Obra protegida por derechos de autor

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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
Depósito legal: M-20243-2011

Celso: El implacable enemigo del cristianismo del siglo II

 


Algunos alegan que este personaje no existió y fue más bien un personaje inventado por algún cristiano resentido que escondió su identidad bajo el nombre de un personaje del mundo griego. Pero no hay base para sospechar eso, la verdad sea dicha, Celso no es un nombre raro en aquella época, de hecho, sabemos de la existencia de al menos dos Celsos, que además fueron epicúreos, uno en la época de Nerón y otro en tiempos de Adriano, a este último algunos también confunden con el Celso del que aquí tratamos, pero el nuestro vivió mucho tiempo después de Adriano. 

No sabemos mucho de la vida de este Filósofo platónico griego del siglo II, solamente que alrededor del año 178 publicó su obra “El discurso verdadero” o “Sobre la verdadera doctrina”, un tratado específicamente dedicado a los cristianos, más bien diríamos contra los cristianos, pero es un libro tan completo que nos da detalles realmente interesantes sobre creencias y costumbres de los cristianos de los primeros siglos.


De esta manera inicia su libro: Hay una raza de hombres nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, asociados entre sí contra todas las instituciones religiosas y civiles, perseguidos por la justicia, universalmente cubiertos de infamia, pero autoglorificándose con la común execreción: Son los cristianos.(Celso discurso verdadero 1)

Estaba claro que como filósofo defensor de las tradiciones religiosas y culturales de Grecia, odiaba a los cristianos, pero no negó a Jesús, como hubiera sido lógico si hubiese creído que fuera un mito o invención de aquellos cristianos. Aunque lo que escribió sobre él no fueran precisamente cosas positivas, tratando de restar credibilidad a su milagroso nacimiento dijo lo siguiente: Comenzaste a fabricar una filiación fabulosa, pretendiendo que debías tu nacimiento a una virgen. En realidad, eres originario de un lugarejo de Judea, hijo de una pobre campesina hilandera que vivía de su trabajo. Esta, acusada de adulterio con un soldado romano llamado Pantera, fue echada de su casa por su marido y dio a luz en secreto. Más tarde, impelida por la miseria de emigrar, fue a Egipto, allí alquiló sus brazos por un salario; mientras tanto tú aprendiste algunos de esos poderes mágicos de los que ufanan los egipcios; volviste después a tu país, e, inflado por los defectos que sabías provocar te proclamaste un dios. (Celso, Alethes Logos, 7).

         Es curioso que ese nombre Pantera del que Celso aseguró que era el verdadero padre de Jesús, no fue precisamente un invención literaria de Celso, en realidad fue extraído de un comentario que encontró en el Talmúd, más concretamente en la Mishná que para su tiempo, ya había sido recopilada. De hecho, el nombre Pantera aparece en los escritos sobre las tradiciones rabínicas, realizadas por el Rabino Eliezer Ben Hyracanus de finales del siglo I.


Este relato lo podemos encontrar en el Talmud babilónico, allí se menciona una historia de un hombre al que llaman hijo de Stada. Se dice que su madre fue Miriam, a la cual se apodó Stada porque había engañado a su esposo y quedó embarazada de un tal Pandira. En el relato Sanedrin 67ª y Sanedrín 107b se dice que fue a Egipto y se trajo todos los trucos mágicos secretos de aquel país y por eso engañó a muchos de su pueblo. En clara referencia burlesca al nacimiento milagroso de Jesús y sus milagros. Curiosamente Sanedrín formaba parta del Seder Nezikin, cuarta parte de la Mishná, escrita alrededor del año 90 (La quinta y sexta parte se acabó de recopilar a finales del siglo I).  También en el Sanedrín 43 se hace referencia a la muerte de Jesús, cuando dice: en la víspera del Sabbat, Jeshua el nazareno fue colgado y un heraldo salió 40 días antes anunciando “Jeshua al nazareno será apedreado porque practicó hechicería y sedujo al pueblo a la idolatría. (Sanedrín 43ª). ¿Sería referencia a otro Jeshua? No, más bien parece que al Jesús cristiano, pues también menciona los nombres de varios de los apóstoles: Nuestros rabinos enseñaron, Jeshual el nazareno tuvo cinco discípulos, ellos son: Mattai, Maqqai (¿Marcos?), Netzer (Natanael), Buni (¿Bartolomé?) y Todah (Judas Tadeo). Es curioso que mencionase a estos, además de confundirse al mencionar precisamente a dos de los evangelistas en el orden de aparición tradicional de los cristianos, eso bien puede mostrar la fuente de esos nombres. Así, nos encontramos ante la mención más antigua de algunos de sus discípulos, fuera de los evangelios. 

Queda claro que de alguna manera Celso bebió de fuentes judías, y se hizo eco de comentarios maliciosos que los líderes judíos manejaban en su momento y que pasaron a la tradición oral que más tarde fue incorporada a la Mishná. Si bien, tampoco justifica a los judíos, pues consideraba ridículos los argumentos de unos y otros, aunque reconoce las disputas entre estos que se sucedían por todo el imperio.  Hasta cita referencias esenias al decir que los judíos esperaban a un “Maestro de la justicia” pero recibieron a uno que no se correspondía con sus esperanzas de liberación.

