Obra protegida por derechos de autor

Obra protegida por derechos de autor.
ISBN OC : 978-84-9981-705-7
Depósito legal: M-20243-2011

Orígen de Halloween, Dia de los difuntos y fiesta de todos los Santos.







A finales de Octubre se empieza a observar una extraña transformación en algunas ciudades europeas y americanas.  Los escaparates se llenan de calabazas, esqueletos y telarañas. Las cajeras de los supermercados se atavían con sombreros negros de pico, y el momento culminante llega cuando los niños rondan las calles, llaman a las puertas y amenazan con una travesura si no les dan caramelos, dinero u otras cosas. Con la famosa expresión: "Truco o Trato"
Estas extrañas costumbres forman parte de la celebración conocida por el nombre de Halloween, fiesta que tiempo atrás se consideraba típica de Norteamérica, pero que se ha extendido por el mundo entero y ha ganado popularidad entre niños y adultos por igual. España, al igual que Francia y otros países europeos parecen haber recibido dicha festividad con los brazos abiertos.  Y el diario italiano La Repubblica dice que también se está extendiendo vertiginosamente por toda la península italiana. El periódico Nordkurier señala que “la cantidad de ciudadanos alemanes que no quieren perderse la macabra diversión es mayor que nunca”.
Halloween no solo ha fascinado a Europa. Se celebra con entusiasmo desde las Bahamas hasta Hong Kong. El rotativo International Herald Tribune informa que en cierta ocasión una emisora de radio de Sri Lanka organizó un concurso de “las recetas de Halloween más insólitas y los gritos de muerte más espeluznantes”. Aquello fue todo un éxito de participación. La festividad también se ha introducido en Japón, en cuya capital, Tokio, se realizan “desfiles de calabazas” en los que participan miles de personas.
Incluso en aquellas regiones del mundo en las que Halloween no es popular, suele haber fiestas y celebraciones que se le parecen. En Gran Bretaña, durante la Noche de Guy Fawkes se ve por las calles a grupos de niños pidiendo dinero y haciendo travesuras como las de Halloween. En Taiwan se celebra la colorida fiesta de los Farolillos, en la que los niños deambulan por las calles llevando farolillos que representan aves y fieras. México tiene su día de los Muertos, celebración que ha cruzado la frontera y ha llegado a Estados Unidos. Además, según el escritor Carlos Miller, algunos mexicoamericanos todavía “se ponen calacas, máscaras de madera que simulan calaveras, y bailan en honor de sus difuntos”.
La opinión general sobre estas celebraciones tal vez sea que se trata de una simple diversión inofensiva, una excusa para que niños y adultos se disfracen y pierdan sus inhibiciones. Pero no cabe duda que tiene un transfondo histórico que indica un profundo temor a la muerte y a los muertos. La fiesta de los Farolillos de Taiwan, por ejemplo, se remonta a cuando la gente encendía farolillos con la intención de ver a los espíritus celestes que, en su opinión, flotaban en el cielo. El día de los Muertos de México proviene de un ritual azteca que honraba a los difuntos.
 Los símbolos de Halloween son fáciles de identificar: las brujas, los fantasmas, las calabazas, las hogueras y la expresión trick or treat (“truco o trato, o en America: "travesura o golosina"), con la que esa noche los niños amenazan a sus vecinos para que les den golosinas.

Luego está lo de las calabazas, al parecer los pueblos celtas ahuecaban nabos y ponían carbón dentro de ellos. Depósitaban estos nabos en las tumbas, para iluminar el camino de regreso al mundo de los vivos a sus difuntos más queridos y así les daban la bienvenida. También servía para proteger de los malos espíritus.

Cuando con el tiempo los irlandeses llegaron a América, conocieron las calabazas y vieron que estas eran mucho más grandes y fáciles de ahuecar que los nabos, así que se cambió la tradición de meter una luz dentro de un nabo, por el de hacerlo dentro de una calabaza.


