostela



En realidad, como antes mencionamos los celtas no tenían ninguna población estable en aquel lugar, era más bien un punto estratégico, un sencillo dolmen o Navot era lo que allí había. Fueron los romanos quienes establecieron en el siglo I un asentamiento conocido como Assegonión, que existió hasta el siglo V, y fue una pequeña población en la parte donde hoy se encuadra la zona de la catedral compostelana, al parecer fue una ciudad de paso, así aparece en la tablilla IV del conocido como Itinerario de Barro, una guía de caminos o vías romanas del noroeste peninsular, la conocida comoVia Lucu Augusti ad Iria”. Pero tras la caída y desintegración del imperio romano de occidente, allá por el siglo V, la ciudad cayó en el abandono más absoluto. No obstante, por alguna razón desconocida siguió habiendo enterramientos en la zona sepulcral de la ciudad, probablemente proveniente de las ciudades circunvecinas. Aquí es donde toma importancia un personaje que algunos señalan como el que verdaderamente reposa en la tumba asignada tradicionalmente al apóstol Santiago. Después hablaremos de ello.



Apóstol Santiago



Pero antes de eso, vamos a profundizar en la figura de Santiago el mayor, el apóstol que supuestamente fue enterrado en aquella pequeña ciudad gallega. Santiago era según la biblia, hijo de Zebedeo y de Salomé, por tanto hermano del también apóstol Juan, quien fuera el más longevo de entre los doce. Sin embargo, en el caso de Santiago, este pasaba de los treinta años cuando conoció a Jesús y su vida no fue tan larga como la de su hermano. Al parecer, era una persona de carácter enérgico, fogoso y entusiástico. En una ocasión, por ejemplo, cuando ciertos samaritanos no mostraron hospitalidad a Jesús y rechazaron su mensaje, Santiago, solicitó a su maestro que se hiciera bajar fuego del cielo para aniquilarlos. Aunque el relato menciona también a Juan en este incidente, sin embargo tal vez este fuera influido por el carácter más agresivo de su hermano, en cualquier caso a ambos se le puso el sobrenombre “Boanerges”, que significa hijos del trueno, en relación a ese carácter impulsivo. En más de alguna ocasión, Santiago hubo de ser corregido por su maestro, como cuando junto con su hermano, pidió a Salomé su madre que hablara con Jesús y le pidiera una posición a la derecha y otra a la izquierda en su reino. No sabemos si pensaban en un reino humano, pues algunos todavía en el año 33, opinaban que Jesús establecería un Reino en Jerusalén y se liberaría a Israel del yugo romano. En cualquier caso, la actitud de Santiago y Juan, indignó a sus compañeros, y el maestro les dijo en aquella ocasión: Vosotros sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los grandes ejercen autoridad sobre ellas.  No debe ser así entre vosotros; antes bien, el que quiera llegar a ser grande entre vosotros tiene que ser ministro vuestro,  y el que quiera ser el primero entre vosotros tiene que ser esclavo vuestro. Así como el Hijo del hombre no vino para que se le ministrara, sino para ministrar y dar su vida por los demás. (Cita de Mateo 20:25,26). Esta recriminación y otras de similar calado, tuvieron que hacer efecto en Santiago, quien a partir de entonces, apenas es mencionado, y acompaño a Jesús en sus últimos momentos con vida. Pero después fueron otros los que tomaron las riendas de la iglesia cristiana, que se sepa, Santiago no escribió libro, carta o ni evangelio en los once años que formó parte de la congregación cristiana. 


El libro bíblico conocido como “Carta de Santiago”, fue escrita alrededor del año 62, por un pariente de Jesús, llamado Santiago el justo, posiblemente uno de sus hermanos, que pronto tomó relevancia en el cristianismo, pues a menudo se le relaciona con la sede de los apóstoles, pero nada que ver con el de Compostela. De Santiago, del que estamos hablando en este estudio, se dice que corrió peor suerte, pues ocurrió lo siguiente con él: Por aquel mismo tiempo, Herodes el rey extendió las manos para maltratar a algunos de la congregación.  Con la espada eliminó a Santiago hermano de Juan. Como vio que esto fue del agrado de los judíos, prosiguió a arrestar también a Pedro. (Sucedió que eran aquellos los días de las tortas no fermentadas) (Hechos de los Apóstoles 12:1-3) Este suceso se puede fechar alrededor del año 44 o antes, pues el relato afirma que Herodes murió el mismo año en el que ejecutó a Santiago y encarceló a Pedro. No se sabe si María, la madre de Jesús vivía o no para ese tiempo, pero poco probable es que se le apareciera esta y no el propio Jesús. Ahora bien ¿Pudo darle tiempo a Santiago a viajar y a evangelizar las distantes tierras de Galaica y llegar al Finisterre?

