Obra protegida por derechos de autor

Obra protegida por derechos de autor.
ISBN OC : 978-84-9981-705-7
Depósito legal: M-20243-2011

Cayo Suetonio Tranquilo, historiador de los doce Césares

 


Suetonio fue biógrafo e historiador romano durante los reinados de dos importantes emperadores. Bajo Trajano, desde finales del siglo I hasta el año 117, y de Adriano, durante los inicios de su gobierno. En 1950 se encontró una inscripción honorífica en su ciudad natal, Hippo Regius, (Hipona) en Numibia, que da cuenta de su lugar de nacimiento y fecha, a inicios del reinado de Vespasiano, año 71.   

Sobre este contemporáneo de Tácito y amigo también de Plinio el joven, conocemos algunos datos sobre su vida, en parte por la correspondencia con Plinio, también a través de los escritos de Elio Esparciano que cita de él en su aportación a Historia Augusta y en las obras del historiador bizantino Juan Lido.


Gracias a su relación con Plinio, pudo tener acceso al emperador Trajano y obtener puestos importantes dirigiendo las bibliotecas, siendo responsable de archivos, lo cual le sirvió para acceder a numerosa información vital para su proyecto futuro. Después, también mantuvo una buena relación con Adriano, aunque esta última se resintió debido a los celos por parte del emperador ante la buena y cercana amistad del historiador con su esposa Vibia Sabina, eso pudo ocurrir en el año 120. A partir de ese momento se retiró de la labor pública y se dedicó más plenamente a lo que siempre quería hacer, escribir, hasta su muerte en el año 126 o poco después de ese año. Su obra fue valorada y se enseñaba en las altas escuelas de la edad media, hasta su estilo de escribir fue copiado por algunos biógrafos, como Eginardo, quien lo hizo al escribir la vida de Carlomagno en el año 800.

         De su extensa obra nos queda de manera completa la más importante “La vida de los doce Césares” y otra más fragmentada “Sobre hombres ilustres”. Esta última según parece contenía distintas biografías de personajes célebres, cultos y sabios que merecían ser destacados. Jerónimo de Estridón citó de esta obra para destacar a varios personajes de los que Suetonio hace referencia y que tuvieron cierta relación con el cristianismo, pero lamentablemente no nos han llegado esos fragmentos, si bien no podemos negar su existencia pues Suetonio tuvo conocimiento de la existencia del cristianismo más primitivo, gracias a que con seguridad en su acceso a las bibliotecas encontró numerosas citas textuales.

Fue en su obra más importante, la que terminó de realizar en el año 121, donde menciona la persecución de cristianos y en otro párrafo supuestamente menciona a Cristo. Al hablar del gobierno de Claudio, explica algunas de sus decisiones con respecto a ciertos movimientos religiosos: Hizo expulsar de Roma a los judíos, que, excitados por un tal Cresto, provocaban continuos alborotos. (Los doce Césares, Claudio XXV)

Cuando aquí hace referencia a judíos, y a un tal Cresto, caben dos posibilidades, sobre las que muchos expertos siguen aún debatiendo. En primer lugar, bien pudiese ser un error de transcripción del nombre “Cristo”, por Cresto, aunque tratándose de un escritor de su talla y gran investigador de los datos que aporta en sus escritos sería extraño. En ese caso, también debió confundirse al hablar de Cristo como si viviera aún en tiempos de Claudio, cuando realmente habían pasado casi diez años de su muerte. Si este era el caso, aunque no mencionase allí el nombre de cristianos, es muy probable que Suetonio haya incluido a los cristianos cuando se refería a los judíos, teniendo en cuenta que para ese tiempo al cristianismo se le consideraba una secta judía más y siendo esta una minoría religiosa, pudiera haber oído acerca de ellos. En el mismo capítulo nos cuenta que Claudio también prohibió a los druidas, a quienes menciona como personas de una crueldad atroz, una definición a todas luces exagerada y falsa, pues no se conocen a los druidas como personas violentas, ni guerreras, más bien eran sacerdotes y magos, oráculos, consejeros, pero nunca lucharon ni pertenecieron a ejército alguno, ni se les conocen ritos de sacrificios humanos. De alguna manera el mismo Suetonio está demostrando prejuicios contra las minorías religiosas, común entre las altas esferas de Roma. 