Orígenes ancestrales de la fiesta

 Halloween también es conocida por el nombre de All Hallow Even, es decir, víspera del día de Todos los Santos. Sin embargo, este nombre supuestamente cristiano oculta orígenes que están muy lejos de la tradición crisitana. De hecho, los entendidos dicen que esta fiesta se remonta a un tiempo muy anterior al cristianismo: la era en la que los antiguos celtas habitaban Gran Bretaña e Irlanda. Estos utilizaban un calendario lunar y dividían el año en dos estaciones: los meses oscuros de invierno y los meses claros de verano. En la noche de luna llena más próxima al 1 de noviembre celebraban la fiesta de Samhain, término que significa “Final del Verano”.
Dicha festividad, que señalaba el comienzo del año nuevo celta, tenía lugar al final del verano, una vez recolectada la cosecha y cuando los rebaños y las manadas ya habían sido recogidos de los pastos y se encontraban en los cercados. Los celtas creían que, como los días se hacían más cortos, era necesario reavivar al Sol con una serie de ritos y sacrificios. Como símbolo de la desaparición del año viejo, se apagaban todos los fuegos y, para inaugurar el año nuevo, se encendían hogueras sagradas de las que todos los miembros de la comunidad tomaban brasas para volver a prender la lumbre de sus hogares. También se creía que a los malos espíritus se los ahuyentaba con aquellas hogueras, de las que hoy día se puede ver un reflejo en la Noche de Guy Fawkes, de Gran Bretaña, y en las festividades de junio, de Brasil.
Según la creencia popular, en la fiesta de Samhain se abría el velo que separaba el mundo humano del sobrenatural, y los espíritus, buenos y malos, vagaban por la Tierra. Como se pensaba que las almas de los muertos regresaban a sus casas, las familias sacaban comida y bebida para sus visitantes fantasmales con la esperanza de apaciguarlos y protegerse del mal. De modo que cuando hoy día los niños disfrazados de fantasmas o brujas van de casa en casa en Halloween amenazando con una travesura si no se les da una golosina, están perpetuando inconscientemente los antiguos ritos de la fiesta de Samhain. Jean Markale dice lo siguiente en su libro Halloween, histoire et traditions (Halloween: historia y tradiciones): “Al recibir algo en sus manos, los niños establecen, en un plano simbólico incomprensible para ellos, un intercambio fraternal entre el mundo visible y el invisible. De ahí que las mascaradas de Halloween sean, de hecho, ceremonias sagradas”.

Como la gente creía que habían desaparecido las barreras entre el mundo físico y el sobrenatural, pensaba que los seres humanos podían pasar con facilidad al mundo de los espíritus. De modo que Samhain era una ocasión sumamente propicia para desentrañar los secretos del futuro. Dado que las manzanas y las avellanas se consideraban frutos de árboles sagrados, se utilizaban para adivinar información tocante al matrimonio, la enfermedad y la muerte. Por ejemplo, en una tina de agua colocaban una serie de manzanas identificadas con una marca. El joven o la joven que agarraba una valiéndose solo de la boca podía, supuestamente, identificar a su futuro cónyuge. Esta práctica adivinatoria subsiste hoy día en el juego de Halloween consistente en tratar de atrapar con los dientes unas manzanas que flotan en agua.
Otras características de la fiesta de Samhain eran la borrachera, la diversión estrepitosa y la pérdida de inhibiciones. “Los valores tradicionales, si no se descartaban, se invertían. Lo que estaba prohibido se permitía, y lo permitido se prohibía.” Halloween todavía refleja este espíritu en la actualidad, lo que sin duda explica bastante bien su creciente popularidad. Según The Encyclopedia of Religion, esta fiesta es hoy día “una ocasión en la que los adultos también pueden cruzar los límites culturales y liberarse de su identidad permitiéndose una noche de frivolidad sin inhibiciones. Así que la característica fundamental de la fiesta celta, la de una noche al año de evasión de las realidades y expectativas normales, ha perdurado hasta el siglo XXI”.
Existe una leyenda relacionada con el llamado Jack-o-Lantern, o las calabazas iluminadas, que como ya mencionamos antes originalmente eran nabos, esta dice lo siguiente: 