Difícilmente se puede defender esa tesis, primero porque existen pruebas que indican que los territorios gallegos no fueron oficialmente romanos hasta el año 74, cuando se les concedió a aquellas tierras el “Ius Latii” o el derecho latino. Antes de esa fecha era un territorio en guerra contra los celtas o Iberos y territorio hostil a cualquier penetración extranjera, por muy pacífica que fuera. Por tanto, sería difícil que un grupo de cristianos llegara para cristianizar la zona en época anterior. Tampoco los viajes en aquellos tiempos eran fáciles, y se dice que los apóstoles mantuvieron la sede en Jerusalén, de la cual no salieron ni en los peores momentos de persecución, y se mantuvieron dirigiendo la iglesia desde allí durante varios años, al menos hasta el 49, cuando se celebró un sínodo o concilio cristiano, el primero del que se tiene constancia en aquella ciudad. Solamente años después se les puede ver fuera de Jerusalén, lo cual no significa que no hayan realizado viajes puntuales, pero no para evangelización, para eso mandaban misioneros, ellos sólo salían para visitar y estimular a cristianos en lugares con iglesias establecidas. 


No fue hasta la aparición de los primeros misioneros que el cristianismo se extendió fuera de Palestina, como por la obra de Felipe en el norte de África y sobre todo de Pablo, que en el año 36 empezó a extenderse más allá de las fronteras de Judea y Samaria, formando comunidades incluso en Roma. La primera mención de España la tenemos cuando el apóstol Pablo escribió una carta a los cristianos de Roma en el año 56 y allí menciona que pensaba realizar un viaje a España pasando por Roma, indicando la ruta que le llevaría hasta allí. Según los datos históricos, los principales puertos marítimos de las rutas comerciales en el siglo I, eran Cartago Nova y Gades, (la actual Cadiz) o Tarragona. Y en el extremo occidental no fue hasta muy avanzado el siglo I que se construyó el puerto de Brigantium, en Finisterre, cuyo faro terminado en el siglo II. Difícilmente sería ese el puerto al que llegaría Pablo de haber realizado dicho viaje. Por otro lado, ni en el libro de Hechos, ni en ninguna otra carta se indica que llegara a realizar tal viaje. Alguna tradición habla de su llegada al puerto de Tarragona donde consiguió algunos discípulos. En el caso de haber llegar a Hispania, esto solo pudo haber sido posible hasta el año 63, no antes, por tanto lejos quedaba la formación de un núcleo cristiano antes de esa época. Las primeras iglesias mencionadas en Hispania fueron las de Mérida o Astorga. De lo que no hay rastro, ni mención es de la presencia de Santiago en tierras hispánicas, en los primeros cinco siglos de establecimiento cristiano en la península.



Prisciliano de Compostela



           
Sin embargo, si prosperaron algunos movimientos cristianos considerados heréticos por los católicos, allí echó raíces el montanismo, el donatismo, el arrianismo y algunas corrientes maniquéas. Pero entre estos grupos de disidentes, cabe destacar el liderado por un gallego de Aseconia, llamado Prisciliano, que se convirtió en obispo de Ávila, y cuya predicación efectuada en el siglo IV, dio inicio a un movimiento casi asceta que logró gran éxito allá por el año 375, en especial entre ciertas clases alejadas del poder eclesiástico. Su forma de ver el cristianismo atrajo la atención del pueblo, que lo veían como un iluminado de Dios. El trato flexible y comprensivo hacia los más humildes, incluso para con las mujeres, entre las que fomentó una participación más activa en la iglesia, también habló de cosas tan lejanas para ese tiempo, como la abolición de la esclavitud, eso hizo que pronto alcanzara gran notoriedad y muchos de entre la capas más humildes se le unieran. 