También señaló que Claudio hizo esfuerzos por consolidar la adoración de los dioses tradicionales, se le dio importancia a restaurar templos, mostrando un celo y devoción especial a los dioses romanos. Justificando así a que se persiguiera a otras minorías religiosas que no fueran las tradicionales. Notemos también este comentario en un párrafo anterior: Con respecto a las ceremonias religiosas y a las costumbres militares y civiles, así como a la situación de todas las órdenes sociales, tanto en Roma como fuera de ella, corrigió ciertas prácticas, restableció otras caídas en desuso (…) Puso especial cuidado en que, siempre que hubiese un temblor de tierra en Roma, se decretase unos días festivos, y que cuando se observase una ave de mal agüero en el Capitolio, se ofrecieran rogativas públicas a los dioses. (Los doce Cesares, Claudio XXII)

Esto muestra que el celo de Claudio por sus tradiciones, estuvo detrás de su personal lucha contra otras ideologías ajenas al imperio. Suetonio parecía defender esa actitud del emperador, incluso la elogiaba. Esto, unido a su personal odio hacia los cristianos, alimentado por lo que su amigo Plinio pudiera haberle comentado al respecto, es posible que le hicieran errar en detalles, para él poco importantes, como la forma de escribir un nombre. Así que bien pudiera referirse a Cristo en la primera cita, como alusión al líder al que los cristianos, que en su mayoría judíos, predicaban y contra lo que otros judíos enemigos renegaban.

No obstante, contra el argumento de que se refería a Cristo y a los cristianos, hay varios detalles a tener en cuenta, uno de ellos era precisamente esa buena relación de Suetonio con Plinio el joven, el cual era bien conocedor de los cristianos y que pudo informar a su amigo escritor la diferencia de estos con los judíos. Es más, en el capítulo relacionado con Nerón, sí utiliza el término cristianos, al afirmar: “Los cristianos, clase de hombres llenos de supersticiones nuevas y peligrosas, fueron entregados al suplicio (Los Doce Césares cap. Nerón XVI). Queda claro que sabía de la existencia de estos y que eran diferentes de los judíos. Luego tenemos el testimonio que da el mismo libro de los Hechos de los apóstoles, corroborando lo mencionado por Suetonio sobre la expulsión de los judíos de Roma: Después de esto Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Y se encontró con un judío que se llamaba Aquila, natural del Ponto, quien acababa de llegar de Italia con Priscila su mujer, pues Claudio había ordenado a todos los judíos que salieran de Roma. Fue a ellos, y como él era del mismo oficio, se quedó con ellos y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas. (Hechos de Apóstoles 18:1-3).  

Es digno de notar que aquí también hace referencia a que Claudio expulsó a todos los judíos, sin distinción, sin embargo los mencionados en este relato, Áquila y Priscila eran cristianos aunque judíos de raza y tuvieron que salir de Roma, además menciona de manera específica que Claudio expulsó a los judíos, no dice a los cristianos, lo que Suetonio confirmó. Es muy posible que los tumultos a los que se refiere Suetonio tuvieran relación con la oposición, en algunos casos violenta, con la que muchos judíos recibieron a la nueva comunidad cristiana, que en esos tiempos se nutría principalmente de adeptos judíos. En el libro de los Hechos de Apóstoles se mencionan varias trifulcas de líderes judíos contra los misioneros cristianos.

Basándonos en esto, cabría la posibilidad de que el nombre Cresto, mencionado por Suetonio, tal vez fuera el de un cristiano muy predicador y celoso de la época, lo cual, como solía ser habitual, llamó la atención de las autoridades religiosas judías y se formara un tumulto en torno a él entre judíos y cristianos. También cabe la situación opuesta, que Cresto haya sido un judío alborotador enemigo de los cristianos y causante de los disturbios que colmaron la paciencia del emperador o incluso.

Pero debemos decir también que el nombre Cresto no era un nombre hebreo, como si lo era Jesús, (Jeshua), tampoco era un nombre griego o romano, pues en griego Cristo tampoco era un nombre, sino más bien la traducción de la palabra hebrea “mesias” cuyo significado es escogido o ungido. De hecho, en varias traducciones o copias de este libro de Suetonio aparecen distintas grafías, tales como Chresto, Cheresto, Cresto, Christo y Cristo. Y algunos expertos afirman que es posible que se diera el caso de un fallo ortográfico por parte del historiador o del copista del que nos han llegado las copias más antiguas. Por tanto, podemos concluir que Suetonio tal vez quiso señalar que los disturbios que provocaron la expulsión de los judíos fue por causa de la revolución religiosa iniciada por el fundador del cristianismo, Cristo en el seno del judaísmo y que provocó el hartazgo del emperador.  

Pero incluso no siendo esta una referencia a Cristo, en cualquier caso, las informaciones presentadas por Suetonio casan con lo mencionado en las narraciones cristianas más antiguas sobre disturbios entre judíos por el cristianismo y expulsión de  los judíos por parte de Claudio y eso es lo importante.

Con respecto a la segunda mención, esta vez más directa, fue cuando trata la vida de Nerón, si bien no menciona nada en cuento a lo de culpar a los cristianos del incendio, como vimos antes, si habló de forma despectiva de estos, pues hace referencia a ellos como un tipo de hombres llenos de supersticiones nuevas o como lo expone otra traducción: que practicaron una nueva y maléfica religión.