Hace muchos, muchos años, un tacaño y pendenciero irlandés, llamado Jack, tuvo la mala fortuna de encontrarse con el diablo en una taberna, en la Noche de Brujas. Jack, conocido borracho, había bebido mucho pero pudo engañar al diablo ofreciéndole su alma a cambio de un último trago. El diablo se transformó en una moneda para pagarle al camarero, pero Jack rápidamente lo tomó y lo puso en su monedero. Como Jack tenía una cruz en su monedero, el diablo no pudo volver a su forma original. Jack no dejaría ir al diablo hasta que le prometiera no pedirle su alma en 10 años. El diablo no tuvo más remedio que concederle a Jack su reclamación.

   Diez años más tarde, Jack se reunió con el diablo en el campo. El diablo iba preparado para llevarse el alma de Jack, pero Jack pensó muy rápido y dijo: "Iré de buena gana, pero antes de hacerlo, ¿me traerías la manzana que está en ese árbol por favor?". El diablo pensó que no tenía nada qué perder, y de un salto llegó a la copa del árbol, pero antes que el diablo se diese cuenta, Jack ya había tallado rápidamente una cruz en el tronco del árbol. Entonces el diablo no pudo bajar. Jack le obligó al diablo a prometer que jamás le pediría su alma nuevamente. Al diablo no le quedó más remedio que aceptar.

   Jack murió unos años más tarde, pero no pudo entrar al cielo, pues durante su vida había sido un golfo, borracho y un estafador. Pero cuando intentó entrar, por lo menos, en el espantoso infierno, el diablo tuvo que enviarlo de vuelta, pues no podía tomar su alma (lo había prometido). "¿Adónde iré ahora?", preguntó Jack, y el diablo le contestó: "Vuelve por donde viniste". El camino de regreso era oscuro y el terrible viento no le dejaba ver nada.. El diablo le lanzó a Jack un carbón encendido directamente del infierno, para que se guiara en la oscuridad, y Jack lo puso en un nabo que iba comiendo, para que no se apagara con el viento.

   Jack estaba condenado a vagar en las tinieblas eternamente.....
  Este cuento fue pasando de generación en generación, llegando a convertirse en una costumbre, la de iluminar nabos para recordar a Jack y con el tiempo la de las calabazas iluminadas.


La fiesta llega a America y vuelve a Europa
Los irlandeses que emigraron a Estados Unidos en el siglo XIX huyendo de la hambruna ocasionada por la gran escasez de papas, introdujeron en ese país la fiesta de Halloween y sus costumbres. Y de allí la ha vuelto a recibir Europa en los últimos años. Sin embargo, no todos ven con buenos ojos su creciente popularidad. Según el diario francés Le Monde, “Halloween, festividad que coincide con la del día de Todos los Santos y la del día de los Difuntos (1 y 2 de noviembre), y hasta podría reemplazarlas, hace felices a los comerciantes e infunde pánico en los eclesiásticos”.
 En Francia, a los representantes de la Iglesia les preocupa la decadencia de las fiestas católicas tradicionales a causa de la festividad de Halloween, y ven este fenómeno como una señal de la “paganización de la sociedad”. Para Stanislas Lalanne, portavoz de la Conferencia Episcopal Católica de Francia, Halloween ‘desfigura el significado de la vida y la muerte’. Jean Bonfils, obispo de Niza, dijo que “esta celebración y sus rituales no tienen nada que ver con nuestra cultura mediterránea y cristiana”, y previno a los católicos contra “la fiesta más importante de los satanistas del mundo entero”.
 Respecto al abandono de las tradiciones católicas por parte de los franceses en favor de tales fiestas paganas, Hippolyte Simon, obispo de Clermont-Ferrand, afirma: “Es como si la sociedad francesa estuviera buscando una especie de religión civil capaz de reemplazar el simbolismo cristiano”. También escribe: “Con Halloween se imita a los muertos, y sus ‘fantasmas’ regresan para asustarnos y amenazarnos con la muerte. En el día de Todos los Santos, por el contrario, afirmamos que los difuntos están vivos y que tenemos la promesa de que nos uniremos de nuevo a ellos en la Ciudad de Dios” (Vers une France païenne? [¿Hacia una Francia pagana?]).
En esta misma línea, Carlo Maria Martini, cardenal de Milán (Italia), instó a los italianos a que no abandonaran las fiestas católicas y dijo: “Halloween es ajeno a nuestra tradición, la cual tiene un inmenso valor y debe continuar. El día de los Difuntos es una celebración que pertenece a nuestra historia. Es el momento en el que se abre la esperanza de la vida eterna, un momento en el que el Señor nos hace comprender que la vida abarca más que la existencia terrenal”. Seguramente hay muchos católicos sinceros que opinan lo mismo.