No tardaron algunos líderes católicos en verter duras acusaciones contra estos. Entre otras cosas se decía que los seguidores de Prisciliano predicaban rituales mágicos que incluían danzas nocturnas, peregrinaciones descalzos y la práctica de la astrología cabalística. Algunos quizás confundiendo a estos con ciertos grupos gnósticos, afirmaban que sus enseñanzas, aderezadas con connotaciones romanizadas, se mezclaban con el paganismo celta y maniquéo. Se decía que estipulaban el ayuno los domingos, el retiro a las montañas y la búsqueda de la espiritualidad interna, que hablaban de los poderes del cosmos y su influencia en las almas, usando el zodíaco como referencia. Que realizaban danzas y oraciones públicas donde los asistentes estaban desnudos y cosas por el estilo. Tras muchos intentos fallidos, fue juzgado en Tréveris y condenado a ser decapitado, por el emperador Máximo a instancias de dos influyentes obispos católicos, Hidacio e Itacio. Junto a él otros dos de sus más afamados discípulos, Silvano e Instancio, fueron ajusticiados ese mismo día y sus cuerpos fueron enterrados allí.  


Pero como si una maldición recayera sobre los que martirizaran a Prisciliano, poco a poco sus enemigos fueron cayendo. En el año 388, Máximo es depuesto y condenado a muerte por su sucesor, Teodosio. Itacio también es excomulgado por falsas acusaciones en el juicio contra Prisciliano y acaba sus días, desterrado.  Mientras el movimiento iniciado por aquel prospera, se sabe por la mención en los documentos del concilio de Toledo que para el año 400, la mayoría de los obispos de Galicia eran priscilianos. Incluso por los escritos de Sulpicio Severo se sabe que varios de los discípulos viajan hasta Tréveris, con el permiso del emperador para exhumar el cuerpo del mártir y trasladarlo hasta su ciudad natal, Aseconia, como se conocía para ese tiempo la aldea Gallega, algunos afirman que junto a él también llevaron los cuerpos de los otros dos mártires priscilianos. Un grupo de sus discípulos continúo su obra durante al menos dos siglos más, la caída de Roma y la llegada de los suevos a la zona de Galicia, los protege de alguna manera de las persecuciones de la iglesia. Por ello, es posible que fueran sus seguidores quienes mantuvieran el cementerio de aquella ciudad, entonces abandonada, pero cuyas tumbas fueron creciendo, posiblemente el lugar de reposo de su líder se convirtiese en punto de encuentro y de peregrinación prisciliana. Con respecto a los suevos, poca influencia tuvieron en las tradiciones religiosas gallegas, si bien importaron la adoración a Nerthus, la tierra madre pronto, cuando el empuje visigodo obligó a aceptar e estos el cristianismo arriano, es decir opuesto al católico en cuanto a la doctrina de la trinidad. 


            Esto fue así hasta el año 589, cuando Recaredo el rey visigodo se convirtió al catolicismo romano y forzó a la nación a seguirle, convirtiendo a España en país católico. Fue entonces cuando se aplastó definitivamente a las minorías priscilianas, prohibiendo sus rituales y peregrinaciones. La oscuridad a la que se sometió a la península durante los siglos siguientes, sobre todo tras las guerras contra los árabes, fue la puntilla para esconder aún más la tradición de peregrinar a Finisterre, aunque no del todo.  


            Con la llegada de los árabes, muchas comunidades judías se establecieron en la diáspora del imperio musulmán. En la zona ya repoblada que corresponde a Compostela, había un importante barrio judío, curiosamente dos calles detrás de la famosa catedral compostelana, llevan el ancestral nombre judío, Algalia de Arriba y Algalia de Abajo, que al parecer según algunos estudios, proviene del nombre “alcabala”, que era el nombre arabizado de la Cábala, pues al parecer grandes maestros místicos judíos eran visitados allí.