Por otro lado, estaba familiarizado con el contenido de los evangelios y las cartas apostólicas pues constantemente hace referencia a textos de las escrituras, que ya circulaban en su tiempo. De hecho afirma: y todo esto lo sacamos de vuestras propias escrituras : no tuvimos que acudir a otros testimonios contra vosotros. Os bastais vosotros para refutaros a vosotros mismos. (Celso Discurso verdadero 1:31)

Aunque si miró las escrituras cristianas y judías, como bien afirma, también tuvo en cuenta otras fuentes y eso se observa en varios comentarios como el anteriormente mencionada tradición judía de la Misná y otras criticas que los judíos hicieron contra el cristianismo. 

Menciona la oposición de los cristianos de su época a erigir estatuas y altares en sus templos. Lo deja caer de esta manera: Los cristianos no pueden soportar la vista de templos, de altares ni de estatuas... los cristianos reprueban en absoluto cualquier imagen (Discurso verdadero L4, 97

Es curioso, sin embargo que no menciona costumbres que forman parte de las tradiciones católicas más comunes ahora, como la adoración de la cruz, las navidades o celebración del nacimiento de Cristo. Hubiese sido una oportunidad magnífica para criticar la adoración del instrumento de tortura de su líder, la cruz o el madero, nada menciona sobre eso, cuando por otro lado, se fijó en otros detalles nimios y se burló de estos. Como vimos, no se hizo eco de la veneración de santos, ni la autoridad de papas romanos sobre las demás comunidades cristianas. Lo cual es indicativo que era algo desconocido en su época, que no formaba parte del cristianismo de los primeros siglos, de lo contrario, con seguridad sería criticado por el ilustre filósofo. 

Antes bien, juzga como ridículo que tomaran a Jesús como una encarnación de un hijo de Dios, nacida de una humilde judía que desconocía su importante genealogía. Se burló de que este fuera ajusticiado y que Dios no tomara represalias contra los que lo juzgaron y mandaron a matar.

En una muestra clara de no entender las creencias cristianas, dice: Puesto que además de a Dios ellos adoran a su hijo, se deduce, que, según reconocen , es preciso adorar no solamente a un dios si no a sus ministros (Celso - Discurso verdadero 100) Y con respecto a la humildad y personalidad de Cristo se pregunta: Si quería permanecer ignorado ¿Por qué una voz divina proclama en alto que el el hijo de Dios? Y si quería ser conocido ¿Por qué se dejó arrastrar al suplicio y por qué murió? (Celso - Discurso verdadero 1:28)

      Además parece que Celso conoció algunos grupos gnósticos, pues equivocadamente asigna a las creencias cristianas una enseñanza ajena a estos. Nos habla por ejemplo de que los cristianos enseñaban que había un dios maldito que mandaba sobre un grupo de siete demonios a los que llamaban de distintos nombres entre ellos Sabaoth, este nombre coincide con un arconte con aspecto de dragón, mencionado en un texto de los valentinianos y setianos, ambos grupos gnósticos de gran influencia en Roma.


         Celso conoció la existencia de otros cristianismos en su época, pues así lo reconoce en su libro: Resulta todavía difícil de creer que entre los cristianos, unos confiesan tener el mismo dios que los judíos y otros lo niegan, pues afirman que el que envió al hijo es un dios opuesto al primero. Conozco igualmente muchas otras divisiones y sectas entre ellos: los Sibilistas, los simonianos, los marcelianos, los Carpocratianos de Carpócrates y Salomé, los marcionistas que se nutren de Marción. (Discurso verdadero 64,65)

Algunos de estos grupos apenas son conocidos, otros como Carpocratianos o Marcionitas, si son mencionados por otros apologistas cristianos, señalados como disidencias del cristianismo o sectas gnósticas. Y su existencia fue utilizada por Celso como argumento para desacreditar al cristianismo al no considerarla como religión verdadera por estar tan dividida.


Por último, anima a los cristianos a aceptar la adoración al emperador, citando de un texto cristiano que dice que toda autoridad ha sido dada por Dios y por tanto debe ser digna de honra, y acaba su discurso así: Por ello, cesad de hurtaros a los deberes civiles y de impugnar el servicio militar, tomad vuestra parte en las funciones públicas, para la salvación de las leyes y de la causa de la piedad. (Discurso verdadero, 117)

En este comentario reconoce la actitud de los cristianos al negarse a servir en el ejército, tal como Tertuliano afirmaba y de ser parte del estado. En definitiva, muy a su pesar, Celso del siglo II, acepta el nacimiento de Jesús en una aldea de Judea, que su familia huyó a Egipto con él, que Jesús tenía ciertos poderes milagrosos, que sus seguidores se extendieron por todo el imperio, que habían varias vertientes y divisiones entre ellos, su actitud ante el estado y su pacifismo. ¿Es esta una manipulación maliciosa realizada por un cristiano? No, esto viene a demostrar que Celso conocía las tradiciones y enseñanzas del cristianismo y sencillamente se burlaba de ellas, haciéndose eco de los rumores y comentarios que se hacían sobre ellos en su tiempo.

Curiosamente conocemos su obra gracias a apoligistas cristianos de la época que se defendieron de las acusaciones y difamaciones que este vertía en sus escritos, y repitieron citas de este. Uno de ellos fue Orígenes que sesenta años después escribió Contra Celso y en gran parte, gracias a este libro conocemos gran parte de la obra de este anticristiano convencido.

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