Celebración del Día de los difuntos
En España, Mexico y otros países de influencia católica, se suele celebrar para el día 1 o 2 de Noviembre la fiesta en honor o recuerdo de los difuntos. Llamada también fiesta de todos los santos.
El día de Todos los Santos se define en La enciclopedia católica como una fiesta para “honrar a todos los santos, conocidos y desconocidos”. A finales del siglo segundo, los cristianos orientales empezaron a honrar a los que habían sufrido martirio por su fe y se les empezó a llamar “santos”, creyendo que ya estaban con Cristo en el cielo. Con el tiempo, incluso pensaban que podían interceder entre Dios y los hombre, por ello les pedían en oración que intercedieran a su favor. Se inició entonces una conmemoración anual el 13 de mayo del año 609. Cuando el papa Bonifacio IV consagró a María y a todos los mártires el Panteón, templo romano dedicado a todos los dioses. Los santos de la religión triunfante pasaron a ocupar el lugar de los dioses romanos. Se sabe que en el siglo VI la orden de los benedictinos tenían la costumbre de orar por los difuntos al día siguiente del pentecostés, alrededor de Abril. También en España, en una similar celebración se oraba en entre enero y febrero. 

Este tipo de rituales y oraciones por los difuntos se fue difundiendo por todo el imperio católico. Así por ejemplo se sabe que para el 980 en Alemania había una ceremonia consagrada a la oración de los muertos y esta se efectuaba el día 1 de noviembre. fue esa la fecha establecida y aprobada por la iglesia para el ritual de la oración por los difuntos, pero la fecha del 1 de noviembre no fue ecogida al azar, dos siglos antes en gan parte del imperio se celebraba otra fiesta que se quería erradicar.
 La elección del mes de noviembre como mes para conmemorar a ls santos cristianos, tuvo lugar durante el pontificado de Gregorio III (731-741 E.C.), quien consagró en Roma una capilla a todos los santos y mandó que se les honrara el 1 de noviembre. Aunque no se dice por qué lo hizo, tal vez se debió a que en Inglaterra ya se celebraba dicha festividad en esa fecha. The Encyclopedia of Religion dice: “Samhain siguió siendo una fiesta popular de los celtas durante la cristianización de Gran Bretaña. La Iglesia británica trató de desviar el interés que existía en las costumbres paganas incorporando en el calendario una celebración cristiana en la misma fecha que la fiesta de Samhain. Es posible que la conmemoración medieval británica del día de Todos los Santos haya dado lugar a la celebración universal de esta fiesta por parte de toda la Iglesia cristiana”. 

Los benedictinos también adaptaron su costumbre de orar por los muertos tiempo después, así para el año 998 ya se menciona que en el sur de Francia Odilo, quinto abad de Cluny, instauró la oración para los primeros días de noviembre en todos los monasterios de su comunidad.
Era una fiesta para orar por las almas de los fieles que habían fallecido, por lo que fue llamada «Conmemoración de los Fieles Difuntos».Por fin Roma en un intento por unificar toda clase de celebraciones por los muertos, en el siglo XVI estableció dicha fiesta en toda la zona bajo su influencia, como día de fiesta. 