Entra en lo normal que un hombre como Suetonio, defensor de las tradiciones romanas, además informado por Plinio el joven, hablase de esa manera tan despectiva del cristianismo romano. Encajando además, con los testimonios tanto de cristianos como de otros historiadores paganos sobre la persecución por parte de Nerón.

Otros detalles que corroboran de alguna manera los relatos de los evangelios es la mención que hace Suetonio de un censo en los tiempos de Augusto que coincide con una inscripción de este en los archivos imperiales. Veamos en primer lugar lo que describe el evangelio de Lucas: Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de César Augusto, para que se hiciera un censo de todo el mundo habitado. Este fue el primer censo que se levantó cuando Quirinio era gobernador de Siria.  Y todos se dirigían a inscribirse en el censo, cada uno a su ciudad. Y también José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para inscribirse junto con María, desposada con él, la cual estaba encinta. Y sucedió que mientras estaban ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.  (Lucas 2:1-6)

 Lo del primer censo en tiempo de Quirinio es tema de debate entre teólogos e historiadores, algunos afirman que el evangelista Lucas se equivocó pues durante ese primer censo Judea no era parte de Siria y por tanto no entraba en la jurisdiscción de aquel gobernador, lo que sí está atestiguado es que Cesar Augusto efectivamente realizó varios censos. Suetonio lo muestra en su libro también: Augusto asumió igualmente y a perpetuidad la tutela de las costumbres y de las leyes. Con su atribución, aunque no ostentaba el cargo de censor, ordenó en tres ocasiones el censo del pueblo: la primera y la tercera vez conjuntamente con su colega, la segunda él solo. (La vida de los doce Césares, Augusto XXVII)

Por otro lado, en una inscripción sobre hechos de la vida de Augusto, menciona también los tres censos, dice así: En mi sexto consulado llevé a cabo, con Marco Agripa como colega el censo del pueblo. Celebré la ceremonia Lustral después de que no se hubiese celebrado en 42 años; en ellas fueron censados 4.063.000 ciudadanos romanos. Durante el consulado de Cayo Censorio y Cayo Asinio llevé a cabo el censo por mí solo, en virtud de mi poder consular, en cuya ilustración de contaron 4.233.000 ciudadanos romanos. Hice el censo por tercera vez, en virtud de mi poder consular y teniendo por colega a mi hijo tiberio César, en el consulado de Sexto Pompeyo y sexto Apuleyo, con ocasión de este censo conté 4.937.0000 ciudadanos romanos. (Res gestae Divi Ausgusti)

Este último censo también fue mencionado por Suetonio al hablar de que le ayudó en esta tarea su hijastro Tiberio y poco después moriría Augusto. Pero un detalle destacable aquí es que al parecer tenía costumbre de celebrar un censo tras una ceremonia Lustral. Suetonio también confirma este hecho, lo cual indica que estaba bien documentado. Al parecer este tipo de fiestas se celebraban entre finales de primavera y principios de otoño, nunca en invierno, por tanto, era imposible que se estableciera un censo, incluso en las provincias en fechas tan frías y complicadas como el invierno. Eso a la hora de establecer el nacimiento de Jesús descartaría diciembre como mes para llevar a cabo ningún censo, lo cual no sería un fallo del evangelista Lucas, pues este no menciona la fecha, ni el mes en el que esto sucedió, sino más bien un llamativo detalle que muestra que la fecha del 25 de diciembre fue una asignación posterior, que no contó con lo descrito y explicado en los evangelios, que más bien parecen indicar que fue a principios del otoño y por tanto encajaría con la realización de viajes de este tipo.

Sin embargo, también cabe mencionar que ninguno de estos tres censos encaja exactamente con el mencionado por Lucas, pues por los datos aportados, fueron el primero entre el 26-28 AC, el segundo alrededor del 7 AEC y el último en el año 14 EC, pues al término de este, Augusto moría. Así que, es muy posible que la inscripción antes mencionada solo aplicara a los ciudadanos romanos y no a otros censos en las provincias. Lo cual dejaría libre de fechas los realizados bajo la gobernación consular de Quirinio, que servían con fines recaudatorios. Por supuesto que tocará hacer encaje de bolillos para casar que el año en el que supuestamente nació Jesús estuviera vivo Herodes, que Quirinio gobernara, y Augusto mandase un censo en las provincias de Palestina, esto es algo a lo que se dará una explicación en otro capítulo.

En cualquier caso, el testimonio no libre de prejuicios de Suetonio, nos muestra a las claras que en el siglo I y II existió un movimiento llamado cristianismo, y sin lugar a dudas ya había llegado a Roma y era conocido por los emperadores tan antiguos como Claudio (año 41-54) y Nerón (54-68).



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