Surge la leyenda


            Fue precisamente en el siglo IX cuando se cambió el nombre a la ciudadela, coincidiendo con el hallazgo del supuesto sepulcro y con la llegada al reino astur de mozárabes huidos de las zonas dominadas por los musulmanes, y que buscaban poder practicar sus creencias religiosas libres de la presión musulmana, que recelaba de la idolatría y por tanto privaba a estos de venerar sus imágenes de santos y vírgenes libremente. Todo sucedió de manera poco precisa, faltan muchos datos fiables y existen ciertas contradicciones. Al parecer, el descubrimiento de la tumba de Jacobo fue entre los años 820-830, en el reinado de Alfonso II y cuando era obispo de Iria Flavia Teodomiro. La tradición cuenta que unos personajes de notoria presencia narraron a Teodomiro cómo veían de noche unas luminarias en el bosque y éste, acercándose al lugar, descubrió entre la maleza una casita que contenía en su interior una tumba de mármol, la de Santiago Zebedeo. Se lo notificó inmediatamente al rey Alfonso el Casto y restauraron la Iglesia en honor de tan gran apóstol. Teodomiro trasladó la sede episcopal desde Iria Flavia a este lugar. 

               Otro relato menciona por nombre a un ermitaño llamado Pelayo o Paio, como el que tuvo la experiencia del encuentro. En este caso se habla del año 812, cuando Pelayo afirmó haber visto o una estrella posada en el bosque Libredón. Se lo comunicó al obispo Teodomiro, obispo de Iria Flavia, en las cercanías de Padrón. Cuando fueron allí, descubrieron en la espesura una antigua capilla, donde había un cementerio, que por alguna razón concluyeron que era de la época romana. En cualquier caso se empezó a hablar del lugar al que hasta ese tiempo llamaban Liberum Donum, y empezaron a conocerlo como Arcis Marmoricis, (Arca Marmorica), por el encuentro del cementerio y de las lápidas hechas de mármol, donde no encontraron textos que indicasen que fueran las tumbas de Jacobo, Teodosio y Atanasio, al menos los nombres escritos hubiesen sido pruebas irrefutables. En cualquier caso, al poco tiempo se estableció una comunidad eclesiástica que se quedó al cuidado de los restos funerarios. Pasando a ser conocido el lugar como Campus Stellae, que significa Campo de estrellas, refiriéndose a la leyenda de la visión de la estrella que llevó hasta el apóstol y cuyo nombre que evolucionó a la actual “Compostela”. 


            Poco a poco, se fue formando una población civil, sobre todo a raíz del mandato de Ordoño II, quien en el año 915 hizo el llamamiento a todo aquel que permanecía más de cuarenta días en la zona se le daba la ciudadanía de Compostela. El primero en conseguirlo fue el francés Bretenaldo Franco en el año 955. Se construyó una catedral en el centro de la población. Y posteriormente ya en el año 969 se fortificó en defensa de las incursiones árabes. De poco sirvieron los gritos en invocación a Santiago, pues en el año 997, Almanzor destruyó la ciudad y se llevó las campanas de la iglesia para la construcción de la mezquita de Córdoba. 





            Una vez recuperada de las manos árabes, se construyó la catedral románica y se instituyó el llamado Camino de peregrinación a Santiago, que atrajo el interés de cientos de europeos de la alta sociedad. El primero de ellos fue Alfonso II el Casto, rey de Asturias, quien viajó con su corte al lugar, alrededor del año 840. Pero tras el llamamiento de Ordoño, se popularizó la ruta. Se establecieron albergues, pozos, avituallamientos para los peregrinos. La aparición del Códice Calixtino, que era una especie de guía del peregrino, lo convierte en un camino sagrado cargado de  espiritualidad y devoción. La ruta jacobea gozó de esplendor en los siguientes siglos, hasta el XIV. Las guerras contra los árabes incentivaron en los católicos medievales realizar el supersticioso ritual para que el Santo les diera la victoria, conseguida esta Santiago se convirtió, según la tradición en el Santo de la España cristiana.DE esto surgió la imágen de Santiago matamoros, como el santo que les otorgó la victoria contra los moros.



Caída y auge del camino



Pero coincidiendo con el cisma de occidente en el año 1378 divide a la cristiandad y el entusiasmo por esta ruta decae. Hasta el grado que en el siglo XV, las guerras, la peste negra y otros acontecimientos acaban por ahogarlo en el olvido. Incluso el libro de guía, el códice Calixtino perdió interés, se descuidó, algunas de sus páginas desaparecieron o fueron arrancadas y se le perdió el rastro. Apenas algunos pocos se preocupan por seguir la tradición de peregrinar por el camino, de tal manera que el último de los albergues históricos fue cerrado en ruinas poco después de la guerra civil española.  