Las costumbres que los monjes de Cluny (Francia) fijaron para el 2 de noviembre como el día de los Difuntos, se fueron copiando delugar en lugar. En esa festividad ellos  elevaban plegarias para ayudar a las almas del purgatorio a alcanzar la gloria celestial. En la Edad Media existía la creencia popular de que las almas del purgatorio podían aparecerse ese día en la forma de fuegos fatuos, brujas, sapos, etc.”.


En México el Día de Muertos es considerado la tradición más representativa de la cultura nacional. La celebración se lleva a cabo en dos días: el 1 de noviembre es dedicado al alma de los niños y el 2 de noviembre a la de los adultos.

La creencia popular es que las almas de los seres queridos que se nos fueron regresan de ultratumba durante el Día de Muertos. Por tal motivo, se les recibe con una ofrenda, donde se coloca su comida y bebida favorita, fruta, ciertos pastelillos y, si en el caso de niños, juguetes. No faltan las fotografías de los difuntos y las coloridas flores de cempasúchil.
A pesar de ser un tema morboso, esta festividad se celebra alegremente, y aunque ocurre en fechas cercanas al Día de Todos Los Santos, y al Día de todas las Almas, en lugar de sentirse temerosos de espíritus malévolos, el humor en el día de los muertos es mucho más relajado, similar al Halloween, con un mayor énfasis en la celebración, pero honrando las vidas de los difuntos.
Los orígenes de la celebración del Día de Muertos en México, puede remontarse hasta la época de los indígenas de Mesoamérica, como los Aztecas, Mayas, Nahuas, Purepechas y Totonacas. Se sabe que estas civilizaciones tuvieron muchos rituales relacionados con los muertos. En la era prehispánica era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento.



Había una tradición azteca que coincidía en el décimo mes del calendario, en ella se celebraba la Ueymicailhuitl o fiesta de los muertos grandes. Esta celebración se llevaba a cabo alrededor del 5 de agosto, cuando decían que caía el xócotl. En esta fiesta se realizaban procesiones que concluían con rondas en torno al árbol. Se acostumbraba realizar sacrificios de personas y se hacían grandes comidas. Después, ponían una figura de bledo en la punta del árbol y danzaban, vestidos con plumas preciosas y cascabeles. Al finalizar la fiesta, los jóvenes subían al árbol para quitar la figura, se derribaba el xócotl y terminaba la celebración. En esta fiesta, la gente acostumbraba colocar altares con ofrendas para recordar a sus muertos, lo que es equivalente al actual altar por los muertos.
 
El festival que se convirtió en el Día de Muertos se solía celebrar en el noveno el mes del calendario solar azteca, cerca del inicio de agosto, y era celebrado durante un mes completo. Las festividades eran presididas por el dios Mictecacihuatl, conocido como la "Dama de la muerte. 
Cuando los conquistadores españoles llegaron a América en el siglo XV, se sintieron aterrados por las practicas paganas de los indígenas, y en un intento de convertir a los nativos americanos al catolicismo movieron el festival hacia fechas en el inicio de noviembre para que coincidiesen con las festividades católicas del Día de todos los Santos y Todas las Almas. Los españoles combinaron las costumbres de Halloween con el festival similar mesoamericano, creando de este modo el Día de Muertos.


Se dice que en lo que a religión se refiere, hubo una creciente influencia en toda Europa de los monjes irlandeses de la época. Los irlandeses solían destinar el primer día del mes a fiestas importantes, y como el 1 de noviembre era también el comienzo del invierno celta, sería una fecha apropiada para una festividad dedicada a todos los santos”. Finalmente, en 835 E.C., el papa Gregorio IV la convirtió en fiesta universal en Europa. Y esa misma fecha se estableció en america, a fin de quelos indígenas siguieran practicando sus cultos ancestrales, pero ahora de la manera que la cristiandad mandaba.
             Al no poder desarraigar las creencias paganas del corazón de sus feligreses, la Iglesia simplemente las ocultó tras una máscara “cristiana”, como pone de relieve The Encyclopedia of Religion al decir: “La festividad cristiana, el día de Todos los Santos, conmemora a los santos conocidos y desconocidos de la religión cristiana, tal como la fiesta de Samhain reconocía y rendía homenaje a las deidades celtas”. Es posible que Samhain no sea, como suele decirse, el nombre del dios celta de la muerte, sino el de la fiesta en sí. Según Jean Markale, especialista francés en los celtas, la figura que se honraba durante la fiesta de Samhain era probablemente Lug, el dios de la luz.
Halloween y otras celebraciones similares están saturadas de paganismo. Y es lo más curioso que la fiesta triunfe sobre todo en países considerados cristianos. Sin embargo, también resulta paradójico que la Biblia condena categóricamente la idea de celebrar una fiesta relacionada con los muertos, los espíritus y la vida después de la muerte. 
 Por ejemplo, el apóstol Pablo escribió: “No quiero que ustedes tengan nada en común con los demonios. No pueden beber de la copa del Señor y, a la vez, de la copa de los demonios” (1 Corintios 10:20-22). También preguntó: “¿Qué tienen en común la justicia y la injusticia? ¿O cómo puede la luz ser compañera de la oscuridad? No puede haber armonía entre Cristo y el diablo, ni entre un creyente y un incrédulo” (2 Corintios 6:14-16, ).  También las escrituras reniegan de todo ritual que tenga quever con la comunicación con los muertos. Si bien es cierto que la inmensa mayoría de los que celebran Halloween dirían que les repelen las prácticas satánicas, esta fiesta siempre ha tenido mucha relación con el ocultismo. Los ritos y tradiciones paganos con tintes espiritistas obviamente no tienen cabida en la adoración cristiana. Y de eso estaban conscientes los misioneros de la cristiandad, pero lo único que hicieron fue cristianizar la fiesta para intentar eliminar ese pagaismo, un vano intento pues las tradciones y costumbres demuestran que la gente sigue las ancestrales costumbres celtas y aztecas, según el orígen de estos.
Tanto Halloween como el día de Todos los Santos y el día de los Difuntos se basan en la creencia de que los muertos sufren o de que de alguna manera pueden perjudicar a los vivos. Sin embargo, curiosamente la Biblia muestra una idea menos sentimental sobre el asunto de la situación de los muertos.  Entre otras cosas dice: “Los vivos tienen conciencia de que morirán; pero en cuanto a los muertos, ellos no tienen conciencia de nada en absoluto” (Eclesiastés 9:5). De ahí que aconseje: “Todo lo que tu mano halle que hacer, hazlo con tu mismo poder, porque no hay trabajo ni formación de proyectos ni conocimiento ni sabiduría en el Seol [la sepultura común de la humanidad], el lugar adonde vas” (Eclesiastés 9:10). Como los muertos están inconscientes y, por lo tanto, no pueden sufrir ni perjudicar a nadie, no hay nada que temer de ellos. Además, las oraciones para ayudarlos tampoco son de utilidad alguna. 

Una de las principales razones para la extensión mundial de este tipo de celebraciones, radica en el interes comercial que suscita. A los promotores comerciales no les preocupa en absoluto que un fiesta pagana, basada en el culto a los muertos se difunda y quede enmascarada en una fiesta para los niños. Un representante del Instituto de Cultura de Barcelona dijo lo siguiente tocante a Halloween: “Es una fiesta que se implanta desde la vertiente comercial”. Tan solo en Estados Unidos, genera unos ingresos de casi seitemil millones de dólares. En Francia, una empresa que fabrica disfraces de Halloween ha visto centuplicarse su negocio en solo tres años.

1 comentario:

  1. Buena la información, si desean ver datos extras del origen de Halloween, pueden ver el blog: http://kristosluz.blogspot.com
    Saludos.

    ResponderEliminar