Aunque parezca extraño, no fue hasta muy avanzado el siglo XX que se recuperó la llamada peregrinación a Santiago. Uno de los primeros primeros intentos de revitalización se produjo en 1962 cuando se anunció que se iba a señalizar el camino original. Así, el 29 de marzo de este año, la prensa publicó que 14 maestros estaban peregrinando desde Roncesvalles con el objetivo de "actualizar la antigua marcha de los peregrinos por el camino jacobeo". Aunque estas primeras iniciativas apenas tuvieron éxito. Ya a finales del siglo XX se establecieron años jacobeos, y días especiales, como el 25 de Julio, y cuando esta fecha cae en domingo se dice que es año jacobeo y se lleva a cabo una fiesta especial, eso se hace en periodos de una serie de 6-5-6-11 y esto fue desde 1993 fue dando más ímpetu, hasta el día de hoy.



Notas finales:



            Curiosamente en 1885 el erudito Georg Schepss encontró un códice datado en el siglo V, que reproduce algunas de las enseñanzas de Prisciliano, y sorprendentemente se encontró en su enseñanza detalles mucho más cercanos a la ortodoxia, contradiciendo todo lo que sobre él se dijo en el momento de su martirio. Si bien no es seguro el lugar de su sepultura, si hay testimonios que fue en la zona cercana a Asaconia, y que fue llamada Os Martiros, como al parecer se hacían llamar los priscilianos, Los mártires. 


Pero la discusión continúa, pues recientemente cierto catedrático de letras, el profesor Enrique Alarcón, de la universidad de Navarra, aseguró que encontró interpolado en la supuesta tumba el nombre de Santiago. Según él, entre la expresión Atanasio Martyr en griego, le pareció ver las letras que forman el nombre de Jacobo en hebreo. Pero no cabe duda que se trata de una interpretación de lo más curiosa y subjetiva que tiene además muchos detractores, la datación de los huesos aportaría más luz, pero es algo a lo que la iglesia se niega. Por otro lado cada vez más historiadores dan por hecho que el cadáver que podría estar dentro del ataúd bien podría ser el de Prisciliano o de cualquier otro, pero bajo ningún concepto el del apóstol. Esto ha hecho que en los discursos más recientes, se haya eliminado la palabra tumba de Santiago, sobre todo a partir de los últimos papas, desde Juan Pablo II, que habló del «memorial del santo Santiago», sin usar la palabra «reliquias», y de Benedicto XVI que dijo simplemente que la catedral de Santiago de Compostela: está vinculada a la memoria de Santiago. 



El interés cultural y espiritual que esta ruta está teniendo en los últimos años, hace que se haya despertado la ambición de muchos comerciantes, políticos y de la misma Iglesia, la cual mueve millones en recaudaciones directas, limosnas y explotación de los centros de interés. Para hacernos una idea de esto, tan solo en un año como el 2011 se calcula que recaudó 4,3 millones de euros libres de impuestos y de control. El escándalo saltó cuando se descubrió que un electricista había robando el Códice Calixtino, al realizar la investigación la policía encontró en su casa 1,7 millones de euros, que ni el abad, ni ningún responsable de la Iglesia había echado en falta, lo cual es muestra de la falta de control y el exceso de dinero que se recoge a costa de los fieles seguidores del camino, que van en busca de la espiritualidad y de buena gana colaboran con su tributo, con la seguridad de que van a venerar al santo patrón de España. 

Aparte de eso, tenemos que contar los ingresos por hostelería, tiendas de recuerdos, souvenirs y todo lo relacionado con la ruta y el prestigio que le da la internacionalidad de tal evento a la ciudad, convertida en capital de la comunidad y sede del gobierno gallego. Por ello ni a políticos, ni a  comerciantes, ni a los religiosos, interesa esclarecer si en realidad están o no los restos del apóstol en aquel lugar, ni si realmente lo que se conoce como las diferentes vías o caminos son realmente las que tomaron los primeros peregrinos medievales, o sin importar si estos caminos eran realmente las rutas que los druidas celtas establecieron para ir al finisterre a venerar a sus muertos.